Los grandes incendios devastadores son la nueva realidad de los veranos europeos y la UE lo sabe

Los grandes incendios irán a más y serán cada vez más graves. Esto es lo que reconocen en privado esta misma semana altos cargos de la Comisión Europea en Bruselas ante el inicio de la temporada de verano con fuegos que ya afectan a Galicia y Castilla y León, a Portugal o a Francia. Tras un 2025 histórico por lo destructivo de las llamas, con un millón de hectáreas quemadas en toda la UE, el continente se prepara para otra temporada que apunta a ser dramática.

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Bruselas realizará su mayor despliegue de medios con casi 800 bomberos de 14 países situados estratégicamente en áreas de alto riesgo en Chipre, Grecia, Italia, Francia, España y Portugal. La UE también pondrá a disposición de los Estados miembros 22 aviones contra incendios y cinco helicópteros de la flota comunitaria, “listos para ayudar a los países bajo presión, porque la temporada de incendios se ha vuelto más larga, llega antes y es más destructiva”. El operativo más grande del Mecanismo de Protección Civil desde que en 2022 se decidió apostar por este despliegue inicial.

La primavera, según el sistema de satélites europeos Copernicus, ha sido la tercera más cálida desde que hay registros, seguida de una ola de calor excepcionalmente temprana en Europa occidental durante mayo y de nuevos episodios de calor extremo aún más intensos en las últimas semanas. El caldo de cultivo perfecto para un verano de incendios, como los que aparecían en las imágenes del fotoperiodista Brais Lorenzo con las que acaba de ganar el World Press Photo Award y que han protagonizado una exposición en el Parlamento Europeo en Bruselas.

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Delante del vicepresidente de la Eurocámara, el rumano Nicolae Stefanuta, o la jefa de la Unidad europea de Reducción de Desastres y Riesgos de Naciones Unidas, Natalia Alonso Cano, Lorenzo señalaba: “Empecé a trabajar en el 2010-2011 siguiendo los incendios y cuando se producía uno de 300 o 500 hectáreas era tratado mediáticamente como un gran incendio forestal, de grandes dimensiones. Por poner en contexto, el verano pasado en Galicia se estaban produciendo cuatro o cinco incendios simultáneos de más de diez mil hectáreas. Soy testigo directo de cómo ha evolucionado esta situación”.

Los grandes incendios llegan para quedarse

Bruselas reconoce abiertamente esta nueva realidad de grandes incendios, favorecida por el calentamiento global, el abandono del medio rural y el cambio en los usos del suelo, que ha reducido la biodiversidad de los bosques, haciéndolos menos resistentes. La Estrategia Integrada de Prevención y Gestión publicada en marzo por la Comisión Europea reconoce la necesaria preservación de población rural para apoyar acciones concretas a nivel territorial, como la reducción de la erosión de los suelos o la mejor restauración de las superficies quemadas.

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“Estamos ante un reto de civilización”, señala un alto cargo de la Dirección General de Medio Ambiente del Ejecutivo comunitario. “Tenemos que incrementar la conciencia entre la población y a todos los niveles de las autoridades” sobre las políticas de acción climática y de preservación medioambiental, añade.

En Bruselas hablan de “planes integrales en el manejo de tierras, sobre la gestión de los bosques, con más biodiversidad para ser más resistentes al cambio climático y a los incendios” y no sólo en los medios técnicos y materiales que la Comisión pone a disposición de los Estados miembros para labores de extinción. Priorizar la prevención sin descuidar la gestión de los fuegos.

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Desde Naciones Unidas, Natalia Alonso Cano lo explica claramente: “Europa es el continente que más rápido se calienta, así que estamos ante una combinación de factores y la solución no es simple”. Con estas palabras, Cano coincide con uno de los mensajes claves de la Comisión: “Necesitamos la financiación antes de los desastres y no después. Por supuesto la inversión en los equipos de extinción es importante, pero la inversión en prevención es rentable porque salva vidas y ecosistemas a posteriori”.

