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Los Premios MIN, variados e imprevisibles, distinguen a Cala Vento, Baiuca & Alba Reche o Valeria Castro

Valeria Castro en los Premios MIN 2024

Los Premios MIN de la Música Independiente siguen siendo, y ya van 16 ediciones, los más imprevisibles de la industria musical española. Basta un rápido vistazo al palmarés para constatarlo: Cala Vento (Álbum del año y Mejor Álbum de rock por Casa Linda), Baiuca & Alba Reche (Canción del año, Mejor grabación de electrónica y Mejor producción musical -de Alejandro Guillán- por Diamante) y Valeria Castro (Mejor artista emergente y Mejor álbum de música de raíz por Con cariño y con cuidado). La victoria de Zahara como Mejor artista por encima de Robe podría considerarse de alguna variopinta manera lo más conservador de la velada, si no fuera porque a este galardón, aparte de ambas estrellas consolidadas, también aspiraban Travis Birds, Niña Polaca o Karmento, un trío en evidente ascenso.

En dirección contraria a las leyes del mercado y las modas más comerciales dictadas por las discográficas multinacionales, alcanzan los premios de la Unión Fonográfica Independiente (UFI) su decimosexta edición, con una gala en esta ocasión celebrada en la noche de este miércoles en el Espacio Multiusos de Zaragoza. Una longevidad que convierte a estos galardones en los más veteranos de un país donde los reconocimientos musicales no arraigan entre el público y, cosa más rara, tampoco entre la industria (si bien en dos semanas se entregan los de la recién creada Academia de la Música de España, promovida por Luis Cobos, que ya veremos cuanto aguantan).

Y en este ecosistema de desdén generalizado hacia los galardones se mantienen los Premios MIN, con una fórmula que empieza con la inscripción de los propios artistas en las distintas categorías y luego combina el voto popular inicial con el del jurado profesional y especializado que se encarga de centrar (un poquito) las cosas. Eso hace que sea especialmente complicado adivinar a los triunfadores finales, como se ha vuelto a comprobar este año en el que partían como principales favoritas en número de nominaciones Tanxugueiras, Fillas de Cassandra o Ginebras. Pues bien, las últimas se han vuelto a casa con el premio a Mejor letra original por Billie Max, que está fenomenal, pero nada más. De vacío las demás.

Hay quien ve un problema en esto, por aleatorio, pero no dejan de tener su gracia, por una vez, unos premios fuera de control que no siguen un patrón. Ser independiente, nuclearmente, es lo que tiene. Y por eso el Mejor videoclip es para La La Love You & Samurai por El principio de algo, luego el Mejor directo para Morgan and The Golden Family y después el Mejor álbum de pop para Xoel López por Caldo Espirito (quien aseguró al recoger su premio que nunca vio una escena tan "saludable" como la actual). Y por eso, con la diversidad como empeño intrínseco, hay una categoría de jazz (que es para Perico Sambeat por Roneando) y otra de flamenco (que se la lleva el remolino andante que es Tomasito por su disco Agustisimísimo).

Cosecha inclasificable la que ha salido de una celebración conducida con fulgor y frenesí por LalaChus, quien ha asegurado con humor que el denominador común de todos los trabajos nominados es que han sido grabados por La Oreja de Van Gogh (también ha propuesto celebrar el Mad Cool en Zaragoza por estar a solo una hora en AVE del centro de Madrid, pero esa es otra historia que, efectivamente, ha provocado no poco cachondeo entre el público). Tono ceremonioso pero distendido, en definitiva, como también reivindicativo a ratitos por la igualdad y el feminismo y contra el racismo.

Otro empeño diferencial de los Premios MIN es mantener las categorías específicas para producciones en lenguas cooficiales. Es la manera de dar visibilidad a trabajos como el de Renaldo & Clara (Mejor Álbum en catalán por La boca aigua), Grande Amore (Mejor Álbum en gallego por II) e Izaro (Mejor álbum en euskera por Cerodenero). Precisamente esta última lanzó un alegato bien aplaudido: "Es nuestro derecho hablar en nuestro idioma nativo. Últimamente estoy escuchando cosas muy peligrosas. Estamos trabajando duro para que se normalice nuestro idioma en nuestra tierra y si hay mucha gente que no quiere estar a favor de que eso suceda, por favor, no estéis en contra".

Sin solución de continuidad se distingue a Egeria como Mejor álbum de música clásica (Imperatrix) y acto seguido a Putochinomaricón en música urbana (Pasadas de moda). El caleidoscopio multicolor y poliédrico que sale de enumerar uno detrás de otro todos estos nombres no te lo predice la inteligencia artificial y esa es, en esencia, su más valiosa diferencia.

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Pregunta LalaChus qué les pasa a los músicos con la obsesión de tocar en el WiZink Center, que si acaso se creen todos Dani Martín. Un poco sí, pero la broma acaba con un alegato para que acudamos a las salas a apoyar a la infinidad de artistas que batallan noche tras noche por hacerse escuchar. Todos los premios se crean para promocionar algo, no vamos a descubrir eso en 2024, pero en este caso no es un producto concreto, sino una forma de hacer y vivir las cosas que puede que sea de las mejores herencias culturales del siglo XX.

Hubo más premios, aunque tampoco muchos más. El Mejor diseño gráfico ha sido para Paula de Álvaro por 08880, de okdw. El Mejor artista internacional ha sido Sufjan Stevens y, en último lugar, el Premio MIN de Honor Mario Pacheco distinguió la extensa trayectoria profesional de Alejandra Fierro, fundadora de la emisora Gladys Palmera hace ya 25 años. "Ser independiente hoy no es hoy sino un acto de heroísmo", recalcó la galardonada en un mensaje grabado.

Acababan así dos horas de una entrega de premios que contó, claro, con música en vivo. De eso se encargaron Sexy Zebras, Fillas do Cassandra, Valeria Castro, Xoel López, Lia Kali, Alba Reche (sin Baiuca por enfermedad), Tacho y Los Manolos y, como nota de color, La La Love You cambiando la letra de su éxito El fin del mundo para convertirla en A tomar por culo, todo un manifiesto contra la gente molesta que habla sin parar en los festivales y conciertos y que no respeta no ya al artista, sino al escenario en sí mismo. Quizás sea el signo de los tiempos, pero incluso para luchar contra esa maldita gente hay que ser independiente.

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