A primera vista, Pascal G. no era el más condenable de los hombres pillados en la redada que permitió la detención, dos semanas antes de Navidad, de una veintena de compradores de muñecas pornográficas infantiles. De hecho, este cincuentón canceló su pedido tres horas después de haberlo realizado. “Lo compré en plena noche y, al despertarme, me di cuenta de que había cometido una estupidez”, masculla el conductor de maquinaria, el viernes 9 de enero, ante el tribunal correccional de Avesnes-sur-Helpe (Norte). Pero dos horas de declaraciones revelarán un perfil muy inquietante, parapetado en la negación.
Según él, si pidió una muñeca sexual de pequeño tamaño fue para poder guardarla mejor en su auto-caravana. “¿En serio? ¿No es más bien la apariencia de una menor lo que le interesa?”, le espeta la fiscal.
Como no adquirió el objeto, Pascal G. está siendo juzgado por “consulta habitual de una web que ofrece representación pornográfica de menores”, debido a sus búsquedas en las plataformas de venta. Sobre todo porque pasó mucho tiempo pidiendo unas veces detalles sobre la profundidad de los “orificios”, otras vídeos que ilustran las etapas de fabricación...
Pero este soltero también comparece por “posesión” de imágenes de pornografía infantil. Los investigadores descubrieron en su teléfono y su equipo informático fotos y vídeos de menores prepúberes, entre ellas asiáticas, siendo sometidas a actos sexuales.
“Me robaron el teléfono”, intenta defenderse Pascal G. Después de recuperarlo, no se había dado cuenta de las descargas... ¿Robado dónde? “En Filipinas”, contestó. De 2019 a 2023, vivió en ese país “poco conocido” por los servicios policiales, un verdadero paraíso para los pedófilos.
Allí, este hombre cuenta que tenía “tiendas de ropa” y “un karaoke”. “No tuve tiempo de andar con menores”, precisa torpemente. “Trabajaba siete días a la semana. No vi nada”.
Bajo orden de detención internacional
Según se ha sabido, regresó en 2023 a la fuerza: Francia tuvo que extraditarlo. Al irse a Asia, Pascal G. se había librado de un seguimiento socio-judicial obligatorio en Francia, impuesto tras una condena penal: “Intento de sustracción de menor”, es decir, secuestro.
Y no era la primera vez: ya en 2009, Pascal G. había sido condenado por ese delito. “¿Qué pasó?”, quiere saber la presidenta. “Era una chica a la que quería llevar a casa”, alega. “No quería subir al coche”.
Es un pozo sin fondo: los antecedentes penales de Pascal G., que ya ha estado en la cárcel, suman doce menciones, entre ellas varias agresiones sexuales a menores de 15 años, la última de ellas en 2007. ¿A quiénes? “A la hija de un amigo”, susurra el acusado. Cuando se le pregunta por los nombres de sus víctimas, se muestra incapaz de recordarlos. “No sabría decirlo...”, confiesa.
La pornografía infantil es la expresión de un sistema en el que la dominación se convierte en fantasía y la violación en estética
Tras su extradición desde Filipinas y una nueva estancia entre rejas, Pascal G. volvió a ponerse en contacto con sus “amigas” allí. La presidenta se refiere así a esta escalofriante conversación: “Usted intercambió mensajes [con una mujer] diciendo: ‘Vamos a estar juntos y esperaré uno o dos años antes de tener una relación con tu hija’.” “Era un juego, palabrería... Me aburro”, susurra Pascal G. “Está proponiendo claramente violar a una niña”, dice indignada la fiscal Loren Noordman.
En el momento de la requisitoria, esta se centra en los dos delitos que se le imputan. En cuanto a las muñecas, Loren Noordman considera que “alimentan fantasías pedófilas, las refuerzan y contribuyen a una cultura de depredación. Es un terreno peligroso para pasar a los actos”.
En cuanto a los vídeos, la magistrada no oculta su repulsa: “No son simples imágenes. ¡Son cicatrices digitales, una biblioteca del crimen! El Sr. G. tomó una decisión: participar en la empresa mundial de destrucción de nuestros hijos. La pornografía infantil es la expresión de un sistema en el que la dominación se convierte en fantasía, la violación en estética y la sumisión en entretenimiento”. Dirigiéndose al tribunal, concluye: “Tienen ante ustedes a un depredador, y el riesgo de reincidencia es muy alto”.
Pascal G., que ya se encontraba en prisión preventiva a la espera de juicio, vuelve a la cárcel. Se le impone una pena de treinta meses de prisión, acompañada de un seguimiento socio-judicial de cinco años, con orden de tratamiento, prohibición definitiva de ejercer en contacto con menores e inscripción en el fichero judicial automatizado de autores de delitos sexuales o violentos (Fijais). Según nuestra información, ha presentado un recurso.
