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Cultura

Youtubers, yo libros

La soledad sonora

El viernes por la tarde, penúltimo día de la Feria del libro, llegué a las casetas siguiendo el rastro de una fila bastante larga que acababa en la jaima, el lugar donde la organización confina a los autores que van a hacer saltar la banca: los sacan de las casetas para que el fenómeno beneficie a todos, no sólo a quien ha logrado que la editorial le conceda el maná de una buena firma.

El protagonista del día era Wismichu, quien en este vídeo nos introduce en la polémica que queremos abordar.

¿Hay que rendirse ante los youtubers? "Cada feria tiene su polémica", asegura Juan Salvador López, de Estudio en Escarlata, que evoca las suscitadas por la presencia de famosos televisivos o cocineros catódicos, e incluso por políticos dispuestos a vivir su minuto de gloria. Pues bien, la de este año ha sido lanzada por quienes creen que la Feria del Libro ha renunciado a su esencia. Así que nos paseamos y preguntamos para preguntar y escuchar.

Frente a la jaima

A pocos metros de la locura, Javier Santillán mira el espectáculo. "A nosotros nos toca hacer nuestro trabajo. A pesar de estas cosas efímeras, siempre hay gente a la que le interesan las cosas buenas". El editor de Gadir se refiere a los lectores en general y a los lectores fieles en particular, esos que "vienen, repiten, nos preguntan, nos piden consejo, o que vienen a ver a Ferres".

Ferres, Antonio Ferres, un autor de edad y prestigioso, un literato que espera a sus lectores y mira sin comprender a la juventud arremolinada. Y una no puede por menos que imaginarlo citando mentalmente al poeta: hay otros mundos, pero están en éste.

Un par de casetas más allá, Jesús Egido (Reino de Cordelia) y Eduardo Riestra (Ediciones del Viento) no ocultan su decepción.

Jesús Egido y Eduardo Riestra en la Feria del Libro. | E.O.

"La feria año tras año pierde su componente literario —lamenta Egido—. Es una feria muy grande en la que todo cabe, este año son los youtubers… la feria da para todo, pero institucionalmente, y organizativamente, está perdiendo mucho peso cultural e intelectual. Podía ser la más importante del mundo en español pero no lo es porque pesa más lo ajeno a la feria, o lo ajeno a la cultura del libro, que el libro". Y su queja no es fruto del desánimo personal: como a casi todos, este año le va bien.

Me digo, y le comento, si es posible que alguno de los que resisten a pie firme esperando turno para tocar a Wismichu pase después por su caseta. "A lo mejor el día que les enseñen a pensar, dentro de 15 o 20 años, no hay que descartar esa esperanza —bromea amargamente—. No creo que sean grandes lectores… pero en fin, que cada uno lea lo que le da la gana".

Evoca entonces la película El verdugo, de Berlanga, la escena en la que José Isbert, con el fin de inocular en su yerno la vocación de ejecutor de la justicia, le lleva a la Feria del Libro en busca del académico Corcuera "para que le explique la importancia de los verdugos: alguien tiene que hacerlo". Porque hubo un tiempo en que ésta era una cita para académicos y literatos. Ya no. "Por ejemplo, este año se cumplen 400 años de Cervantes y la presencia de Cervantes es mínima".

Eduardo Riestra está en la misma caseta, y en idéntica longitud de onda. "Hay muchas casetas tomadas por gentes raras que venden libros que nada tienen que ver con la tradición editorial", me dice. No se le oculta que los famosos siempre tuvieron su presencia, "pero es que ahora los famosos no lo son por algo que hayan hecho, sino porque salen en la tele". Y concluye que "las editoriales tradicionales, las librerías literarias, se están quedando marginadas. La Feria se está perdiendo, se está atontando".

Le pregunto si no será cuestión de edad: es un mundo que no conocen, con protagonistas a los que no conocen, y por eso se quejan. "Bueno, nos quejamos porque nos da la gana", responde con retranca. Y añade: "Yo creo que desde el Estado, desde el sistema, se puede explicar a la gente y se la puede apoyar para hacer un país más culto".

Porque, al fin y al cabo, lo que en la Feria ocurre no es sino el reflejo de un país donde, denuncia Egido, "desde que gobierna el señor Rajoy, las ayudas a la edición han descendido un 83%, el presupuesto que hay para ayudar a comprar libros para las bibliotecas públicas españolas es igual o inferior a lo que escondía el suegro del señor Granados en el altillo del armario".

