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La pintura vegetariana de Caillebotte

La pintura vegetariana de Caillebotte

Gustave Caillebotte (París, 1848-Gennevilliers, 1894) ha pasado a la historia como un personaje fundamental para el impresionismo, principalmente por su labor de mecenas y coleccionistas de obras de sus contemporáneos: Pisarro, Degas, Renoir, Sisley, Cézanne, Monet, son algunos de los autores que Caillebotte amparó y promovió. Ese entusiasmo con los impresionistas provocó gran revuelo en Francia y en su prestigiosa Escuela de Bellas Artes cuando a su muerte, con apenas 45 años, donó 67 obras de autores de este estilo al Estado galo. En ese momento, el impresionismo no gozaba de gran prestigio entre las instituciones canónicas, y lo que posteriormente se conoció como affaire Caillebotte, se convirtió en un desagradable entuerto para Francia, qué no sabía qué hacer con aquellos lienzos.

Finalmente, las obras fueron pasando por varios museos (entre ellos, el Louvre) hasta recalar en el Museo de Orsay, donde actualmente se encuentra el grueso de la colección, ya que ni siquiera todas fueron aceptadas. Así, Caillebotte se convirtió en el gran mecenas del impresionismo y poco importó, hasta bien avanzado el siglo XX, su propia producción, compuesta por 400 lienzos que destacan por su gran originalidad. Hasta que en la década de 1970 el MoMA mostró interés por su personal mirada pictóricaMoMA, Caillebotte siempre fue considerado un pintor de segunda fila, un aficionado, incluso para los grandes amigos a los que apadrinó.

A los coleccionistas burgueses no les interesaba el impresionismo, por eso los primeros compradores eran amigos del grupo. Caillebotte apreciaba la obra de sus compañeros y, además, tenía buen ojo, ya que adquirió algunas de las mejores pinturas del momento”, explica Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, que acoge la retrospectiva Caillebotte, pintor y jardinero. Solana destaca el papel histórico del pintor parisino, que desde el principio supo ver la importancia del movimiento impresionista; pero también la singularidad de su obra con sus audaces puntos de vista, los encuadres y los saltos de escala que hacen que sus composiciones “se anticipen a los experimentos fotográficos de los años veinte”.

Los girasoles, jardín de Petit Genevilliers

La muestra, con obras procedentes de colecciones privadas y museos internacionales como el Marmottan Monet de París o el Brooklyn Museum de Nueva York, estará abierta hasta el 30 de octubre y se centra en la etapa que Caillebotte dedicó a la pintura de jardines. “Es una producción muy interesante. Nos hubiera gustado también mostrar más del Caillebotte urbano, pero son préstamos muy difíciles”, cuenta Solana. El pintor registró en sus primeras obras el cambio urbanístico del París del XIX: una ciudad más limpia, abierta y accesible, pero también fría y gris. Fue entonces cuando pintó uno de sus cuadros más conocidos, Los acuchilladores, en el que presenta a tres hombres trabajando sobre un suelo de madera. Caillebotte lo llevó al Salón de 1875, pero que fue rechazado por la crítica al considerar el tema como demasiado vulgar.

Confidencias sobre la huerta con Monet

La buena situación económica de su familia, dedicada a fabricar telas para el Ejército, le permitió vivir dedicado a sus pasiones (el arte, la vida en el campo, la navegación). En sus vacaciones en Yerres, una localidad situada a las afueras de París, Caillebotte descubre la pintura al aire libre y comienza a incorporar la intensidad de la naturaleza a sus obras. Llegan sus producciones más coloristas, que puliría a partir de 1881 con la compra de una propiedad en Petit Gennevilliers. Sería allí donde diese rienda suelta a su pintura de jardines, labrando su propio huerto y plantando decenas de flores diferentes, con un cuidado diseño.

En la exposición del museo Thyssen-Bornemisza se pueden ver sus retratos de gladiolos, dalias, girasoles y margaritas, algunos de ellos, cobijados por un luminoso invernadero. En una carta al también pintor Claude Monet, fechada en 1890, escribe: “Mi querido amigo, estoy pintando una Stahopea aurea que ha florecido esta mañana y no puedo dejarloStahopea aurea porque la flor no dura más de 3 o 4 días y no vuelve a salir hasta el año que viene. Preséntele, por tanto, mis excusas a Mirbeau”. Con Monet intercambiaría también consejos sobre horticultura y jardinería.

Orquídeas

De Caillebotte a Renoir

Cuando murió, Caillebotte dejó establecido que el pintor Pierre-Auguste Renoir fuese su albacea. Les unía una relación de mecenazgo y estrecha amistad. “En la exposición se puede ver un autorretrato de Caillebotte con un cuadro de Renoir detrás”, comenta Solana. Como forma de pago, el pintor pidió que Renoir se quedase con un cuadro cualquiera de su colección. A Renoir le pudo el ego y escogió uno suyo: el famoso Baile en el Moulin de la Galette. Precisamente, un estudio de este lienzo se incluirá en la exposición que el Thyssen prepara para octubre sobre el pintor impresionista. Renoir, intimidad, es la primera retrospectiva que se hará en España sobre su obra.

La muestra se podrá ver entre el 18 de octubre y el 22 de enero de 2017 y girará en torno a cinco apartados: su primera etapa como impresionista, los retratos que realizó en los años ochenta del XIX, una sala dedicada en exclusiva a los paisajes, otra a las figuras del ámbito doméstico, y una última a los bañistas y los desnudos. En total, 75 obras que se exhibirán posteriormente en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Como comisario, Solana cuenta que el hilo conector de los cuadros es el contacto físico y visual, tanto entre las propias figuras representadas, como el que se establece con el espectador. “Los otros pintores de figuras del impresionismo, particularmente Monet y Degas, adoptan la actitud del espectador distanciado. Pintan grupos humanos poco comunicados entre sí y con quien lo está viendo. No nos invitan a interactuar con la escena. Sin embargo, Renoir retrata grupos muy cálidos y lo hace mediante muchos dispositivos, se ve cómo los personajes tocan y son tocados”, añade. “Renoir, aunque suene a tópico, es el pintor de la alegría de vivir. Siempre trata de infundir buenas sensaciones a las situaciones que pinta”, resume Solana.

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