Cultura

En el nombre del fútbol

En el nombre del fútbol
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"La iglesia Maradoniana reúne a los cientos de miles de fanáticos de Maradona que hay en todas partes del mundo. Nuestra religión es el fútbol y como toda religión ha de tener un Dios".

Dicen que es una parodia, pero vaya usted a saber. Desde luego, Maradona no es (era) una persona cualquiera, y podemos admitir con Andrés Calamaro, que tiene (tenía) "el don celestial", pero de ahí a elevarlo a la categoría de sumo hacedor hay un trecho… ¡Oiga!, me corta en seco Mario Benedetti: "Aquel gol que le hizo Maradona a los ingleses con la ayuda de la mano divina es, por ahora, la única prueba fiable de la existencia de Dios".

Amén.

Me rindo, sí, porque si repasamos los muchos escritos que sobre fútbol han escrito los muchos escritores, las referencias al balompié como culto son infinitas. En un tiempo en el que tantos dan a Dios por muerto, surgen "esos dioses menores necesarios para suplir la muerte, la huida o el silencio de los dioses verdaderos". El entrecomillado es de Manuel Vázquez Montalbán, autor (entre otras reflexiones al respecto) de Fútbol: Una religión en busca de un Dios. Él consideraba este deporte como una religión benévola, una filosofía de vida, muy en la línea de la tantas veces repetida afirmación de Camus: "Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol".

¿Qué ha ocurrido en el fútbol, en los equipos, en las aficiones, para que este noble deporte se haya convertido en un espectáculo trascendente?, se preguntaba Montalbán. ¿Son las grandes estrellas del balón reencarnaciones de los antiguos dioses olímpicos? ¿Es el fútbol la nueva religión del siglo XXI?

Se ve que los literatos futboleros son muy de hacerse preguntas. "¿En qué se parece el fútbol a Dios?", inquirió Eduardo Galeano. Y no esperó contestación ajena: "En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales". Incluso alguien al que imaginamos tan descreído como Pier Paolo Pasolini llega a afirmar que "el fútbol es la última representación sagrada de nuestra época". El último gran rito que nos queda.

Primera parte

Dicen los científicos que vivimos en el Antropoceno, época geológica propuesta para suceder o reemplazar al Holoceno; sugerimos aquí la etiqueta alternativa de Fútbolceno, que además nos viene al pelo en días de Eurocopa y otras competiciones interminables.

El antropólogo (también teólogo) Manuel Mandianes, autor de El fútbol (no) es así, marca una diferencia entre el deporte rey y la religión: salva el sentido de lo incondicional sin recurrir a Dios ni al absoluto. "Al poder unificador y universalizador del fútbol tal vez se le pueda llamar trascendencia desde dentro, en clara delimitación con la trascendencia desde fuera de la religión. Antaño, el hombre tomaba de la religión las imágenes que le ponían bajo la tutela divina, ahora las toma del fútbol, que le emancipan y devuelven el sentido de muchas cosas". El fútbol sustituye el yo pienso por la relación que, aun no siendo dialogal, es presencial y, por lo tanto, trasciende la distancia entre el tú y el yo.

Por su parte, el filósofo británico Simon Critchley subraya que el fútbol tiene que ver con cuestiones tan complejas, contradictorias y conflictivas como la memoria, la historia, el territorio, la clase social, el género, la identidad familiar, la identidad tribal, la identidad nacional, la naturaleza grupal, la que se establece entre nuestro grupo y otros grupos… Y no, el autor de En qué pensamos cuando pensamos en fútbol no olvida la vertiente religiosa: seguir a un equipo es "un compromiso religioso".

Calienta en la banda Juan Villoro para proclamar la buena nueva de la esfericidad: Dios es redondo. Futbolero impenitente, practicante ocasional, el autor mexicano ha defendido que el fútbol es una manera de compartir una pasión; eso lo ve cualquiera. Pero el observador de la sociedad que también es considera muy interesante entender una época a partir de cómo la gente se divierte, y nada explica mejor la industria del entretenimiento en nuestros tiempos como el fútbol, que es el deporte mejor organizado, repartido y explotado en el planeta. "Es una forma de conocer lo que somos", concluye. De ahí que no acabe de comprender por qué durante tanto tiempo escribir literatura sobre fútbol se ha considerado una actividad para el populacho, indigna de la reflexión intelectual.