Este miércoles el Parlamento Europeo, a iniciativa de Los Verdes, debatirá en Estrasburgo sobre la necesidad de reforzar la preparación de la UE para proteger a la población frente a las olas de calor y la próxima temporada de incendios forestales. Con el recuerdo muy vivo entre los eurodiputados de las llamas y de los pueblos calcinados en sus impactantes fotografías, el fotoperiodista Brais Lorenzo pide que no vuelva a “ocurrir el colapso estructural fruto de décadas de abandono del medio rural vivido en Galicia en 2025, en el que los vecinos lucharon prácticamente sin medios en aldeas despobladas donde no llegó un equipo de extinción”.

En esta labor se presenta como fundamental el sistema de satélites Copernicus, contribuyendo a mapear la evolución de los incendios y su extensión para facilitar las labores de los bomberos. Sus científicos son conscientes del contexto en el que se mueven, con un calentamiento global acelerado que está desatando fenómenos climatológicos extremos y, por eso, uno de sus objetivos es acelerar el seguimiento que hacen de los fuegos para informar cada tres horas y no ocho a las autoridades competentes.

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Los medios de extinción en España y a la UE

En España, los bomberos forestales se distribuyen en varios niveles y categorías distintas. Los estatales forman un cuerpo profesionalizado agrupado en las BRIF, las Brigadas de Refuerzo de Incendios Forestales, distribuidas por las comunidades autónomas y dependientes del Ministerio de Transición Ecológica. Son posiblemente la élite, que entrenan todas las mañanas dos horas y media y que luego pueden encontrarse un dispositivo contra un incendio sin haber descansando ese mismo día. Estos bomberos que entran al corazón de las llamas desde helicópteros con kilos de equipo y material encima.

Las Comunidades Autónomas cuentan con sus propios bomberos, también profesionalizados, pero en estos cuerpos las condiciones laborales son peores. En Galicia, los de la Xunta denuncian que sólo una parte son personal fijo mientras parte del cuerpo sufre contratos laborales discontinuos o trabaja en bases con deficientes condiciones de duchas, zonas de descanso o limpieza de sus equipos. En circunstancias excepcionales o en apoyo ante grandes catástrofes el Estado decide desplegar a la UME, la Unidad Militar de Emergencias.

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En nuestro vecino Portugal la situación de los bomberos forestales es más precaria. El cuerpo de Sapadores Florestais, que depende de las autoridades públicas, está profesionalizado pero sus labores principales son la prevención a lo largo del año y no tanto la extinción de los incendios, en la que también se involucran durante el verano. Sin embargo, el 90% de los efectivos que apaga los fuegos está compuesto por voluntarios, que reciben una remuneración mínima y operan en regímenes comunitarios de manera similar a la Protección Civil española.

La voluntariedad entre los bomberos también está muy presente en Francia ya que representan la mayoría de los efectivos que lucha contra los incendios en verano. Sólo se les exige tener al menos 16 años y gozar de una buena salud física. Complementan a los cuerpos de bomberos de los departamentos regionales dependientes del Ministerio de Interior, funcionarios públicos por oposición con buenas condiciones salariales. Igual que en España, Francia tiene un cuerpo de bomberos militares profesionalizado para situaciones de emergencia o gravedad.

El voluntariado masivo es la columna vertebral de los bomberos alemanes, igual que en Austria, en contraste con la evolución hacia la profesionalización vivida en España, donde al igual que en Italia o Noruega hay regímenes especiales de jubilación a edades tempranas, a diferencia de Finlandia o Dinamarca, donde los luchadores contra los incendios pueden llegar a retirarse a los 65 años.

Los grandes incendios irán a más y serán cada vez más graves. Esto es lo que reconocen en privado esta misma semana altos cargos de la Comisión Europea en Bruselas ante el inicio de la temporada de verano con fuegos que ya afectan a Galicia y Castilla y León, a Portugal o a Francia. Tras un 2025 histórico por lo destructivo de las llamas, con un millón de hectáreas quemadas en toda la UE, el continente se prepara para otra temporada que apunta a ser dramática.

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