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Andrés Pastrana: “La solución política negociada es el único camino para las FARC”

El expresidente colombiano Andrés Pastrana.

SAILA MARCOS

Andrés Pastrana (Bogotá, 1954) fue el primer presidente colombiano que intentó de forma seria un acercamiento a la guerrilla para buscar una salida negociada al conflicto. Lo hizo frente a la televisión nacional, donde fue protagonista del acontecimiento que anunció la falta de compromiso de los guerrilleros: el episodio de “la silla vacía”, cuando el entonces líder de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), Manuel Marulanda, Tirofijo, le dejó plantado frente a decenas de medios de comunicación que esperaban el anuncio del inicio de las negociaciones. Esa transparencia es lo que echa en falta en los diálogos de la Habana, liderados ahora por el presidente Juan Manuel Santos. “Los colombianos no sabemos en qué parte está el proceso, es secreto”, critica Pastrana. Sobre esta experiencia política, su secuestro por Pablo Escobar cuando era candidato a la presidencia de Bogotá y los claroscuros durante su mandato presidencial (1998-2002) ha escrito, junto con el periodista Gonzalo Guillén, Memorias olvidadas (Debate, 2013).

Aunque con algunas reservas, por cómo se está gestionando el proceso, Pastrana considera que es muy importante que las negociaciones lleguen a buen puerto, pero desconfía de la voluntad pacificadora de la guerrilla. “Nos preocupa que las FARC no hayan entendido que tienen que buscar mecanismos distintos para poder llegar a un proceso y no es a través del terrorismo”, explica. Sobre una posible incorporación de las FARC al escenario político una vez desmovilizadas, el expresidente se muestra partidario y considera positivo que “la guerrilla entre a participar en el proceso político”. Y recuerda la incorporación a la vida civil del Movimiento 19 de abril (M-19) a través de Alianza Democrática M-19 a principios de los noventa. Posteriormente, el partido se fue dividiendo en otras organizaciones políticas, pero varios de sus miembros llegaron a ocupar cargos relevantes en la administración. Es el caso de Angelino Garzón, ex miembro del M-19 y actual vicepresidente de Colombia.

Para Pastrana, este libro ha sido un ejercicio político, un grano de arena para contribuir a la memoria histórica. “Este libro ha creado mucho revuelo en Colombia porque hemos mostrado la otra cara de la moneda. Hace falta memoria de verdad en nuestro país”, apunta. Por eso en Memorias olvidadas cuenta por primera vez lo que habló con el capo del cártel de Medellín, Pablo Escobar, cuando le secuestró en 1988 para evitar un acuerdo de extradición entre Colombia y Estados Unidos. Conversaron una noche entera, mientras Pastrana anotaba todo cuidadosamente en un diario que le había dado el propio Escobar. Le explicó cómo se las apañaban para enviar la cocaína hasta EEUU, a los funcionarios que sobornaban y cuánto ganaba con cada kilo que conseguía colocar en su destino. Sólo se negó a contestar una pregunta: quiénes eran los narcotraficantes en Estados Unidos. “No se conocen públicamente, doctor Pastrana, pero existen. A ellos no los desenmascaramos porque se acabaría el negocio para ambos”, le respondió Escobar.

Hay apuntes curiosos, como el del guerrillero compositor de vallenatos-protesta, con fusil y guitarra, que le llevó en su furgoneta hasta el campamento de las FARC en medio de la selva. También revela, por primera vez, quién le entregó los narcocassetes, las grabaciones en los que miembros del cártel de Cali acordaron financiar la campaña de Ernesto Samper cuando se presentaba a las elecciones presidenciales contra Pastrana. Explica cómo se diseñó el programa para lograr la paz, desde los primeros acercamientos a la guerrilla, con desayunos a base de arepa (torta de maíz) y carne de ternera de por medio; hasta la creación de una zona desmilitarizada en San Vicente de Caguán para entregársela a las FARC. El expresidente colombiano agradece, asimismo, el importante apoyo que recibió de Bill Clinton y de José María Aznar, quien le ofreció España como escenario para que se desarrollase aquel primer intento de buscar la paz.

Andrés Pastrana se dedica ahora a recopilar todos esos recuerdos en su página web, que ha diseñado como una especie de biblioteca histórica de su vida como figura pública. Es miembro de diferentes grupos que promueven la democracia, como el Club de Madrid e Interacción, y promociona la campaña de su candidata para las elecciones presidenciales del próximo mes de mayo, Marta Lucía Ramírez, del Partido Conservador. ¿A quién le beneficia que el conflicto siga enquistado? “A nadie, pero la paz tiene muchos enemigos”, sentencia Pastrana.

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