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Música

White Lies comienzan a ver la luz

La banda británica White Lies.

Se llaman White lies. Mentiras blancas, o más bien, en español, mentiras piadosas. Pero sus temas, oh contradicción, suenan a sobrecogedora oscuridad. A prolongada, quizás, angustia adolescente y a pensamientos y voluntades de acción del tipo más escabroso que clemente. O sonaban. Después de haber publicado en 2009 To lose my life (Perder la vida) y en 2011 Ritual, los británicos acaban de sacar su tercer disco, Big TV, el hasta la fecha, y según lo describe al teléfono su batería, Jack Brown, “más melódico” de todos ellos.

“Es un álbum similar en lo que se refiere a las referencias”, matiza Brown, junto a quien completan la formación post-punk Harry McVeigh, el cantante y guitarra, y Charles Cave al bajo. “Pero esta vez nos hemos enfocado más en la escritura, además de que la producción es más sencilla”. Las letras, añade, giran esta vez en torno a una temática "algo más conceptual". "Hay una especie de historia corta que aparece en cada canción a través de referencias".

Con un buen puñado de éxitos cosechados –con su primer disco se estrenaron en el número uno de los charts británicos, además de alzarse con el premio de la revista NME a la mejor nueva banda-, White Lies, que aunque han sido comparados con The Editors o Joy Division preferirían parecerse a los Talking Heads, se ha pasado estos meses de veraneo saltando de festival en festival.

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Hace solo unos días actuaban en el Arenal Sound de Burriana, en Castellón, tras “un largo tiempo” sin pisar España. Dice Brown que se lo pasaron “genial”, y que esperan “volver pronto” con el nuevo repertorio. Ahora van a darse el viaje hasta Corea del Sur, y después regresan a su tierra a tocar en el festival de Reading y de Leeds. Lo más en las islas. “Es un súper festival”, asiente Brown. “Nosotros íbamos allí cuando éramos más jóvenes, y ahora fíjate”.

Más jóvenes aún, hace 12 años, o sea, en los tiempos de la lampiña, se conocieron e inmediatamente se pusieron a componer. “Tocábamos en el cuarto, y hacíamos una música muy mala todo el tiempo”, recuerda el batería, que ahora tiene 25 años. “A los 17 nos lo empezamos a tomar más en serio, y formamos una banda, Fear of Flying, pero seguía sin dársenos demasiado bien”.

Ahora que ya se han redefinido y han alcanzado su ser, presume Brown de que tienen el gusto de recrearse en el momento. “Somos lo que queríamos ser”, asegura. “No hay un trabajo mejor, aunque también requiere mucho sacrificio”. No es que se queje, el muchacho. De hecho, asegura “no comprender” a los músicos que lo hacen: “Hay que currar mucho, pero al mismo tiempo te lo pasas genial

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