"No cabe duda —remacha Riestra— de que es más fácil mirar a una mosca que leer un libro. Es más cómodo. Pero es mucho más interesante leer un libro que mirar una mosca… a no ser que seas Antonio Machado, que entonces ves una mosca y le sacas jugo".

Unos pasos más allá...

Encuentro a Irina Salabert, editora de Nocturna, de la que presumo que por su dedicación (entre otros) al libro juvenil puede ver el fenómeno con más simpatía.

"Desde un punto de vista elitista se puede criticar cualquier participación que sea ajena al mundo del libro, también un político y demás, pero luego la realidad es que también da ventas a las editoriales a las librerías, y hay demanda. La gente muchas veces viene para ir a la firma de un youtuber y luego se pasa por otras casetas youtuber y compara otros libros".

Reivindica Salabert una Feria en la que "puede firmar cualquiera", en la que conviven "autores literarios de más calidad con otros más comerciales". Lo que le gusta es, dice, que atraiga a "cualquier tipo de público, porque si lo convertimos en algo muy minoritario al final no vendrá nadie".

No lejos, Carlos Rod, coeditor de La Uña Rota, tampoco suscribe la queja. "Para nada. Me parece bien que vengan youtubers porque esto es una feria. Como toda feria incluye todo. Si un día los pollos empiezan a escribir, vendrán a firmar, y estará muy bien".

Como me pasó con Riestra, me pregunto si es una cuestión generacional… Porque a Rod no le cabe duda de que la presencia de famosos por un tubo no es más que el reconocimiento de una realidad que sería absurdo negar. "Está internet y hay unos señores que son unas estrellas de este firmamento llamado internet y escriben libros porque saben que hay un negocio editorial, y por tanto tienen que estar en la feria".

Ha echado cuentas y sabe que la eclosión del fenómeno no tiene en su negocio repercusión alguna, "ni para bien ni para mal". Al tiempo que dice esto, me invita a mirar hacia su caseta, donde comparte espacio con Pepitas de Calabaza, Fulgencio Pimentel y Delirio. "Dudo que ninguna de esas personas venga aquí a interesarse por los libros. Ojalá lo hicieran, añade aunque no se llama a engaño: eso es espectáculo".

Su misión en la feria está clara: "Venimos a contactar con un público que ya nos conoce y con un público potencial, que esperamos que os conozca y que siga leyendo nuestros libros. Este es un lugar para eso, y aquí cabe todo".

Es el famoso "cliente de la maleta", también conocido como "el cliente del carrito", el "que compra por estación, un público estacional, a lo mejor no va a librerías pero sobe que en la Feria puede pilarse los últimos 5, 6 por 7 que hemos publicado este año, viene a comprar 2 o 3 un día, 2 por 3 otro día, se interesa por el catálogo… un público fiel que viene a vernos a la feria. Y se agradece".

Vamos cerrando

"Es verdad que vienen lectores a comprar, interesados, gente que igual a lo largo del año quiere hacer acopio de lectura y no puede por pasta y dice, bueno, venga, hacen un 10% y me aprovecho. Pero el lector-lector nunca deja de visitar las librerías. Nunca, jamás". 

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Yo, cíborg. Y tú también. Y tú. Y tú

Pillo a María Felices, copropietaria de la librería Cervantes y Compañía, empuñando el bastón con gancho de hierro que le permite bajar la persiana y poner punto y final al día. Está cansada pero contenta. Y luchadora. "Ahora la gente pone el grito en el cielo pero, chico, bienvenido, que la gente joven lea, que se acerque a los libros, sea por el fenómeno que sea lo importante es que la gente se acerque a los libros y los consuma. ¿Qué hay gente que viene de miranda a la Feria? ¡De toda la vida de Dios, como al zoológico!". 

Pero cuando la Feria está a punto de echar el cierre, ella se felicita. "Aquí nos juntamos todos, yo me lo tomo como una fiesta. ¡Siempre ha ocurrido!".

Todo lo cual les cuento en el día en el que cierra esta edición, y no sin preguntarme qué polémica celebraremos en la Feria del año próximo.

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