Silvio Rodríguez, Chico César, Rozalén, El Kanka, Iseo, Alan Sutton, El Plan de la Mariposa o Monsieur Periné son algunos de los amigos que acuden a la llamada de Pedro Pastor (Madrid, 1994) para celebrar los diez años con su banda Los locos descalzos. El resultado lleva por título 10 locos años descalzos y es la excusa perfecta para echar la vista atrás, reimaginar algunas de sus canciones más populares y mirar al futuro con un tema inédito —Un lugar mejor— y una extensa gira para proseguir haciendo camino. Un momento propicio para encontrarnos con el músico madrileño.
¿Cómo sienta este festejo?
Son quince años de carrera y diez años de Los locos descalzos, la banda que me ha acompañado durante esta década, y ahora de alguna manera nos hemos separado queriendo cerrar el círculo con este disco. Y la verdad es que estoy bien, en un momento bonito de la vida, con ganas de salir de gira, porque he estado unos meses sin girar y eso siempre me recarga la gasolina. Ahora estoy concentrado cerrando el show, ultimando los ensayos con los músicos, queriendo que llegue el 14 de marzo para empezar a rodar, porque vamos a estar todo el año dando vueltas.
La gira empieza el 14 de marzo, de nuevo en Rivas Vaciamadrid, en el Auditorio Pilar Bardem. ¿Es una tradición ya?
Es puro barrionalismo, estamos ejerciendo nuestro derecho a culturizar la periferia (risas). Porque tocamos en casa con nuestra gente y a la vez le decimos a la gente de Madrid: 'Si nos queréis ver, venid a Rivas'. Obviamente vamos a presentar el disco en Madrid, pero por lo pronto no tenemos fecha, y lo único que aparece en la Comunidad en el cartel de la gira es Rivas. También se trata de eso, porque en la periferia vivimos cientos de miles de personas, estamos acostumbradísimos a tener que ir a Madrid a trabajar, a conciertos, a comer con amigos... pero también podéis venir vosotros a vernos a nuestros barrios. También tiene algo de ritual, porque llevamos ya muchas giras empezando por ahí, así que se genera una especie de fetiche nuestro propio.
¿Qué puede esperar el público de esta nueva gira? ¿Serán estas canciones las protagonistas?
Es una segunda oportunidad para estas canciones, por si el primer arreglo no te gustaba, pues que te guste este. Esto me lo digo a mí mismo [risas]. Había muchas canciones que no estaba yo, con el paso de los años, tan a gusto con los arreglos que elegimos en su momento, con la poca experiencia que teníamos de hacer discos en aquellos años, y esta es una segunda oportunidad. Recuperamos otras canciones de otros discos que no aparecen en este y que llevaba años sin tocar, y me doy el gusto de recuperar algunas por el momento contexto histórico que estamos viviendo. También hay alguna canción nueva que estamos ya presentando. Va a ser una gira de celebraciones, más si cabe, porque es un cumpleaños.
El plantel de colaboraciones es tan variado como importante.
Es la gente que me gusta. Los amigos de la música y mis admirados. Conviven esos dos mundos. Silvio Rodríguez o Chico César, que son referentes puros para mí musicalmente. Gente del otro lado del charco como El plan de la mariposa o Alan Sutton, que son menos conocidos aquí pero son proyectos de muy alto nivel en Argentina. También Rozalén, El Kanka, Mr Kilombo, Suso Sudón... mis amigos de esta andadura, de este oficio, los compañeros de gremio que nos hemos sostenido mutuamente mucho entre nosotros a lo largo de los años.
Y, por supuesto, Silvio Rodríguez.
Ese era mi sueño. Mi sueño era escuchar mi voz junto a la de Silvio y escuchar a Silvio cantar unos versos que un día escribí yo. Así, al fin y al cabo, se cierra el círculo, porque él para mí ha sido una fuente de inspiración infinita. Silvio tiene una obra muy extensa y muy buena, muy rica en muchos sentidos, con canciones que me han acompañado en mi vida personal, que han estado conmigo. Por eso, no deja de emocionarme que haya escuchado la canción, le haya gustado y haya dedicado un día de su vida para ir a un estudio y cantar esos versos. Es que hablo de ello y me emociono, porque mi gratitud hacia ese gesto de pura generosidad que ha tenido conmigo no va a terminar y me voy a acordar siempre. La verdad es que aún no me lo puedo creer, porque para mí no hay otro.
Ha mencionado a artistas de Argentina. También están Chico César, de Brasil, o Monsieur Periné, de Colombia. ¿Es ahora más recíproca la relación musical entre España y América?