Dieciocho jurisdicciones implicadas
Desde que estalló el “escándalo Shein” en noviembre de 2025, Francia está explorando las ramificaciones de esta delincuencia de las “muñecas”, considerada durante mucho tiempo marginal, cuando no “anecdótica”, y nunca analizada, en particular en su relación con su paso a actos delictivos. A falta de estadísticas nacionales y estudios científicos, aún cuesta determinar su alcance.
Para conocer la trayectoria de la veintena de clientes de las plataformas Shein y AliExpress identificados por la justicia en noviembre, habrá que esperar varios meses más y seguir el trabajo de dieciocho jurisdicciones. Según la fiscalía de París, un tercio ya es “conocido por actos de naturaleza sexual con menores”. Y en varios juicios ya se han revelado los perfiles de los depredadores.
Así, el sujeto que ha comparecido en Aix-en-Provence (Bouches-du-Rhône) a principios de enero de 2026 había sido condenado veinte años antes por agresión sexual incestuosa a su hija. Este electromecánico de 56 años afirmó en la vista que había comprado su “muñeca” sin intención sexual, porque “soñaba” con ser profesor: “Mi idea era grabarme frente a un maniquí para ver cómo me comportaba, cómo me expresaba... “ La negación se va haciendo hueco sin merma del ridículo.
En Tarbes (Altos Pirineos), a mediados de diciembre, el acusado hizo unas confesiones sorprendentes. Este padre de familia reconoció no solo la compra de una muñeca, sino también una agresión sexual cometida hace tiempo contra una amiga de su hija, entonces de 8 años, que siempre había negado y por la que había obtenido un sobreseimiento en 2022. Por el conjunto de los hechos, fue condenado a dos años de prisión.
Por otra parte, casi cada semana desde noviembre, se denuncia ante la justicia una nueva página web, ya sea por parte de las autoridades o de asociaciones, en particular Mouv’enfants, que se ha lanzado a una caza sin precedentes de vendedores y fabricantes.
La fiscalía de París ya ha abierto al menos cinco diligencias, dirigidas no solo contra Shein y AliExpress, sino también contra las web de Little Sex Dolls, Temu y Wish. El 12 de enero de 2026, la fiscalía de Hauts-de-Seine abrió una sexta diligencia contra Sex Dolls Europe. Según los casos, se persiguen dos delitos distintos: la difusión de representaciones de pornografía infantil (las propias muñecas) o la difusión de contenidos pornográficos accesibles a menores sin restricciones.
Explosión de contenidos de pornografía infantil
La profusión de ofertas de muñecas sexuales con cara de niñas se inscribe claramente en un contexto de explosión de contenidos de pornografía infantil disponibles en el espacio digital, incluidos los generados por la inteligencia artificial.
Según los datos facilitados a Mediapart por el ministerio de Justicia, el número de condenas definitivas por el delito de posesión o difusión de imágenes de pornografía infantil se ha disparado un 70 % en diez años, pasando de 848 en 2015 a 1419 en 2024.
Al mismo tiempo, la justicia se está volviendo algo más severa. En 2024, la pena media por posesión o difusión era de 16,4 meses de prisión firme (cuando se trataba del delito principal), frente a los 13,5 meses de 2015.
Preguntado sobre el número de obligaciones de tratamiento ordenadas de forma complementaria por los jueces, el ministerio no ha podido respondernos. Pero parece que está aumentando la propensión de los magistrados a recurrir a ellas, con la esperanza de prevenir mejor los actos delictivos o la reincidencia.
Pero esos tratamientos no son una “solución milagrosa”, pues es probable que parte de los comportamientos a los que se dirigen no tengan nada que ver con trastornos psiquiátricos. Además, esos seguimientos resultan complicados de poner en marcha, debido a la falta de psiquiatras disponibles, y de controlar, debido al secreto médico.
El precedente de 2020
Emmanuel B., por su parte, afirma haber cumplido con su obligación de recibir tratamiento, que finalizó el año pasado. Localizado por Mediapart, este treintañero fue condenado en 2023, en medio de una relativa indiferencia, tras el primer escándalo, ocurrido en 2020, sobre la venta de muñecas pornográficas infantiles. En aquel momento, la plataforma implicada se llamaba Amazon. Y para que la justicia se pusiera en marcha, fue necesario que una asociación, La Voix de l'enfant, presentara una denuncia contra la empresa americana.
Amazon había transmitido a la justicia la identidad de un solo comprador: Emmanuel B., un técnico soltero sin antecedentes penales, que en el momento de su detención ya se había deshecho de la muñeca, “asqueado”. “Era como un cadáver”, explicó a los gendarmes. “Era muy grande, no cabía en el cubo de basura. Así que la corté en trozos pequeños y la tiré al vertedero”.
La investigación sobre la parte “cliente” se cerró rápidamente. De su entorno, solo su hermano fue interrogado sobre posibles “comportamientos inapropiados” hacia sus hijos, a lo que él respondió: “No, nunca”.
