Los ataques de Trump a España por la guerra de Irán ahondan la división política de la UE

El silencio cómplice del canciller alemán durante el ataque de Donald Trump a España por no permitir el uso de las bases de Morón y Rota para bombardear Irán y la amenaza de suspender las relaciones comerciales, sumadas a las palabras posteriores de Friedrich Merz asegurando que “están intentando convencer a España para alcanzar el 3,5% [del PIB en gasto militar], acordado en la OTAN... España tiene que cumplir con ello”, inciden en la ya de por sí dañada unidad europea ante cualquier crisis internacional.

Francia, segunda potencia de la UE y el otro vértice del gran eje sobre el que pivota el proyecto comunitario, sí ha salido en apoyo de España y de la postura reafirmada este miércoles por el presidente Pedro Sánchez. Emmanuel Macron le telefoneó para “expresar la solidaridad europea de Francia en respuesta a las recientes amenazas de coerción económica”. Los exabruptos de Trump generaron más apoyos de líderes comunitarios. El presidente del Consejo, Antonio Costa, confirmó también una conversación telefónica con el jefe del Ejecutivo porque “la UE siempre garantizará que los intereses de sus Estados miembros estén plenamente protegidos” a la vez que reafirmaba el “firme compromiso con los principios del derecho internacional y con el orden internacional basado en normas en todo el mundo”. 

En la Comisión Europea, el mismo día de los duros reproches de la Casa Blanca, el portavoz de Comercio declaraba que se solidarizaban “totalmente con todos los Estados miembros y todos sus ciudadanos”, reafirmando a la vez que Bruselas “siempre garantizará la plena protección de los intereses de la Unión Europea”, al tiempo que rechazaba un embargo individual a España debido al acuerdo arancelario firmado este verano entre la UE y los Estados Unidos. “Esperamos que EEUU cumpla sus compromisos en virtud de nuestra declaración conjunta”, añadió. Y el propio vicepresidente de la Comisión, Stéphane Sejourné, el hombre de Macron en Bruselas, recordó a Washington que “cualquier amenaza comercial dirigida contra un Estado miembro es por definición una amenaza contra la Unión Europea” y quiso ser “muy claro” en que las amenazas de Trump a España no eran sólo “una amenaza a un país en particular”.

Sin embargo, estas muestras de solidaridad contrastaron con el silencio de otros líderes de la Unión, en una evidencia de la división entre los 27 ante las crisis internacionales que rodean el continente, en este caso el incendio prendido en Irán por Estados Unidos e Israel que se extiende por Oriente Medio. Una división patente en las primeras reacciones a los ataques aéreos, cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, habló de “acontecimientos” para referirse a su inicio militar y apostó por una “transición creíble en Irán” como “urgentemente necesaria”, mientras la Alta Representante Exterior, Kaja Kallas, pactó un comunicado con los 27 en un tono más moderado donde pedía “la máxima contención”.

La división europea sobre la guerra en Irán

Tras la reunión en la Casa Blanca, el canciller Merz debió enmendar ligeramente sus palabras sobre España ante la obviedad de que un socio europeo no puede ser sancionado individualmente a nivel comercial por un tercer país, aunque se trate de los Estados Unidos. “Llevamos a cabo las negociaciones con Estados Unidos de manera conjunta o no las llevamos a cabo en absoluto”, reconoció el alemán.

Berlín, pese a todo, no está liderando como principal potencia continental el debate ni la respuesta política de la UE. Merz no es la canciller Angela Merkel ni Gerhard Schröder que se opuso a la guerra de Irak junto al presidente Jacques Chirac. El actual Gobierno alemán todavía estudia si involucrarse en la defensa de Chipre, como ya han confirmando Francia o Grecia. Aviones de combate, fragatas y sistemas antiaéreos galos y helenos están siendo desplegados hacia la isla para frenar los misiles o drones de Irán, como el que explotó contra una base militar británica instalada allí. Lo que sí ha hecho Alemania es ofrecer a Estados Unidos su base en Ramstein para sus operaciones áreas contra Irán.

España, además de cerrar sus bases militares para la ofensiva, es el único socio comunitario que abiertamente ha criticado la guerra iniciada por los Estados Unidos e Israel contra Irán, abogando por una solución diplomática para frenar el programa nuclear de ese país y no por una militar. El 'No a la Guerra' declarado por el presidente Sánchez es una isla en la UE, aunque otros países tampoco se muestren favorables a la escalada bélica en Oriente Medio.

Theo Francken, ministro de Defensa del Gobierno de derechas de Bélgica, ha rechazado que su país vaya a ofrecer apoyo militar a la operación estadounidense e israelí, al tiempo que insistía en que “Ucrania sigue siendo la prioridad militar”. Bélgica sí ayudará a Chipre, como Estado de la UE, si necesita más medios para su defensa o a países como Jordania o Emiratos Árabes Unidos, bajo la premisa de que la ley internacional permite asistir a territorios agredidos.

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Sin tampoco condenar la intervención militar, Irlanda es otro de los socios comunitarios que apuesta por una salida diplomática y no por avivar las ascuas bélicas en Oriente Medio. Su primer ministro prefiere “el multilateralismo, el orden internacional basado en reglas” y pidió “una desescalada del conflicto en Oriente Medio y particularmente en Irán”. La postura a favor de reducir el conflicto para evitar una proliferación regional es también compartida por pequeños países como Luxemburgo, Croacia o Eslovenia.

Fuera de las fronteras comunitarias, aunque todavía en el continente europeo, es otro aliado de Estados Unidos el que gestiona una situación compleja: Reino Unido. Los británicos suscribieron un comunicado con Francia y Alemania condenando “los ataques con misiles desproporcionados e indiscriminados lanzados por Irán contra varios países en la región”, porque la respuesta de la República Islámica iba contra “aquellos no inicialmente involucrados en las operaciones militares de Estados Unidos e Israel”, en una clara alusión a las bases norteamericanas en Oriente Medio. Londres, además de prometer junto a París y Berlín “tomar medidas para defender nuestros intereses”, se ofrecía a trabajar conjuntamente con los Estados Unidos. Sin embargo, el Gobierno del laborista Keir Starmer niega a Washington el uso de la base conjunta en la isla de Diego García en el Índico para bombardear Irán. Y por ello, el británico, igual que Sánchez, sufrió las críticas públicas de Trump desde el Despacho Oval.

La escalada del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán es ya totalmente regional después de que las defensas antiaéreas de la OTAN en Turquía destruyesen este miércoles un misil balístico iraní. Ankara no ha solicitado activar la cláusula de mutua defensa recogida en el artículo 5 del Tratado de la Alianza, pero en su territorio hay tropas y equipamiento militar de países como España protegiendo precisamente esa frontera. Los bombardeos de Washington y Tel Aviv y la respuesta de Teherán pueden arrastrar aún más a toda Europa hacia un conflicto no deseado.

El silencio cómplice del canciller alemán durante el ataque de Donald Trump a España por no permitir el uso de las bases de Morón y Rota para bombardear Irán y la amenaza de suspender las relaciones comerciales, sumadas a las palabras posteriores de Friedrich Merz asegurando que “están intentando convencer a España para alcanzar el 3,5% [del PIB en gasto militar], acordado en la OTAN... España tiene que cumplir con ello”, inciden en la ya de por sí dañada unidad europea ante cualquier crisis internacional.

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