Todavía no se trata de un acuerdo definitivo, sino de un memorando de entendimiento. En cuanto a la forma, el texto validado por Teherán y Washington, que se supone pone fin a más de tres meses de guerra, sigue el modelo de anteriores documentos diplomáticos elaborados por la Administración Trump: es un texto breve, en forma de lista, con formulaciones a menudo vagas y, en ocasiones, contradictorias.
En cuanto al fondo, el presidente estadounidense ha intentado venderlo como una victoria deslumbrante. Es evidente que estamos a años luz de ello. Donald Trump, que a principios de marzo exigía una “rendición incondicional” de Teherán, ha tenido que hacer importantes concesiones a los dirigentes iraníes a los que, sin embargo, aseguraba que había aplastado, todo ello a cambio de compromisos por parte de estos que siguen siendo muy inciertos.
El documento, firmado electrónicamente el 15 de junio, fue difundido oficialmente el 18 de junio y será rubricado presencialmente por las partes este viernes en Suiza.
De acuerdo con lo ya anunciado por los mediadores pakistaníes, ambos Estados se comprometen a poner fin a la guerra en “todos los frentes”, incluido el Líbano. Una revés para el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que siempre ha querido que el destino del país del cedro se tratara por separado.
La segunda gran medida, también anunciada previamente, es la reapertura del Estrecho de Ormuz. El bloqueo de este corredor marítimo por parte de Irán desde el inicio de la guerra ha disparado los precios mundiales del petróleo y del gas. El texto prevé que el tráfico vuelva a la normalidad en un plazo de “30 días”.
Levantamiento de las sanciones
El plazo parece difícil de cumplir y, a decir verdad, no dependerá únicamente de la buena voluntad de los dos Estados firmantes. Más allá del reto que supone el desminado del estrecho, “harán falta varias semanas para restablecer el funcionamiento de todas las instalaciones petroleras, incluso meses en el caso de Irak, el segundo productor de la OPEP”, señala una nota del departamento de estudios económicos de BNP Paribas publicada el 16 de junio, tras el anuncio de la reapertura del corredor marítimo.
Poco importa. Para lograr esta reapertura tan esperada —y prometida en numerosas ocasiones—, Estados Unidos ha tenido que hacer concesiones espectaculares. Washington se compromete, en primer lugar, a levantar todas las sanciones contra Irán: “el conjunto de sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos, tanto primarias como secundarias”, así como “las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y del Consejo de Gobernadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica” (punto 7).
¿En qué plazo? El memorando remite la decisión a un “acuerdo definitivo” que debería firmarse en un plazo de “60 días”, prorrogable “de común acuerdo”. Los negociadores americanos se valen de esta ambigüedad para asegurar que no han capitulado y que solo levantarán las sanciones si Teherán cumple con su parte del acuerdo.
Pero las sanciones sobre el petróleo iraní sí se levantan con efecto inmediato, sin esperar a ese hipotético “acuerdo definitivo”, según precisa también el texto (punto 10). Un “incentivo financiero” necesario para convencer a Teherán de que permanezca en la mesa de negociaciones, según argumentan fuentes cercanas a las negociaciones entrevistadas por The Wall Street Journal. Una medida posiblemente ilegal, según otros expertos.
En virtud de una ley de 2015, el presidente de Estados Unidos debe, en efecto, presentar al Congreso cualquier acuerdo relativo al programa nuclear iraní en los cinco días siguientes a su firma. Mientras el Congreso no haya terminado de examinar el texto, la Casa Blanca no puede hacer uso de su “facultad de exención” —y, por lo tanto, a levantar sanciones o embargos—, señala James Acton, codirector del programa de política nuclear de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, un think tank estadounidense especializado en política exterior.
300.000 millones para la reconstrucción
Además de los ingresos petroleros inmediatos y de un eventual levantamiento total de las sanciones contra Irán, Washington se compromete, “junto con sus socios regionales”, a crear un fondo para la “rehabilitación y el desarrollo económico” de Irán, dotado con “al menos 300.000 millones de dólares”. Tras haber gastado al menos 30.000 millones de dólares en atacar a la República Islámica, con resultados desastrosos y cometiendo probablemente crímenes de guerra, Estados Unidos se dispondría así a desembolsar cientos de miles de millones de dólares para reparar lo que ha destruido.