Quizá más en los últimos años, sí. De tres o cuatro años a esta parte, sobre todo, supongo que con el boom de todo lo urbano de Argentina. Al final, los argentinos han conseguido dar un paso al frente en el mundo del mainstream y de lo urbano, que es lo que más se consume ahora. Y supongo que se nos está quitando un poco esa superioridad moral, culturalmente hablando, con la que mirábamos hacia Latinoamérica y que ha hecho que nosotros tengamos muchas carencias musicales. Porque, al final, la industria musical española es pobre. Por supuesto que hemos exportado música de muchísima calidad, pero también llevamos muchos años en los que lo que más producimos es música manida, con poca diversidad. Hablo del mainstream, en el underground por supuesto hay de todo y proyectos de muchísima calidad. Creo que el ensimismamiento que vivimos aún con el indie en España nos hace ser muy cerrados y pobres musicalmente, también porque no hemos sido capaces de mirar con altura de miras a Latinoamérica.
El mundo en el que vivimos es un auténtico delirio
Esa variedad se nota en su música y concretamente en este disco con salsa, ritmos brasileños...
Y yo entiendo que ese eclecticismo que tienen mis discos a lo mejor no es tan comercial como un proyecto que se ajusta a un estilo único. Pero a mí me gusta divertirme en la vida, hago ochenta bolos al año y tengo que cantar la misma canción ochenta veces, con lo que si dentro de dos años hago otro disco igual que el anterior, estoy en el día de la marmota. Y no quiero vivir en el día de la marmota, porque creo que lo más interesante de este oficio es la diversidad. Por supuesto que el escenario se parece mucho porque defiendo el mismo repertorio, aunque el público cambia, pero luego hay un montón de cosas alrededor que hacen que los días sean diferentes entre sí. No quiero aburrirme y no quiero aburrirme de ser músico. Me encantaría seguir otros quince años más y seguir divirtiéndome, y eso pasa por ser abierto musicalmente y ser capaz de beber de otras fuentes, de tener la inquietud viva.
'Libertad' es una palabra desgastada de tanto mal uso
Ahora que ha vuelto a estas once canciones, ¿cómo diría que han envejecido tanto musical como líricamente?
Creo que estas canciones han envejecido bien, aunque por supuesto hay palabras o construcciones gramaticales que hoy plantearía de manera totalmente distinta. Pero no me he querido meter con ninguna letra de este disco porque también hay que ser agradecido con las canciones, aunque algunas las hiciera con 16 años y ahora no me represente tanto el contenido, porque ellas son las que me han traído hasta aquí. Hay que quererlas así, porque por esas canciones llevo todos estos años viviendo de la música. En cualquier caso, creo que han encajado bien los años.
La primera del disco es Viva la libertad, y no sé si ha cambiado mucho de un tiempo a esta parte el significado de semejante palabra, hasta el punto de no saber muy bien lo que significa.
Pero no le tenemos que comprar a la derecha ese discurso, ese marco. No podemos permitir que haya ciertas palabras por las que la gente incluso ha dado la vida, como 'libertad', que de repente pasen a tener un significado opuesto. Yo entiendo que 'libertad' es una palabra manida, mal utilizada, desgastada de tanto uso, sobre todo de tanto mal uso. Cada cual pondrá los marcos, cada cual entenderá por libertad lo que entienda, pero la libertad sigue siendo lo que es, esto es, la capacidad de tomar nuestras propias decisiones, sobre todo si hay una igualdad de por medio.
La izquierda se está movilizando, vamos a ver qué pasa, si se consigue unión en un frente popular que pueda generar cierta ilusión de nuevo y que la gente vaya a votar
Entre esas canciones está, por supuesto, Los olvidados, en esta ocasión con Rozalén, una pareja muy propicia para cantar a esos huesos que pueblan todavía nuestras cunetas desde la Guerra Civil. Con el auge de la ultraderecha, no sé si esta canción es ahora incluso más necesaria que hace unos poquitos años.
Es posible que tenga todavía más significado, sí. Porque creo que esto acaba de empezar y, sinceramente, creo que no estamos preparados para lo que se nos viene encima políticamente hablando. Verdaderamente, no estamos preparados para que Vox se haga con ministerios en nuestro país. Hemos vivido que haya comunidades autónomas donde han conseguido poder político y han tomado sus medidas, pero de verdad que no estamos preparados para que Vox forme parte de un Gobierno en España. Esto no lo hemos vivido y no sabemos la gravedad que tiene, aunque casi con toda certeza lo vamos a vivir. La izquierda se está movilizando, vamos a ver qué pasa, si se consigue unión en un frente popular que pueda generar cierta ilusión de nuevo y que la gente vaya a votar.
Esa movilización es esencial.
Es que la realidad no es que en España haya más fachas que gente buena, eso no es la verdad. La verdad es que la peña no va a votar y, por eso, seguramente va a pasar que Vox va a formar Gobierno con el PP. Y no estamos preparados para que la extrema derecha tome el poder real de este país. No estamos preparados para que la extrema derecha controle el CNI.
Y esta es una deriva internacional, a la que España hasta ahora se ha resistido.
Es una cuestión global. El nuevo paradigma, los nuevos sistemas de valores a los que nos estamos enfrentando como sociedad nos llevan a que la gente crea que la solución a nuestros problemas pasa por ahí y tome esta serie de decisiones políticas. Si tenemos que vivir eso para darnos cuenta, pues eso tenemos que vivir, pero no estamos preparados para eso que se nos viene encima políticamente hablando.