El informe psiquiátrico fue tranquilizador: aparte de una depresión grave, el médico no detectó ninguna “peligrosidad criminológica”. El tribunal correccional de Dieppe optó así por una pena leve de tres meses de prisión condicional, sin imponer ninguna prohibición de actividad con niños. Ni siquiera la inscripción en el Fijais. Simplemente, Emmanuel B. estaba obligado a someterse a tratamiento psiquiátrico durante dos años.
“Tenía muchas ganas de suicidarme”, declara hoy. “Pero recibí un buen seguimiento por parte del Spip [el servicio penitenciario de inserción y libertad condicional de la administración penitenciaria, ndr] y del hospital. Sigo yendo a un psiquiatra, aunque ahora lo necesito mucho menos. Considero que ha sido un mal para un bien. La pena fue muy justa; el seguimiento de proximidad, algo muy positivo. El hecho de comprar una muñeca así no me parece dramático en sí mismo, pero es una muy mala señal”.
¿Ha llamado usted alguna vez al número nacional dedicado a las “personas atraídas por los niños”, gestionado por profesionales de la salud? “Nunca”. Aunque el Spip le habló de ello.
A la psiquiatra Anne-Hélène Moncany, especialista en el tratamiento de autores de delitos sexuales, se le preguntó sobre la probabilidad de que haya un depredador detrás de cada comprador, y nos declaró en noviembre: “Desde el punto de vista científico, este debate no está zanjado [por falta de datos, ndr]. Pero lo que importa es que, entre estos compradores, hay algunos que corren un alto riesgo de agredir sexualmente a niños. De ahí la necesidad de sancionar, pero también de actuar con esas personas, para tratar de que no agredan a quienes les rodean.”
En opinión de Emmanuel B., la mejor forma de prevención es “romper el tabú, saber que hay gente así”: “Sé que nos pueden pasar cosas cuando somos pequeños... Si lo que ocurre en las familias fuera menos tabú, quizá habría más gente que acudiría al médico para evitar encerrarse eso y pasar a la acción. También debería ser más fácil acceder a un psiquiatra”, explica.
Afirma que nunca ha agredido a nadie. Cuando Mediapart preguntó a la fiscalía de Dieppe si la justicia había tenido que ver con Emmanuel B. desde 2023, no respondió.
Las plataformas hasta ahora se han salvado
Pero lo que llama la atención de este procedimiento, iniciado en 2020 y cerrado tres años después con la condena de un solo hombre, es que Amazon nunca ha sido procesada. Sin embargo, en un principio, la denuncia de La Voix de l'enfant se dirigía precisamente contra la plataforma estadounidense, en particular por “explotación de imágenes de pornografía infantil”.
Pero los productos eran ofrecidos por dos vendedores independientes chinos, “responsables de la publicación de sus productos en Internet”, declaró el director jurídico de Amazon a la policía. “Cuando Amazon fue informada de la existencia de esos productos, los retiró inmediatamente”, añadió. “Y prohibió a terceros vendedores seguir vendiendo en Amazon.fr”. Un argumento similar al de Shein hoy en día.
Y lo que es peor: en aquel momento, la justicia descubrió que una de las empresas chinas vendía sus muñecas en otra plataforma, AliExpress. Contactado por los investigadores, el grupo propietario, Alibaba, retiró sus productos. Pero “se negó a facilitar todos los datos relativos a los compradores”, según un documento del expediente consultado por Mediapart. “Además, no se pudo interrogar a ningún responsable [de Alibaba]”. Una estrategia obstructora eficaz.
Al final, en este caso de 2020, la justicia archivó la parte relativa a las “plataformas”, considerando sin duda que no había intención de cometer un delito.
“Lamento esa pusilanimidad”, lamenta hoy el abogado de La Voix de l'enfant, Frédéric Benoist. “Habría sido importante presionar a las plataformas en aquel momento. Que al menos se hubiera llevado a cabo un debate ante un tribunal para determinar si la falta de medidas de seguridad suficientes hubieran podido determinar su responsabilidad penal. Si no, llegamos a donde estamos hoy...”
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Cinco años después de su primera acción, La Voix de l'enfant volvió a presentar una denuncia por la distribución de muñecas, en noviembre de 2025, contra Shein y AliExpress. Esta vez, con la esperanza de que se celebre un juicio.
Traducción de Miguel López
A primera vista, Pascal G. no era el más condenable de los hombres pillados en la redada que permitió la detención, dos semanas antes de Navidad, de una veintena de compradores de muñecas pornográficas infantiles. De hecho, este cincuentón canceló su pedido tres horas después de haberlo realizado. “Lo compré en plena noche y, al despertarme, me di cuenta de que había cometido una estupidez”, masculla el conductor de maquinaria, el viernes 9 de enero, ante el tribunal correccional de Avesnes-sur-Helpe (Norte). Pero dos horas de declaraciones revelarán un perfil muy inquietante, parapetado en la negación.