Para añadir cacofonía a la tragedia, Donald Trump aseguró unas horas después de que el memorando se publicara en la prensa que no tenía previsto crear ningún fondo de reconstrucción. La publicación, pocas horas más tarde, de una versión del documento avalada por su propia Administración vino a contradecirlo.
Si dicho fondo llegara a existir, también plantearía problemas jurídicos en los que los negociadores estadounidenses no han pensado, o han fingido ignorar. Desde al menos 2019, Estados Unidos considera oficialmente que el sector de la construcción iraní está controlado por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). La Administración se lo comunicó al Congreso en 2020 y posteriormente en 2025. El mismo Congreso que deberá ratificar el memorando.
“¿Afirmará la Administración ante el Congreso que el CGRI se ha retirado del sector de la construcción iraní de la noche a la mañana? ¿O revocará la designación del CGRI como organización terrorista extranjera para allanar el camino?”, se pregunta Miad Maleki, exalto cargo del Departamento del Tesoro estadounidense encargado de aplicar las sanciones contra Irán.
A cambio de estas concesiones, Washington considera que ha obtenido dos victorias importantes. Además de la reapertura del Estrecho de Ormuz, Irán “reitera que nunca fabricará armas nucleares”, según el protocolo difundido por Bloomberg, e incluso que “no adquirirá ni desarrollará armas nucleares”, según una versión difundida unas horas más tarde por la Administración Trump.
El compromiso habría sido notable si no estuviera ya recogido en un acuerdo anterior, el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPoA), firmado por Barack Obama en 2015 y abandonado por Donald Trump en 2018. “Irán reafirma que en ningún caso tratará de diseñar, desarrollar o adquirir armas nucleares”, decía ya aquel texto.
Maniobras
El memorando de entendimiento prácticamente no dice nada sobre qué pasará con el uranio enriquecido iraní, que Trump prometió en varias ocasiones en el pasado “desenterrar” estuviera donde estuviera. Simplemente precisa (según el New York Times, ya que estos detalles no figuran en el texto difundido por Bloomberg) que su destino se “resolverá” en una fecha posterior y que podría ser “diluido in situ” (se desconoce en qué lugar) “bajo la supervisión” de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).
Todas las demás decisiones relativas al programa nuclear iraní se remiten al famoso y muy hipotético “acuerdo final” entre Washington y Teherán.
Ante la oleada de críticas que suscita el texto, incluso dentro del campo neoconservador —pese a que este era partidario de una guerra contra Irán—, los equipos de Trump han cambiado inesperadamente de argumento. Ahora aseguran que no hay que tomarse el acuerdo al pie de la letra: lo importante sería su simbolismo, más que su contenido estricto.
“No hay que dar demasiada importancia a la redacción del memorando”, afirmaba el miércoles 17 de junio una fuente de la Administración Trump a la corresponsal de la CNN en la Casa Blanca, aludiendo a un documento esencialmente “político”.
“Si no respetan el acuerdo, los estrechos permanecerán abiertos; en cualquier caso, habremos asestado un golpe terrible a su programa nuclear y, ya sabes, podremos seguir viviendo nuestra vida como país”, afirmó el vicepresidente estadounidense J. D. Vance.
“Es un memorando de entendimiento y, si no me gusta, volveremos a dispararles y a lanzarles bombas en plena cabeza”, declaró por su parte el presidente de Estados Unidos —y aún candidato declarado al Premio Nobel de la Paz— en vísperas de la reunión en la que se supone que firmará este texto histórico.
Memorando de entendimiento (texto íntegro)
Este es el texto íntegro del memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, que ambos han firmado electrónicamente este miércoles y que ratificarán este viernes en Suiza.
1. La República Islámica de Irán y Estados Unidos, así como sus aliados en la guerra en curso, declaran, desde la firma del presente Memorando de Entendimiento (MdE), el fin inmediato y permanente de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano, y se comprometen, a partir de ahora, a no emprender más acciones hostiles entre sí y a abstenerse de toda amenaza o uso de la fuerza entre sí. El acuerdo definitivo confirmará las disposiciones del presente artículo y de los artículos restantes.
2. La República Islámica de Irán y los Estados Unidos se comprometen a respetar sus respectivas soberanías e integridades territoriales y a abstenerse de injerencias en sus respectivos asuntos internos.
3. La República Islámica de Irán y los Estados Unidos se comprometen a negociar y alcanzar un acuerdo definitivo en un plazo máximo de 60 días, prorrogable de común acuerdo.
