Si la guerra de Irán no desploma el apoyo a Trump, ¿qué lo hará?

Cuando Donald Trump decidió atacar a Irán a finales de febrero, muchos de sus críticos lo vieron como la gota que derramaría el vaso. Como el elemento que conseguiría lo que tantas otras decisiones del presidente no habían logrado, esto es, que sus votantes lo abandonasen en masa. Cuatro semanas después del inicio de la operación militar, eso no ha sucedido y la pregunta es inevitable: ¿qué tiene que pasar para que el líder estadounidense pierda el apoyo de su base?

Trump centró buena parte de su campaña electoral en criticar que otros presidentes empleasen recursos en librar conflictos armados en el extranjero, prometiendo evitar “guerras estúpidas” y acabar con las que estuviesen en curso y repitiendo que sería merecedor del Nobel de la Paz. También llevó por bandera el “América Primero”: al contrario que tantos otros, aseguró, su mandato estaría centrado en los problemas de los estadounidenses de a pie por encima de todo. Insistió en que se centraría en el coste de la vida, que bajaría impuestos, que reduciría precios.

Sin embargo, la guerra en Oriente Próximo que empezaron Estados Unidos e Israel ya ha costado a los estadounidenses más de 25.000 millones de euros, según cálculos del centro de estudios Center for Strategic and International Studies (CSIS). Pese a que Trump promete una y otra vez que el conflicto está a punto de terminar, la Casa Blanca está valorando pedir al Congreso otros 200.000 millones para financiarlo. El precio de la gasolina ha subido un 30% en un mes. Los organismos que hacen previsiones macroeconómicas están advirtiendo de que los precios se dispararán si el conflicto se alarga. A la vez, el conflicto se ha cobrado la vida de más de mil civiles, incluyendo 200 niños, y de 13 militares estadounidenses. Mientras, Trump apenas se ha molestado en explicar su cambio de discurso.

Y aún así, el impacto de esta decisión en el apoyo a Trump está siendo más bien limitado.

Si bien es cierto que el número de estadounidenses que desaprueban su gestión está ahora en su nivel más alto desde que el presidente regresó al cargo el año pasado, también lo es que ya estaba a este nivel antes del inicio de la guerra, a finales de enero. Los vientos de cara no han conseguido que la base de Trump lo abandone, de acuerdo a los números. Tampoco parece haber tenido mucho efecto en este sentido la reciente dimisión del director de Estrategia Antiterrorista, quien aseguró que Irán no constituía una amenaza inminente y que el ataque estaba motivado por presiones extranjeras. Ni las críticas de importantes voces MAGA como Tucker Carlson, el expresentador de la cadena Fox y ahora conductor de un podcast muy seguido por los votantes republicanos; o de Marjorie Taylor Greene, la congresista y defensora de Trump hasta hace unos meses, cuando dejó el cargo por desacuerdos con él.

Según las últimas encuestas, seis de diez estadounidenses (61%) desaprueban la gestión de Trump del conflicto, y cuatro (37%) lo aprueban. Entre los republicanos, siete de diez creen que Estados Unidos tomó la decisión correcta (71%), de acuerdo a los datos de Pew Research, y uno de cada diez la desaprueba “con fuerza” (12%). No obstante, cuando los sondeos preguntan a quienes se identifican como seguidores del movimiento político de Trump, nueve de cada diez apoyan la guerra, según una encuesta de la agencia Reuters e Ipsos. Uno de los titulares más impactantes ha sido el de otra encuesta de la cadena NBC, que dice que entre los que se autoidentifican como MAGA Trump tiene el 100% de aprobación, es decir, ni uno solo dice que desaprueba la acción del presidente.

¿Realmente ninguno de los seguidores de Trump ha cambiado de opinión con la guerra de Irán? ¿Significa eso que no va a perder apoyos haga lo que haga? Y, si no es así ¿qué tiene que pasar para que el votante del presidente diga basta? Las elecciones de medio mandato tendrán lugar en noviembre, y la respuesta a estas preguntas puede determinar si los republicanos mantienen o no el control de la Cámara de Representantes y del Senado.

Para empezar, conviene conocer cómo el Partido Republicano explica los últimos ataques a Irán. Nadia Schadlow, socia del Hudson Institute y ex vice asesora de Seguridad Nacional durante la primera administración Trump, ha hablado largo y tendido en medios sobre el tema. En su opinión, que EEUU bombardee Irán no choca con la doctrina del “América Primero” del presidente porque la razón detrás de esos bombardeos es que la amenaza iraní estaba creciendo y no podía permitir que se hiciesen con armas nucleares. 

“Nadie puede hablar por Trump, pero creo que él lo ve como ‘en los cuatro años en los que estuve fuera [de la Casa Blanca] han crecido ciertas amenazas. La Administración Biden se limitó a ver cómo crecían esas amenazas, y ahora que yo estoy de vuelta en el poder, tengo que hacer algo al respecto’”, explicó a The New York Times. “Creo que [la decisión] es lo mejor para Estados Unidos. Y creo que el presidente lo ha dejado claro”. Por eso, ella cree que no debería sorprender que los seguidores de Trump apoyen su decisión con respecto a Irán, ni que no lo abandonen.

