El techo de cristal del laborismo británico: muchas pioneras, ninguna primera ministra

La laborista Barbara Castle (1910-2002), primera mujer en ocupar el cargo de primera secretaria de Estado en un Gobierno británico (1968-70), era tan exigente con su peluquera como con el ministro de Economía. En su tiempo, la peluquera siempre era mujer; el ministro de Economía, hombre. Hoy, Barbara, que era bárbara a la izquierda del partido, criticaría a la ministra de Economía, Rachel Reeves, por estar a la derecha del partido, si bien se congratularía de ver una ministra de Economía, el cargo más alto al que ha llegado una mujer en un Gobierno laborista. A las laboristas no les faltan credenciales históricas (Jennie Lee, Ellen Wilkinson, Margaret Bondfield o la misma Barbara Castle) de haber roto lanzas en la política británica. Pero algo pasa en las últimas décadas para que la formación se haya quedado varada, mientras su rival, el Partido Conservador, cuenta en su haber con tres ex primeras ministras (Margaret Thatcher, Theresa May y Liz Truss) y la primera líder negra, Kemi Badenoch.

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Este jueves 18 de junio se han celebrado las elecciones en el distrito de Makerfield (Mánchester), provocadas por la dimisión del diputado laborista Josh Simons para que Andy Burnham, alcalde de Mánchester, consiga un acta de diputado que le permita retar el liderazgo de Sir Keir Starmer en el partido y, por ende, a la presidencia del Gobierno. Simons consiguió 18.202 votos en 2024, seguido del ultraderechista Robert Keyton, del partido Reform, con 12.803 votos y una participación del 52,4%. Si todo sale como predicen las encuestas, una parte de los laboristas que se quedaron en casa, descontentos con Starmer, acudirán el jueves a votar para que Andy Burnham se lance a la conquista de Downing Street, sede de la presidencia del Gobierno en Londres. Serán otras elecciones en el seno del laborismo en las que las mujeres han quedado relegadas a las filas de atrás.

La elección de Starmer como líder del partido en 2020, tras la derrota de Jeremy Corbyn en las elecciones de 2019, ya indicó que la misoginia pervive en el laborismo. La primera candidata a sustituir a Corbyn fue Rebecca Long-Bailey, de la izquierda del partido; la segunda, Lisa Nandy, que nadaba entre dos aguas políticamente y cuya campaña estaba financiada, parcialmente, por el lobby israelí, según ha reconocido ella misma en la ITV. El tercero en llegar, Starmer, con afán de unir izquierda y derecha o, como Nandy, contentar a todos, ganó las primarias y las generales de 2024 en las que salieron elegidas 265 mujeres (190 laboristas) de un total de 650 escaños. Starmer ha resultado ser un hombre ambiguo, indeciso, sionista y sin carisma u objetivo político claro, a diferencia de su predecesor, Tony Blair, en el Gobierno de 1997 a 2007.

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Blair dimitió para dejar paso a Gordon Brown, quien nombró a la veterana Harriet Harman número dos del partido, pero no del Gobierno. Harman fue número dos del Partido Laborista entre 2007 y 2015 y, como tal, ejerció como líder interina del partido y de la oposición en 2010 y 2015, entre la dimisión de un líder y las primarias para elegir al siguiente. El mismo papel de líder temporal recayó en Margaret Beckett en 1994. tras la muerte de John Smith y antes de la elección de Blair. Beckett, diputada durante 45 años, fue la primera mujer ministra de Exteriores, y Harman ha sido titular de numerosas carteras. Pero ninguna mujer laborista ha roto el techo de cristal o cruzado la puerta del número 10 de Downing Street como inquilina oficial. Starmer nombró número dos a Angela Rayner, quien dimitió en septiembre de 2025. Según las predicciones electorales del próximo jueves, el liderazgo laborista continuará siendo cosa de hombres.

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El desasosiego de muchas laboristas estalló a raíz del escándalo de Peter Mandelson, vinculado al pederasta convicto Jeffrey Epstein y nombrado embajador en EEUU. “El ambiente de club de chicos que rodea al primer ministro ha hecho posible el nombramiento, puesto que, de haber participado una mujer en el proceso decisorio, a Peter Mandelson no se le hubiese nombrado embajador en Washington”, sentenció Harriet Harman. La diputada y ministra Alison McGovern escribía en su blog que “la costumbre de no escuchar a las mujeres ha permitido que el poder de Mandelson durase demasiado tiempo”. La dimisión de Mandelson provocó la de otros tres varones con cargos en Downing Street. Starmer adujo que desconocía la relación de Mandelson con Epstein y que aceptó la recomendación de sus subalternos, entre ellos el asesor Morgan McSweeney, quien propuso a Mandelson como embajador en EEUU sabiendo que era amigo e, incluso, socio del pederasta. McSweeney dimitió; no obstante, el diario The i publicaba el fin de semana que continúa mandando en Downing Street.

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Una portavoz de las laboristas críticas, entre ellas Harman, que han expresado su malestar tras el caso Mandelson ha concretado sus demandas a infoLibre: “Nombramiento de una vice primera ministra [cargo ocupado por un hombre], medidas políticas y administrativas contra la misoginia y hacer de la igualdad de géneros la sexta misión del Gobierno [alusión a cinco objetivos de Starmer]”. El primer ministro ha tomado nota y ha nombrado a Harriet Harman asesora en materia de igualdad de género, en una tarea a tiempo parcial, sin remuneración y con acceso directo al jefe del Ejecutivo.

La mirada de las laboristas está puesta ahora en la probable elección del jueves de Andy Burnham, quien llevaría el partido y al Gobierno al centro izquierda del espectro político. Como alcalde de Manchester, en 2023 remunicipalizó la red de autobuses urbanos y fijó un precio único del billete de dos libras (2,2 euros) para adultos y una libra para menores. Respecto a las mujeres, Burnham lanzó en 2021 un plan a diez años, la Gender-Based Violence Strategy, para combatir la violencia contra las mujeres y niñas, aumentar su representación política, promover la igualdad de oportunidades e incrementar la igualdad de géneros. Un plan que, a medio camino (2026), ha visto, por ejemplo, el aumento de denuncias por agresión a mujeres y niñas. Con su liderazgo en el partido y en el Gobierno, podría arar el surco para la primera mujer al frente del laborismo, aunque eso llegaría ya varias décadas entrado el siglo XXI.

La laborista Barbara Castle (1910-2002), primera mujer en ocupar el cargo de primera secretaria de Estado en un Gobierno británico (1968-70), era tan exigente con su peluquera como con el ministro de Economía. En su tiempo, la peluquera siempre era mujer; el ministro de Economía, hombre. Hoy, Barbara, que era bárbara a la izquierda del partido, criticaría a la ministra de Economía, Rachel Reeves, por estar a la derecha del partido, si bien se congratularía de ver una ministra de Economía, el cargo más alto al que ha llegado una mujer en un Gobierno laborista. A las laboristas no les faltan credenciales históricas (Jennie Lee, Ellen Wilkinson, Margaret Bondfield o la misma Barbara Castle) de haber roto lanzas en la política británica. Pero algo pasa en las últimas décadas para que la formación se haya quedado varada, mientras su rival, el Partido Conservador, cuenta en su haber con tres ex primeras ministras (Margaret Thatcher, Theresa May y Liz Truss) y la primera líder negra, Kemi Badenoch.

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