El logro del capitalismo tecnológico es que nos hayamos insensibilizado, que estemos dos años encendiendo el móvil, entrando en las redes sociales y viendo cómo masacran a niños palestinos
Lo peor es que estamos viendo en directo lo que la ultraderecha hace y, aún así, estamos como inmovilizados.
Ese es el logro del capitalismo tecnológico. El logro es que nos hayamos insensibilizado hasta tal punto que podamos convivir con realidades ajenas como algo que no pueda permearnos. Su logro es que estemos dos años encendiendo el móvil, entrando en las redes sociales y viendo cómo masacran a niños palestinos... Porque, por muy concienciado que estés, te insensibilizas porque tú tienes que seguir viviendo. Es un mecanismo automático que tenemos los seres humanos de llegar al punto de insensibilizarnos porque nos están bombardeando con un montón de información, con imágenes explícitas de la violencia, de la masacre, del asesinato, del puro delirio.
Y ahí entran las redes sociales, controladas por esos millonarios...
Todo ello, efectivamente, con una propaganda a través de las redes sociales en la que se defienden ciertos discursos que estaban extintos en España. Todo eso es un caldo de cultivo perfecto para que pensemos que eso solo le pasa a los demás, y que además perdamos el totalmente el foco y que creamos que la culpa de nuestros males es de los migrantes y de las personas trans. El mundo en el que vivimos es un auténtico delirio, y es normal que en esta época que nos ha tocado la gente se haya despolitizado de una manera soberana y se haya distanciado del argumentario que nos permitía seguir resistiendo y enfrentándonos a las desgracias del mundo. Ahora está cada uno mirando su ombligo, la individualización es extrema, mientras se construye un imaginario muy peligroso en el que nos desviamos del foco del problema por completo y pensamos que el enemigo es cualquier persona excepto el enemigo. Es el escenario perfecto para que el poder lo pueda tomar otra vez la gente que no debería jamás tomar el poder porque generan la muerte, el caos y la violencia a su alrededor.
Ha mencionado a los migrantes, que ya vemos cómo los tratan en Estados Unidos, pero también hemos visto a Bad Bunny en la Super Bowl lanzando un mensaje de tolerancia con ese mensaje de que "solo el amor es más fuerte que el odio". ¿Ese es el camino? ¿Eso es lo que pueden aportar los artistas, cada cual a su escala, a través de la creación?
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Hay muchas diferencias entre Bad Bunny y yo, la primera, por supuesto, la trascendencia, pues a su lado soy una hormiga. Pero la gran diferencia entre Bad Bunny y yo es que yo hablo de Palestina y él no. Así que por mucho que haya tenido un discurso creo que positivo para las personas latinas migrantes en Estados Unidos, que son muchísimas y sostienen ese país, la diferencia es que el lobby sigue siendo el lobby y Bad Bunny es esclavo de ese lobby. Él no se ha pronunciado sobre Palestina en estos dos años y medio y no lo va a hacer, y esa creo que es la gran diferencia entre alguien como Bad Bunny o un soldado raso como yo.
También nos decía hace unos días David Uclés que cree "en el poder del arte para generar esa esperanza tan necesaria en tiempos oscuros". ¿Hay esperanza para este mundo delirante?
Aunque no sea realista, muchas veces es sano sostener la esperanza desde nuestros discursos y desde nuestras trincheras culturales. En mi música sí que creo que yo lo hago, en mi discurso personal creo que soy más pesimista. No llevo ese pesimismo a mi obra. Pero este mundo no lo vamos a salvar y mucho menos lo vamos a salvar a golpe de canciones. Pero bueno, que la música, que el arte, que la literatura en el caso de David Uclés, sea un bálsamo, un refugio, una trinchera, un lugar confortable. Que entre tanta basura y tanto odio pueda también haber remanso, que pueda haber música que amanse eso para poder sentirse un rato a gusto, ocioso y seguro. Yo celebro el éxito de personas como David Uclés, como Lucía Solla Sobral, a quien también conocí el otro día. Qué bien que siga habiendo proyectos culturales exitosos en este país de personas que tienen un discurso contestatario, porque el otro bando tiene un ejército muy grande. Es buenísimo que haya gente que siga poniendo el cuerpo, que siga defendiendo un ideario y una manera de vivir un poquito más justa, más lógica y amable.
Silvio Rodríguez, Chico César, Rozalén, El Kanka, Iseo, Alan Sutton, El Plan de la Mariposa o Monsieur Periné son algunos de los amigos que acuden a la llamada de Pedro Pastor (Madrid, 1994) para celebrar los diez años con su banda Los locos descalzos. El resultado lleva por título 10 locos años descalzos y es la excusa perfecta para echar la vista atrás, reimaginar algunas de sus canciones más populares y mirar al futuro con un tema inédito —Un lugar mejor— y una extensa gira para proseguir haciendo camino. Un momento propicio para encontrarnos con el músico madrileño.