4. Desde la firma del presente MdE, Estados Unidos levantará el bloqueo naval y se abstendrá de cualquier injerencia u obstrucción respecto a la República Islámica de Irán, y restablecerá el tráfico en toda su capacidad en un plazo máximo de 30 días; el tráfico marítimo deberá ser proporcional al volumen de tráfico anterior a la guerra por parte de la República Islámica de Irán. Estados Unidos se compromete asimismo a retirar sus fuerzas de las zonas circundantes en los 30 días siguientes al acuerdo definitivo.
5. Tras la firma del presente MdE, la República Islámica de Irán adoptará inmediatamente medidas para garantizar que el tráfico de buques mercantes desde el Golfo Pérsico hacia el mar de Omán, y viceversa, se reanude al nivel anterior a la guerra en un plazo de treinta días, teniendo en cuenta la necesidad de que Irán elimine los obstáculos técnicos y neutralice las minas.
6. Estados Unidos se compromete, junto con sus socios regionales, a elaborar un plan global aprobado por ambas partes para la rehabilitación y el desarrollo económico de la República Islámica de Irán, garantizando al mismo tiempo una financiación de al menos 300.000 millones de dólares. El mecanismo de aplicación de este plan, que formará parte del acuerdo definitivo, se definirá en un plazo de sesenta días.
7. Estados Unidos se compromete a levantar, según un calendario que se acordará en el marco del acuerdo definitivo, todos los tipos de sanciones a las que se enfrenta actualmente la República Islámica de Irán, incluidas las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y del Consejo de Gobernadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), así como el conjunto de sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos, tanto primarias como secundarias.
8. La República Islámica de Irán reitera que nunca fabricará armas nucleares. La República Islámica de Irán y Estados Unidos han acordado que el destino de las materias enriquecidas y el de todas las demás cuestiones de carácter nuclear acordadas mutuamente, incluidas las necesidades nucleares de Irán, se abordarán adecuadamente en un acuerdo definitivo; el acuerdo definitivo confirmará las disposiciones del presente artículo.
9. La República Islámica de Irán y Estados Unidos acuerdan que, a la espera de un acuerdo definitivo, mantendrán el statu quo: Irán mantendrá el statu quo relativo a su programa nuclear, y Estados Unidos no impondrá nuevas sanciones a Irán ni reforzará sus fuerzas en la región.
10. Estados Unidos se compromete a que, inmediatamente después de la firma del presente MdE, y hasta la fecha del levantamiento de las sanciones, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos conceda exenciones para las exportaciones de crudo iraní, productos petroquímicos y sus derivados, así como para todos los servicios relacionados, incluidos los servicios bancarios, de seguros, de transporte y de otro tipo.
11. Estados Unidos se compromete a que, a la luz de los avances en las negociaciones hacia un acuerdo definitivo, los fondos y activos congelados o sujetos a restricciones de la República Islámica de Irán sean liberados y puestos a su plena disposición. Dichos fondos, ya se mantengan en la cuenta principal o se transfieran, se utilizarán para cualquier pago al beneficiario final determinado por el Banco Central de la República Islámica de Irán y estarán plenamente disponibles. Estados Unidos se compromete a expedir todos los permisos y licencias necesarios a tal efecto.
12. La República Islámica de Irán y Estados Unidos acuerdan que se establecerá un mecanismo de aplicación para supervisar la correcta aplicación y el compromiso futuro con el acuerdo definitivo.
13. Tras la firma del presente MdE, tan pronto como se reciban las garantías relativas al inicio de la aplicación de los artículos 4, 5, 10 y 11 del presente memorándum de entendimiento, así como a la continuación de su aplicación, la República Islámica de Irán y Estados Unidos iniciarán negociaciones con vistas a un acuerdo definitivo que se refiera exclusivamente a los artículos restantes.
14. El acuerdo definitivo será aprobado mediante una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Traducción de Miguel López
Todavía no se trata de un acuerdo definitivo, sino de un memorando de entendimiento. En cuanto a la forma, el texto validado por Teherán y Washington, que se supone pone fin a más de tres meses de guerra, sigue el modelo de anteriores documentos diplomáticos elaborados por la Administración Trump: es un texto breve, en forma de lista, con formulaciones a menudo vagas y, en ocasiones, contradictorias.