La invasión de Ucrania por parte de Rusia precipitó una ruptura rápida –y económicamente dramática– de la Unión Europea con su histórico socio energético, recortando la compra de gas y petróleo a Moscú. Estados Unidos, con Joe Biden en la Casa Blanca, se alzó como el sustituto perfecto para suministrar ese combustible a la industria europea, pero la nueva crisis atlántica que ha abierto Donald Trump ha levantado las alarmas entre los expertos energéticos, que advierten que los 27 países van camino de quedar sometidos a una nación que para muchos comienza a ser un enemigo.
A finales de 2019, Estados Unidos suministraba el 18,8% del gas natural licuado (GNL) que compraba el Espacio Económico Europeo (EEE, que incluye la Unión Europea más Islandia, Noruega y Liechtenstein). Ese porcentaje se ha disparado desde entonces año tras año, y a cierre de 2025 representa el 61,4% de todas las importaciones, según un estudio publicado este miércoles conjuntamente por el Instituto Clingendael (Países Bajos), el Ecologic Institute (Alemania) y el Instituto Noruego de Asuntos Internacionales.
Si se amplía la fotografía al total de gas natural importado por la Unión Europea (sumando el GNL y el que entra por tubería), en 2025 Estados Unidos representó el 39% del total, mientras que en 2019 apenas suponía el 4%.
Los investigadores advierten de que esta sobreexposición llega precisamente cuando Trump amenaza con invadir Groenlandia, una operación que dinamitaría la OTAN. Como ha demostrado la ruptura con el gas ruso, una vez que una potencia extranjera tiene capacidad para el envío de gas o subir drásticamente su precio, tiene en sus manos el poder de destruir su industria y de encarecer drásticamente las facturas energéticas de los hogares.
En esta visión ahonda Raffaele Piria, investigador principal del Ecologic Institute e impulsor de la investigación. "Todo el mundo ve que la administración Trump está chantajeando descaradamente a Europa con Groenlandia. No hay razón para suponer que no querrían explotar la vulnerabilidad de Europa a las importaciones energéticas", explica.
Según recuerda Piria, con el expresindete Joe Biden en el poder, los gobiernos europeos asumían que sustituir a Rusia por EEUU como proveedor de energía era una operación segura porque las gasistas norteamericanas son compañías privadas que buscan el mayor beneficio, no la participación política. Pero en este momento no es descartable que Trump las utilice como arma diplomática.
"Después de ver cuántas universidades, medios de comunicación, bancos y otras instituciones estadounidenses cedieron a la presión de la Casa Blanca, ¿a quién le sorprendería que los exportadores o proveedores de gas estadounidenses hicieran lo mismo?", añade el analista.
El estudio calcula la importación de gas en el conjunto del Espacio Económico Europeo –en lugar de exclusivamente en la UE– para evitar la distorsión estadística que producen las compras de gas licuado de Noruega por los Veintisiete. El país noreuropeo es el mayor vendedor de gas a la UE, pero al tratarse de un socio histórico del bloque y un miembro fundador de la OTAN que exporta al bloque casi todo su combustible por tubería, considerar el gas de Noruega una importación daría la impresión de que Estados Unidos es menos relevante de lo que realmente es: la principal nación con capacidad para poner en riesgo el suministro energético de los 27 países.
España dispara las compras de gas y petróleo a EEUU
La situación es similar en España, un país que depende en gran medida del suministro de gas del gas licuado que llega desde el mar por sus limitadas conexiones por tubería. El peso de Rusia en el suministro de GNL ha caído drásticamente en los últimos dos años, mientras que Estados Unidos ha tomado su lugar.
Como muestra el gráfico, la gran subida ha llegado en 2025, cuando se dispararon un 88% las llegadas de gas licuado desde Estados Unidos frente a 2024 (y a falta de sumar la cifra de diciembre de 2025), con un total de 107 teravatios hora de gas.
Los datos de la Corporación De Reservas Estratégicas De Productos Petrolíferos (Cores) permiten ver que Estados Unidos también ha catapultado las ventas de petróleo a España desde que estalló la guerra en Ucrania, y a cierre de 2025 es el mayor exportador de crudo del mundo, otra materia imprescindible con la que podría ejercer un chantaje político.
Europa, camino de depender en un 80% de EEUU
El análisis europeo publicado este miércoles coincide en el tiempo con otro estudio publicado el lunes por el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA), una organización con base en Estados Unidos, que advierte que Europa no solo importa alrededor del 60% de su gas licuado de Estados Unidos, sino que las energéticas han cerrado acuerdos para comprar todavía más combustible en los próximos años. Si todos esos acuerdos se materializan, en 2030 la UE comprará el 80% de su GNL a EEUU.
"Nuestra seguridad energética está en riesgo en Europa", opina Anna María Jaller-Makarewicz, analista de IEEFA y autora del informe. "Estamos cambiando la dependencia de un país a otro [Rusia por Estados Unidos] y no podemos seguir dependiendo de terceros", añade la experta.
Jaller-Makarewicz reclama a Bruselas que continúe impulsando las leyes de eficiencia energética y de electrificación de la economía para sustituir el consumo de gas natural por electricidad de origen renovable, una forma de reducir la importación de combustibles. "Desde que comenzó la guerra de Ucrania hemos reducido un 20% la demanda de gas, pero nos hemos dormido en los laureles y hemos dejado de apostar por la eficiencia", opina en una llamada con infoLibre.
La española Naturgy protagonizará uno de estos pactos para adquirir más GNL a Estados Unidos, comprando cada año 1.400 millones de metros cúbicos de gas a Venture Global a partir de 2030, una medida que ha tomado porque Bruselas obliga a la mayor gasista española a romper su contrato actual con la rusa Novatek a partir de enero de 2027.
La invasión de Ucrania por parte de Rusia precipitó una ruptura rápida –y económicamente dramática– de la Unión Europea con su histórico socio energético, recortando la compra de gas y petróleo a Moscú. Estados Unidos, con Joe Biden en la Casa Blanca, se alzó como el sustituto perfecto para suministrar ese combustible a la industria europea, pero la nueva crisis atlántica que ha abierto Donald Trump ha levantado las alarmas entre los expertos energéticos, que advierten que los 27 países van camino de quedar sometidos a una nación que para muchos comienza a ser un enemigo.