Enric Juliana y Esteban Hernández: “Se está reconfigurando el mundo en Oriente Medio”

Esteban Hernández (izq.) y Enric Juliana (der.) conversan sobre su nuevo libro.

Estamos a las puertas de un nuevo mundo. Lejos de ser un futurible, 2026 ha demostrado que es una realidad: el golpe de Estado de EEUU a Venezuela con la captura ilegal de Nicolás Maduro, las amenazas de Trump a Dinamarca (y, en consecuencia, a Europa) por Groenlandia o la guerra abierta en Oriente Medio son una pequeña muestra de la deriva a la que nos dirigimos. De esta premisa parte el nuevo libro de Enric Juliana y Esteban Hernández, Viaje hacia un Nuevo Mundo (Arpa), donde los autores tratan de auscultar los síntomas y los efectos de un presente convulso y un futuro incierto. 

Enric y Esteban necesitan poca presentación. El primero, reputado periodista y analista político, lleva más de 30 años escribiendo en La Vanguardia donde ha sido desde jefe de redacción hasta corresponsal en Roma durante cuatro años. Hoy es el director adjunto en la sede de Madrid. Cuenta que el periodismo le ha permitido ser cronista de muchos cambios en el mundo, pero que nunca ha vivido en un momento con “tanta envoltura” en el terreno de la política internacional como este. 

Esteban Hernández es abogado, periodista, analista político y, actualmente, jefe de opinión de El Confidencial. Ambos llevan trabajando en el libro desde octubre, tomándose cafés y charlando con una grabadora delante para construir un diálogo que consiga captar la esencia de un mundo caótico. Pese a ello, reconocen, “para el título del libro buscamos algo que no fuera muy tétrico”.

¿Cómo es este Nuevo Mundo al que nos dirigimos?

Enric Juliana: Seguramente todos estamos un poco aturdidos. Este nuevo mundo lo que quiere decir, en definitiva, es que hay nuevas pautas que conducen a una dinámica nueva en términos históricos. Lo que buscamos con este libro es que la gente sea consciente de este cambio de época, pero con una consigna fundamental: que la vida persista en este caos, que exista algo de esperanza. En el primer trimestre de 2026 ya ha habido tres episodios potentes: una carambola inaudita en Venezuela con el secuestro a un jefe de Estado, la amenaza de invadir un territorio bajo la soberanía de un país de la Unión Europea como es Groenlandia y la guerra en Irán. Creo además que de las tres cosas no sabemos ni la mitad. Por eso una de las tareas de 2026 será ir explicando qué cosas que nos van a ayudar a dar sentido a lo ocurrido. Respecto a Venezuela, habrá que ver quién abrió la puerta de la habitación o, en el caso de Irán, será muy interesante saber quién ha ganado dinero y de qué manera con los cambios de la dinámica de los valores bursátiles y los precios del petróleo.

Es imposible no poner el foco en Oriente Medio, ¿qué se juega este nuevo mundo aquí?

Esteban Hernández: Se está reconfigurando el mundo en Oriente Medio. Todo confluye ahí: la energía, el eje entre el viejo y el nuevo mundo (Europa y Asia), los equilibrios de poder entre EEUU y China, el papel creciente de Israel, cada vez más relevante… y en todo ese entorno lo que hemos visto hasta ahora es el intento continuo de EEUU de controlar a Israel como potencia regional mientras trata de equilibrar los mercados. Desde Gaza hasta ahora todo ha ido en la misma dirección. 

¿Israel puede lograr la hegemonía en Oriente Próximo?

E.J: Aún hay muchas cosas que no se saben, pero de todo esto hay una conclusión clara: Israel se está comportando como un emirato. Se está orientalizando. Quiere ser el país dominante en la región, por eso absorbe lo que dice intentar combatir.

Yo creo que es una transición hacia otras reglas, lo que pasa que estas otras reglas todavía no han aparecido

¿Qué ha supuesto la figura de Donald Trump en toda esta deriva?

E.H: Hay una desigualdad creciente que opera en términos de clases sociales, pero también en términos geográficos. Todo son transformaciones sistemáticas en las sociedades occidentales que llegan a Donald Trump. Trump no fuerza lo que existe, sino que todo eso se reúne alrededor de una figura que ejerce de detonante porque es el gobernante del principal país del mundo. Para entender el discurso de Trump, hay que entender cómo hemos cambiado nosotros como sociedad. 

Trump parece representar el fin de la política figurativa, ¿qué consecuencias puede traer el agotamiento delsoft power’ que siempre definió a Estados Unidos?

E.J: Hay una serie de marcos que existían desde el final de la II Guerra Mundial, que ahora están dejando de existir. Estamos todos en shock porque parecía que estos iban a aguantar y estamos siendo testigos de su desvanecimiento. En estos momentos queda claro que esto se está transformando hacia un mundo sin reglas, un mundo basado en la fuerza.

En noviembre de este año vienen las ‘midterms’ en EEUU. ¿Podrá consolidarse Trump en el poder sin solucionar antes los problemas que tiene en casa?

E.H: Vamos a ver cómo termina la guerra, cuándo termina y el daño económico que genera entre los habitantes de EEUU, pero lo cierto es que Trump, desde que ha llegado al poder, se ha comportado exactamente como aquello que decía estar combatiendo. Hacer lo contrario de lo que prometiste es algo que suele pasar factura con tus votantes. Si no hay una solución de aquí a noviembre es muy complicado que Trump tenga recorrido, pero va a seguir gobernando. No son unas elecciones presidenciales, gane o pierda le van a quedar dos años más.