Ya no. "Hoy son numerosos los escritores que se interesan (nos interesamos, debería decir) por las dos cosas, al punto de que la intersección de ambos intereses es ya, de algún modo, un género o subgénero de la literatura, en particular de la hispanohablante", sostiene Patricio Pron, que lanza esta hipótesis para explicar la razón de la escasa ficcionalización del fútbol en la literatura: el escaso interés narrativo de este deporte. "Lo interesante narrativamente es aquello que rodea al fútbol y escapa a su racionalidad deportiva, a su reglamento, a las jugadas y a las tácticas empleadas durante un partido".

Y lo obvio es que los recelos han quedado atrás… Hace un lustro, Luis Alejandro Díaz Zuluaga escribió una tesis sobre Literatura y fútbol: otros horizontes de la literatura en España e Hispanoamérica donde demuestra que la relación entre literatura y fútbol acumula trienios.

Díaz Zuluaga estudia cómo la literatura sobre el balompié saca al deporte del césped y lo pone a circular junto con otros artefactos culturales dentro del mundo, de modo que el hombre siempre tenga al alcance de su mano sus orígenes, su pasado, su presente y su futuro, pero, sobre todo, a sí mismo. La literatura sobre fútbol, defiende, es el resultado de un interés común que pretende descifrar las claves simbólicas del porqué adoptamos como una forma de vida un deporte que siendo ten sencillo y elemental, condiciona la gran mayoría de motores sociales y culturales alrededor del mundo entero.

Segunda parte

Defendía Villoro que el futbol permite entender una época a partir de cómo la gente se divierte. Ni que decir tiene que su utilización tiene también una lectura política.

Abundan los estudios, no se trata de citarlos todos. Pero bueno será recodar Fútbol, dinámica de lo impensado, un libro de 1967 escrito por Dante Panzeri y recientemente recuperado. "Este libro no sirve para nada", afirma de entrada; y esa frase es el campo de juego para una concienzuda crítica a la industria futbolística.

O El fútbol durante la Guerra Civil y el Franquismo, de Carlos Fernández Santander (Editorial San Martín (1990).

O Futbol contra el enemigo, de Simon Kuper (2012), un viaje por 22 países para investigar la influencia del fútbol sobre política, cultura y sociedad.

O Atlas de una pasión esférica, de Toni Padilla (2017), una treintena de historias (por ejemplo, la lucha de la primera persona transgénero que llegó a ser futbolista internacional o la escuela de fútbol que salvó la infancia de cientos de niños bosnios durante la guerra).

O Fútbol y poder en la URSS de Stalin, de Mario Alessandro Curletto, uno de los mayores conocedores de la historia del fútbol soviético, sobre el que ha escrito varios textos.

O Una historia popular del fútbol, donde Mickaël Correia establece relaciones entre el fútbol y los movimientos sociales, los conflictos bélicos y políticos, los beneficios económicos o el papel de la mujer…

Hay muchos más, desde luego. Y todos ellos se sirven de un deporte tantas veces utilizado (versión moderna del panem et circenses) para analizar la realidad en todas sus vertientes y crear una suerte de memoria colectiva. "La memoria emocional de la gente, y la memoria política de los países, puede tomar como referencia ciertos partidos", declaró Andrés Neuman con ocasión de su paso por la Feria Internacional del Libro de Bogotá antes del mundial de Rusia. Y puso un ejemplo: "En el caso de mi país natal hay una diferencia evidente entre el Mundial de la dictadura del 78, ganado mediante la posible compra de un partido muy discutible contra Perú para clasificarse, que se ganó mientras se torturaba a miles de personas, versus el Mundial del 86, ganado en democracia, cuando el presidente ni siquiera quiso salir al balcón a saludar con los jugadores para no utilizar políticamente ese triunfo".

La prórroga

Los recopilatorios de frases célebres acogen gozosos infinidad de afirmaciones, sensatas unas, vistosas otras, que autores de renombre han hecho a propósito del fútbol.

En esos lapidarios está esculpida la opinión de Jorge Luis Borges: "El fútbol es popular porque la estupidez es popular". Y también la de Umberto Eco: "Yo no odio el fútbol, odio a los aficionados al fútbol. No amo al hincha porque tiene una extraña característica: no entiende por qué tú no lo eres, e insiste en hablar contigo como si tú lo fueras".

Es decir: el infierno no es el deporte, sino sus seguidores. Frase que contiene ecos de Sartre ("el infierno son los otros"), quien al respecto de lo que nos ocupa dejó sentenciado que "el fútbol es una metáfora de la vida". Lo cual no anda muy lejos de lo que sir Walter Scott aseguró mucho antes: "La vida en sí misma no es más que un partido de fútbol".

A ambos gustaría saber que la Iglesia Maradoniana está respaldada por Casino Online Argentina, el sitio web de revisión de casinos en línea de Argentina.

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