IGUALDAD
Los hombres celebran la paternidad pero siguen sin asumir el peso de los cuidados
Si la lógica feminista de poner los cuidados en el centro obliga a una revalorización de las tareas asumidas tradicionalmente por las mujeres, también lanza una pregunta incómoda: ¿dónde están los hombres? Sobre el papel, la igualdad formal es plena. Pero en la privacidad de los hogares, en la puerta de los colegios y en la sala de espera del pediatra, la cosa cambia.
Hasta no hace tanto, los hombres que acababan de ser padres sólo disponían de dos días por el nacimiento de su bebé, ampliables a cuatro. Apenas una concesión simbólica que desplazaba todo el peso de la crianza sobre las madres. A finales de los noventa, la legislación introdujo la posibilidad de transferir diez de las semanas del permiso de maternidad a los padres, pero no se trataba de un permiso de paternidad autónomo.
No fue hasta 2007 cuando la Ley de Igualdad incluyó formalmente un permiso específico para ellos, fruto de un clamor feminista: el de caminar hacia permisos iguales e intransferibles. Y desde entonces, la prestación cumple con esa proclama histórica que hasta hace poco parecía irrebatible. Actualmente, tanto los hombres como las mujeres cuentan con diecinueve semanas de permiso. Las seis primeras han de disfrutarse de forma obligatoria tras el nacimiento del bebé, otras once cuentan con cierto margen de maniobra para un disfrute flexible y las dos restantes pueden utilizarse hasta que la criatura cumpla ocho años.
A simple vista, la panorámica resultante no parece suscitar ningún debate, pero un vistazo al plano detalle sí permite vislumbrar algunas grietas. Si bien es cierto que la equiparación de los permisos conlleva un equilibrio en su disfrute, la igualdad real sigue siendo una quimera. "Los padres se toman el mismo tiempo de permiso que las madres, pero no lo utilizan de la misma forma", advierte Teresa Jurado, portavoz de la Plataforma por Permisos Igualitarios (PPiiNA).
Así lo explica: los hombres tienden a manifestar cierta inercia a la hora de utilizar el permiso seguido, sin ninguna interrupción y de forma paralela a sus compañeras. "Aproximadamente el 50% lo cogen de forma simultánea a las madres. Desde el punto de vista feminista, sabemos que cuando ambos progenitores están juntos es más fácil que el padre ejerza un rol de ayudante", sostiene la portavoz en conversación con infoLibre. Por el contrario, cuando ellos disfrutan del permiso de forma aislada, tienden a "responsabilizarse más".
¿Permisos iguales e intransferibles?
Con el paso de los años y el avance de las políticas públicas de conciliación, han ido emergiendo voces críticas con la fórmula clásica de los permisos iguales e intransferibles. María José Burgos, portavoz de la plataforma PETRA Maternidades Feministas, se inclina por la convivencia entre un permiso de maternidad específico y un permiso parental genérico: el primero, enfocado en cuidar la salud de las madres; el segundo, para el cuidado de la criatura.
"La mayoría de las madres pasamos por una serie de procesos sexuales y reproductivos –embarazo, parto, posparto, lactancia materna y puerperio– por los que no pasan los padres", sostiene a preguntas de este diario. Así que "igualar lo que no es igual es discriminatorio para las madres".
Burgos tampoco cree que la igualación e intransferibilidad de los permisos suponga un blindaje automático en cuanto a los derechos laborales de las trabajadoras. "La realidad es que las empresas nos discriminan por ser mujeres", asiente. "Tenemos los empleos más precarios y peor remunerados porque en un sistema patriarcal todas las actividades realizadas por las mujeres siempre tendrán menos valor y serán más precarias, incluida el empleo". Evitar la discriminación, expresa, sólo será posible de una manera: vigilando y sancionando a las empresas que discriminan.