El hilo rojo que traza los planes de EEUU tiene un claro objetivo: frenar a China, ¿qué se puede esperar de la potencia asiática?

E.J: Todos los movimientos de Estados Unidos tienen que ver con China: Venezuela, Irán e incluso Groenlandia, todos empiezan y acaban con China. Por su parte, China está observando y meditando mucho sus pasos. Nunca se ha comportado hasta la fecha como una potencia militar agresiva, no ha ocupado ningún país asiático y tiene pocas bases militares en el extranjero. Ha utilizado básicamente el comercio como articulador de sus intereses exteriores. Sí ha hecho una cosa silenciosa: ha dejado claro que las tierras raras las controlan ellos. Han desarrollado los sistemas de procesamiento y ese mercado se calcula que lo controlan un 80%.

Trump ganó las elecciones porque tuvo un discurso anticolonial

E.H: China es la gran potencia comercial del mundo. Desde que comenzó la guerra de Ucrania ha disparado sus exportaciones. Es una de sus capacidades y Estados Unidos no puede competir con eso. Hasta ahora habían estado integrados, pero ya no y es muy difícil que una de las dos potencias renuncie a algo.

¿Puede haber un resurgir del sentimiento antiimperialista en América Latina debido a las continuas injerencias de Trump en el continente?

E.H: Siempre que hablamos de imperios, hablamos de colonias. Trump ganó las elecciones porque tuvo un discurso anticolonial: los extranjeros nos roban, los europeos no han pagado su parte de la factura, los chinos se llevan nuestras fábricas, los estadounidenses no importan… Este discurso es anticolonial, solo que Trump lo llama antiglobal. Buena parte de los nacionalismos presentes en Europa y fuera de ella tienen esos mismos rasgos. Ese discurso está ahí y es tan potente que ha ganado las elecciones en el país más importante del mundo. Por tanto, es muy complicado que no haya una prolongación con otra gramática del mismo discurso.

En Europa se ha pasado de hablar hace escasos años de transición ecológica a hablar hoy de rearme, seguridad y defensa ¿Qué ha pasado?

E.J: Hay un momento en el que la orientación industrial dominante en Europa se centra en la transición ecológica en la medida en que esta transición es en sí misma es un proceso industrial. Es Alemania la que, de alguna manera, dice: vamos a establecer unas normas. En un momento dado se produce una situación de crisis de la base energética de la industria alemana a partir del 2022 con el inicio de la guerra de Ucrania. Alemania se encuentra en falso porque han fiado todo al gas que traían de Rusia. Esto es muy relevante por lo que significa en términos históricos: cómo una potencia industrial decide cerrar las centrales nucleares sin tener plantas de regasificación en su costa. Todo estaba fiado a los gasoductos que traían gas de Rusia. No salió bien.

Se les ha complicado todavía más con la competición industrial china en el campo del automóvil eléctrico, esto ha generado una crisis existencial. Ahora se reorienta con el Estado inyectando dinero a la economía con la defensa. Por lo tanto, hay que invertir en el ejército pero no en términos de los años 30, sino en términos tecnológicos. Hay que construir el discurso que acompañe este proceso: adiós transición tecnológica, hola defensa. 

El próximo 12 de abril hay elecciones en la Hungría de Orbán, ¿pueden ser un plebiscito del futuro de la ultraderecha europea?

E.J: La verdadera cuestión es si un candidato apoyado simultáneamente por el presidente norteamericano y por el presidente de Rusia, puede perder unas elecciones en Europa en el año 2026. Más que un plebiscito político, estas elecciones van a ser una prueba sobre el tiempo que vivimos.

¿Hay un problema a la hora de hablar sobre política internacional en España?

E.H: Nos hemos pasado mucho tiempo creyendo que el mundo terminaba en los Pirineos. Desde hace poco, parece que estamos todos jugando al Risk. Esto nos distrae. Yo noto que hay un fallo cuando al final el ciudadano termina por no saber ni cómo son nuestras sociedades, ni nuestras transformaciones de clase o culturales. Jugamos con las grandes palabras, pero nos olvidamos de la ciudadanía y esto es tremendamente negativo.

La política exterior es el único espacio en el que España parece tener una estrategia para algo

“Si la UE desfallece, España se convertirá en un protectorado de EEUU”, es una frase de su libro. ¿Esto puede suceder?

E.J: Esto está escrito a modo de provocación para reflexionar sobre que, aunque parezca que el pasado se está borrando, hay huellas del pasado que no se van. Ya hubo un reparto de zonas de influencia y nos dimos cuenta que España por su ubicación geográfica forma más parte de los intereses de Washington que de los de Moscú o Pekín. En Madrid lo saben bien.

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¿Es idílica la postura del Gobierno del ‘No a la guerra’ cuando el mundo parece ir en una dirección opuesta?¿La política internacional puede ganar unas elecciones?

E.H: La política exterior es el único espacio en el que España parece tener una estrategia. Hay una necesidad de pensar el país de nuevo, de ver cómo contamos los nuevos tiempos, hay falta de visión de estado, de una mirada a largo plazo sobre cómo cubrir las necesidades nacionales que está siendo sepultada por la imperiosidad del momento electoral y por las nuevas tendencias internacionales.

E.J: Ganar unas elecciones sólo con política exterior sería como ganar una guerra controlando únicamente la aviación. Ya te digo yo que unas elecciones sin fuerzas terrestres no se ganan.

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