La UE da un portazo a Trump y no enviará buques al estrecho de Ormuz: “No es nuestra guerra”

El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, en la sede del Consejo de la Unión Europea en Bruselas, Bélgica, el 16 de marzo de 2026.

Dos meses de cierre del estrecho de Ormuz supondrán consecuencias devastadoras para las economías del golfo y las ondas sísmicas impactarían en forma de una inflación disparada en Europa, mientras Estados Unidos se salvaría parcialmente del terremoto provocado por su guerra y la de Israel contra Irán.

Los ministros europeos de Energía se reunieron este lunes en Bruselas con este sombrío escenario, el provocado por un barril de petróleo que toca máximos de tres años, y la necesidad de abrir ya una discusión sobre cómo responder, orientada por la Comisión Europea hacia medidas a corto plazo que estabilicen los precios sin condicionar las medidas de transición energética, como pidió infructuosamente Italia en referencia a la suspensión del sistema ETS, el que impone derechos de pago por emitir a las grandes compañías y sectores económicos como el químico, acerero o cementero.

El cierre del estrecho de Ormuz impuesto por Irán como represalia a los ataques que desde hace dos semanas está sufriendo puede provocar esta nueva crisis energética, cuando la Unión Europea todavía está cicatrizando las profundas heridas en el poder adquisitivo y el bienestar de las familias y pequeñas empresas causada por el alza imparable del gas al invadir Rusia a Ucrania. “No es la guerra de Europa”, reconoce la Alta Representante Exterior de la UE, Kaja Kallas, “pero los intereses europeos están directamente en juego”. Sin embargo, la UE no enviará barcos de guerra para proteger el tránsito de petroleros, metaneros y grandes buques de mercancías como exige el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

“Hemos estado en contacto con la OTAN anteriormente, pero esto está fuera del área de acción de la OTAN, por eso tenemos la operación Aspides y hay Estados miembros dispuestos a contribuir, pero eso está fuera de los territorios de la OTAN, no hay países de la OTAN en el estrecho de Ormuz”, descartó Kallas sobre la participación de los europeos en una misión militar de la Alianza Atlántica diseñada para desbloquear el estrecho de Ormuz como exige el estadounidense.

El portazo a Trump

No fue la única voz autorizada en Bruselas que dio un portazo a los deseos de Donald Trump de arrastrar a los europeos a la guerra en Oriente Medio. Los ministros de Exteriores también se reunieron en la ciudad belga y durante el encuentro, el español José Manuel Albares reiteró el rechazo de que España se involucre militarmente porque “está en la desescalada, no en hacer nada que aumente la escalada” y apostó por una salida basada en “el  diálogo, la diplomacia y la vuelta a la mesa de negociación” ya que una “solución puramente militar nunca trae democracia ni prosperidad”. 

También el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, se negó a atender los deseos de Washington. “Nosotros no hemos provocado esta situación. Esta guerra comenzó sin ninguna consulta previa”, reprochó el germano, en alusión a los bombardeos y ataques aéreos iniciados por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero, que no fueron avisados a Bruselas o a los 27. Pistorius va más allá y verbaliza la renuencia común europea ya que “los próximos pasos amenazan con meternos a nosotros en este conflicto. ¿Qué espera Trump que puedan lograr un puñado de fragatas europeas en el estrecho de Ormuz que no pueda lograr la poderosa armada estadounidense?”.

La UE rechaza involucrarse militarmente contra Irán, aunque sea de manera indirecta con una operación naval para desbloquear la estrecha lengua de agua que separa ese país de los Emiratos Árabes Unidos y Omán, pese a sus importantes repercusiones económicas y a contar con una misión naval en la zona, la Aspides, limitada al mar Rojo y no al golfo Pérsico para proteger a los barcos mercantes o pesqueros de los ataques de las milicias hutíes. Una fuente europea antes de la reunión entre los ministros destacaba el problema de esa misión, para “el mandato de poder proteger a los barcos por Ormuz... geográficamente puede operar, pero necesita el mandato ejecutivo de los Estados miembros para proteger físicamente a los barcos”. Y los 27 no autorizaron ese cambio operativo.

Hasta Italia, entre los más afectados ante el corte del suministro del petróleo de Ormuz, es reacia a una solución militar. Su ministro de Exteriores, Antonio Tajani, prefiere “reforzar” la operación Aspides en la que su país está involucrado, pero “la misión sigue siendo la que es y con el mandato que ya existe” e insistió “en un refuerzo del diálogo y en hacer todo lo posible para que los americanos y los iraníes puedan hablar y encontrar un acuerdo que garantice la libertad de navegación”.

El miedo a una nueva crisis energética

Por el estrecho de Ormuz circula el 20% del transporte de gas y petróleo mundial, así que un largo bloqueo aunque “Europa ha diversificado sus proveedores energéticos” en comparación con la crisis del 2022, tras la invasión rusa de Ucrania, “pondría las nuevas relaciones comerciales de Europa a examen”, explica en una nota Carsten Brzeski, responsable de análisis para Europa del banco ING. “La zona euro es la gran economía más expuesta”, advierte Brzeski, quien cree que “la economía global vive de nuevo un momento crucial”.

El Banco Central Europeo ya pronostica que un aumento del 20% en los precios del gas por culpa del cierre de ese canal marítimo podría rebajar una décima el PIB de la zona euro este año, en medio de una economía ya deprimida en socios como Alemania, Austria, Países Bajos o Bélgica, a la que habría que sumar otra décima contractiva si el petróleo se encarece otro 14%.

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Es en este contexto en el que los ministros europeos de Energía se comprometieron a empezar a diseñar “medidas inmediatas para las empresas y los ciudadanos más vulnerables” ante esta posible crisis, con “opciones de emergencia por si empeora la situación”, según el comisario de Energía, Dan Jorgensen. Bruselas ofrecerá a los Estados miembros la posibilidad de introducir rebajas fiscales en las facturas de la luz o a la generación eléctrica, como se hizo en 2022 o 2023, posibilidades que los líderes europeos estudiarán este jueves en la capital comunitaria durante la Cumbre.

Las que no salen adelante son las presiones lideradas por Italia para suspender el sistema de derechos de emisiones contaminantes ETS bajo la premisa de que perjudica la actividad empresarial. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, descartó esa medida la semana pasada en Estrasburgo advirtiendo que sin ese sistema “ahora consumiríamos 100.000 millones de metros cúbicos más de gas, haciéndonos de nuevo más vulnerables y más dependientes”.

En el debate energético europeo provocado por la guerra en Irán de momento se están imponiendo las tesis defendidas por España, Portugal, Dinamarca, Finlandia y Suecia, un grupo que escribió una carta a la Comisión con una exigencia para la Cumbre Europea de finales de semana, no debilitar el ETS, petición a la que se sumaron Países Bajos, Luxemburgo y Eslovenia.

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