“Por un lado, Trump es ya tan impopular que es más difícil que pierda apoyos”, reflexiona sobre el mismo tema el analista político y experto en encuestas de The New York Times Nate Cohn en su newsletter. “Con tan poco apoyo, el rating de Trump solo puede caer más si decepciona a sus seguidores más acérrimos, y con Irán, eso es concebible, porque la guerra choca con la facción ‘América Primero’ de los MAGA (...). Pero eso no significa que los seguidores de Trump que están contra la guerra vayan a volverse contra el presidente. La guerra es solo un asunto, uno de muchos que pueden influir en la visión de alguien sobre el presidente”, añade.

La clave: la duración de la guerra y el bolsillo de los estadounidenses

Pero los seguidores de Trump pueden estar de acuerdo con los motivos detrás de la guerra y, al mismo tiempo, votar en función de lo que vean en el surtidor de gasolina y en el ticket del supermercado. Por eso muchos creen que esta guerra no durará demasiado.

“Mientras la Casa Blanca aparentemente busca una salida de este conflicto que cada vez crece más, los neoconservadores están presionando al presidente Trump para que redoble sus esfuerzos en la guerra. Pero las encuestas muestran que la base de Trump está a favor de declarar la victoria, de manera que sea posible un alto el fuego y que se evite un mayor shock económico”, opina la vicepresidenta del Quincy Institute, Trita Parsi. “Aunque los votantes de Trump sigan leales a él, está claro que prefieren que termine la guerra más pronto que tarde y que sería mejor para Trump si termina la guerra mientras tiene el apoyo de su base”. La cuestión, llegados a este punto, es si el presidente tiene el poder de dar marcha atrás con este conflicto, como hizo con los aranceles o con la retirada del ICE de Minnesota… o si ya no depende de él.

Otros creen que el tema principal es el coste que la guerra está suponiendo para el contribuyente estadounidense. “El gasto refleja una elección que tanto el Congreso como el presidente han hecho a la hora de situar los recursos del país. Pero antes de que el Congreso decida si dar 200.000 millones más al Departamento de Defensa, debería valorar seriamente otroas maneras de usar esa financiación, como mejorar las vidas de la gente”, ha escrito en una nota Bobby Kogan, director del área de presupuesto federal del Center for American Progress, un instituto independiente y progresista.

Kogan ha calculado de qué otras maneras podrían haberse usado esos 25.000 millones que Estados Unidos ya ha gastado en Irán: tres millones de personas más podrían haber tenido acceso a sanidad a través de Medicaid durante un año, o 30 millones de niños habrían comido gratis en comedores escolares, o tres millones de personas habrían podido disfrutar de vivienda pública. Con ese dinero, casi dos millones de niños podrían haber ido a la guardería gratis, o tres millones de personas podrían haber ido a la universidad dos años sin tener que pagarla. 

El experto también destaca que la “beautiful bill” de Trump está previsto que deje a diez millones de personas sin seguro sanitario y a millones más sin las ayudas alimentarias que a día de hoy reciben, y que a la vez supone grandes recortes de impuestos para los más ricos. “En conjunto, supone la mayor transferencia de riqueza del pobre al rico en una sola ley en toda la historia de EEUU”, critica. Eso, en un momento complicado para las finanzas personales de los estadounidenses, puede condicionar el voto. Las encuestas dicen que un 63% de los estadounidenses considera que la economía del país es “débil” o “muy débil”, porcentaje que incluye a un 40% de votantes republicanos, 66% de independientes y 84% de demócratas, según una elaborada por Reuters e Ipsos.

Algunos expertos señalan que cómo se comporte el votante de Trump no solo depende de sus decisiones, sino también de la oposición. “Esto supone una enorme oportunidad para que los demócratas consigan grandes victorias en las elecciones de medio mandato centrándose en asuntos que normalmente son más republicanos, como la seguridad nacional, la economía y la inmigración”, ha dicho el estratega del Partido Demócrata Doug Farrar a Reuters.

Otros creen que lo que acabará con la presidencia de Trump será el despliegue de soldados en Oriente Próximo. El analista Jack Hunter recuerda que varias encuestas han revelado que la mayoría de los estadounidenses se opone a lo que en EEUU se conoce como “botas en el terreno”. “Esto debería hacer saltar las alarmas en la administración. Los republicanos siguen apoyando la guerra pero en números cada vez más bajos, y han sido muy claros con respecto a la idea de enviar soldados a la región. Los números de Trump, incluyendo a los republicanos, van a desplomarse si lo hace, especialmente si acaban siendo atacados y muriendo. El destino de Trump está en las encuestas. Si no quiere terminar como George W. Bush, cuyo legado quedó marcado por las guerras de Irak y Afganistán, tiene que encontrar la manera de dar la vuelta a esto”.

A día de hoy, la historia apunta a que los desastres económicos, más que la pérdida de vidas en conflictos en el extranjero, son los que acaban con cualquier presidencia estadounidense. Trump se enfrenta ahora a la combinación de ambos factores. Es cierto que el presidente ha mostrado una resiliencia nunca vista en sus predecesores, y que es capaz de cambiar de rumbo antes de que sea demasiado tarde. Si lo conseguirá también esta vez, es algo que solo sabremos los próximos meses.

Cuando Donald Trump decidió atacar a Irán a finales de febrero, muchos de sus críticos lo vieron como la gota que derramaría el vaso. Como el elemento que conseguiría lo que tantas otras decisiones del presidente no habían logrado, esto es, que sus votantes lo abandonasen en masa. Cuatro semanas después del inicio de la operación militar, eso no ha sucedido y la pregunta es inevitable: ¿qué tiene que pasar para que el líder estadounidense pierda el apoyo de su base?

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