La letra pequeña
Según el Barómetro sobre Conciliación de las Madres Profesionales, publicado por Mamis Digitales, dos de cada tres mujeres han aceptado condiciones laborales peores por conciliar, el 78,2% ha renunciado a una oportunidad laboral y nueve de cada diez siente que su tiempo personal ha desaparecido. Hay más: el 82% de las mujeres ha tomado alguna decisión que ha afectado de alguna manera a su trayectoria profesional al convertirse en madre, como reducir su jornada laboral (44%) o usar una excedencia por cuidado (23%), traza el estudio El peso invisible de la maternidad, confeccionado por la organización Malasmadres.
Los últimos datos consolidados publicados por el Ministerio de Trabajo reflejan un total de 54.639 excedencias registradas el año pasado, el 83,1% utilizadas por mujeres y el 16,9% por hombres. Hay que tener en cuenta, puntualiza Teresa Jurado, que en realidad "muy pocas mujeres se cogen excedencias", en cambio sí hay más que "hacen uso de la reducción de jornada". Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2024, un total de 417.400 personas ocupadas trabajaban a tiempo parcial para cuidar a personas dependientes. Y de ellas, 381.700 eran mujeres (91,4%) y 35.700 hombres (8,5%).
El hecho de que las excedencias y las reducciones de jornada sean eminentemente femeninas puede explicarse por dos fenómenos que interseccionan entre sí. Por un lado, la evidencia de que un permiso de maternidad de diecinueve semanas es del todo insuficiente para las madres. Por otro, la posición de las mujeres en el mercado laboral hace más fácil su expulsión: si una pareja debe renunciar a un sueldo, probablemente renunciará al más precario.
"Las excedencias implican un empobrecimiento pues no son remuneradas", recuerda María José Burgos, quien cita también los datos respecto a las reducciones de jornada. "La alta demanda de cuidados de una criatura, la lactancia materna y el deseo de las madres de estar cerca de sus bebés son motivos de peso como para hacerlo. El problema es el empobrecimiento que conlleva y los lastres en el puesto de trabajo que a veces comporta", sostiene.
En ese sentido, las políticas públicas "deberían tener primero en cuenta las necesidades del bebé y de su madre, porque al final las madres estamos cuidando gratis con excedencias sin sueldo, reducciones de jornada con la consiguiente reducción salarial o directamente abandonando empleos para dar respuesta a las necesidades de la primera infancia y suplir el escaso permiso materno". A su juicio, "lo feminista y corresponsable socialmente sería proteger y remunerar los cuidados de la infancia según sus necesidades vitales".
Tras las puertas del hogar
"Si el feminismo ha asumido la enorme tarea de pensar los cuidados se debe a que, en la estructura de pensamiento patriarcal, estos siempre han sido relegados a la esfera de lo femenino", escribe la investigadora Mercedes López Mateo en su libro Arqueología de los cuidados (Alianza Editorial). La voz, plantea la escritora, pertenece a los hombres, mientras que "los afectos, los cuidados y la mirada atenta nos fueron inculcados como patrimonio de la feminidad y, sobre todo, del espacio privado del hogar".
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¿Y qué ocurre en el espacio privado del hogar? Que sigue apuntalando esa lógica. El 86% de las mujeres que convive en pareja asume la responsabilidad principal de la organización familiar y el 66% se siente sola con frecuencia en el trabajo de cuidar, según la encuesta de Malasmadres. En consecuencia, tres de cada cuatro mujeres sienten que la falta de conciliación ha afectado a su salud física o mental.
Una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicada hace ahora dos años, recogió que ellas dedican casi el doble de horas de media al día para el cuidado de los hijos respecto a sus compañeros varones.
Jurado cree que toda transformación del sistema deberá venir precedida de un cambio cultural. "Y las políticas son un catalizador y una herramienta para el cambio", afina. Pero, ¿basta con las leyes para construir ese cambio? En un acto organizado este miércoles por Malasmadres, el jurista Octavio Salazar propuso algunas respuestas: "Llevamos años dándole vueltas a los mismos temas y hemos avanzado, pero tenemos que seguir cuestionando todo el sistema, cómo entendemos la economía, el trabajo y los cuidados. Y tenemos que problematizar la masculinidad, no sólo en cómo nos relacionamos con las mujeres, sino también por el rol que ocupamos a nivel social".