El feminismo sale a la calle el 8M para plantar cara a la reacción ultra y a la escalada belicista internacional

Manifestación con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, convocada por la Comisión 8M de Madrid', a 25 de noviembre de 2025.

El feminismo ha rugido en las calles contra los feminicidios, ha clamado por la libertad sexual de las mujeres y por la defensa sin matices del derecho al aborto. Lo ha hecho año tras año, llenando las calles e interpelando a decenas de miles de personas que han acudido puntuales a la cita del 8M. El movimiento feminista ha sido tradicionalmente un espacio de reivindicación legítima, pertinente y justa, una trinchera construida en base al consenso social. Pero la desmovilización generalizada, el avance reaccionario y la institucionalización del antifeminismo, caen como una losa sobre las espaldas de las feministas.

Precisamente debido a la urgencia del contexto presente, hoy es más importante que nunca salir a las calles. Así lo entiende Lourdes Borrás, militante del Movimiento Feminista de Madrid. "La movilización ciudadana es importantísima dada la situación de los derechos de las mujeres, tanto en este país como en el mundo", asiente al otro lado del teléfono. 

La activista Justa Montero conjuga el arrojo propio del movimiento feminista con la inquietud derivada de la coyuntura actual. "Los ánimos están bien, pero hay preocupación por todo lo que sucede", perfila al otro lado del teléfono. Montero se detiene en el contexto bélico internacional y en la situación de violencia generalizada contra las mujeres, pero también en la voluntad de no permanecer calladas: "Somos más en todas partes", clama.

También invoca el "ahora más que nunca" Laura Aparicio, activista en la Comisión 8M de Madrid. "Es el momento de unirnos y ser fuertes porque se puede, ha pasado otras veces y hemos podido ganarles", sentencia, para enseguida poner énfasis en la lógica feminista de hacer memoria: "No queremos que eso se olvide".

El desafío de la ultraderecha

El momento de "avance de la ultraderecha" es en realidad el "caldo de cultivo" perfecto para la "pérdida de derechos de las mujeres", perfila Borrás. Así que las feministas no están en condiciones de bajar la guardia

También lo cree así Charo Luque, activista en la Plataforma 8M de Sevilla, quien introduce la tarea de contener el avance reaccionario en todos los frentes. Habla de sanidad pública, educación laica y derechos laborales. También de abolicionismo de la prostitución y de construir una sociedad libre de violencias patriarcales. Recuerda que "los avances cuestan mucho" y que hoy campan a sus anchas discursos que hasta hace poco "no eran políticamente correctos". 

"Ya no hay ningún tipo de vergüenza a la hora de expresarlo y hacer una defensa de barbaridades absolutas que chocan con el mínimo concepto de democracia y derechos humanos", lamenta la activista sevillana. El peligro no es abstracto, sino que se concreta en la pérdida progresiva de derechos y en la merma de las condiciones materiales para las mujeres. "El discurso de la ultraderecha va avanzando y parece que reírse de los derechos de las mujeres sale gratis, hasta se hace gala de ello en las instituciones".

¿Qué pasa con los jóvenes?

Y en paralelo al avance reaccionario, otras malas noticias: el porcentaje de población joven que se autopercibe como feminista ha ido experimentando un descenso progresivo en el último lustro. El Barómetro Juventud y Género de 2025, publicado por Fad Juventud, muestra un incremento progresivo del sentir feminista hasta 2021 y un descenso desde entonces. Hoy, el 46,1% de los jóvenes no se considera feminista y el 15,5% no tiene una respuesta clara. Cerca de la mitad (49,2%) percibe el feminismo como una herramienta de manipulación política.

Pese a la ofensiva reaccionaria y sus efectos en las generaciones más jóvenes, las activistas feministas se sienten cargadas de razones. "Es obvio el auge de la extrema derecha, pero hemos visto que la gente buena somos más", incluso aunque no exista una identificación expresa con el feminismo, razona Aparicio. Lo son, observa la activista, aquellas personas que salen a parar una vuelta ciclista en defensa del pueblo palestino, aquellas que protestan ante un desahucio y las que sencillamente ofrecen ayuda al vecino. "A mucha gente le da miedo denominarse como feminista, pero nos resistimos a que sea una derrota".

La propia encuesta, hilvana Montero, ofrece algunos motivos para sortear la desafección. El 48,9% de los jóvenes considera que existen desigualdades de género grandes o muy grandes y el 49,2% afirma que el feminismo es necesario para paliarlas. "La situación es mucho más compleja de lo que muestran las encuestas y tiene muchas paradojas", advierte la activista. La receta, a su juicio, pasa por atender a la "necesidad de escucha, diálogo y pedagogía".

Borrás se aferra a otra realidad: la brecha de género. Ellas siguen considerándose feministas en mayor medida, un 51,3% de chicas lo señala así según la encuesta citada. "Hay que seguir trabajando, pero al final cuando una sufre la opresión en sus propias carnes, toma conciencia", así que ellas también "vendrán al feminismo".

Luque, en cambio, reconoce temor ante los pasos hacia atrás. Hace unos años, la resistencia de los jóvenes a identificarse como feministas tenía que ver con que la desigualdad era percibida como "un capítulo pasado de nuestra historia", pero el problema ahora es otro, sostiene: el discurso feminista se banaliza, los bulos corren como la pólvora y la idea de los hombres como los grandes oprimidos cobra fuerza. 

Movilizar y transformar

8 de marzo de 2017. Unas 40.000 personas salieron a la calle en Madrid, según cifras de la Delegación del Gobierno –muy por debajo de los cálculos de las organizaciones–. La asistencia se cuadruplicó al año siguiente: fueron 170.000 los manifestantes entonces. Pero el pico histórico estaba aún por llegar. En 2019, salieron a las calles de Madrid 375.000 personas y la participación no bajó de las 200.000 personas en territorios como Barcelona, Valencia o Zaragoza. El músculo del feminismo tendría un impacto internacional.

Después llegaría la pandemia. Y a partir de ahí, la caída en picado. El año pasado fueron 25.000 los manifestantes que desfilaron por el empedrado madrileño. "Una mirada histórica del feminismo nos muestra que puede haber momentos pujantes y después una reacción del sistema patriarcal", apostilla Borrás. No es una dinámica que les resulte ajena, "pero las feministas han estado en las trincheras muchas veces a lo largo de la historia". Detrás del 8M está el "trabajo de mujeres que tienen el convencimiento de que es la única vía para vivir en igualdad plena y libres de violencia, no hay otro camino".

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Para Luque, el mayor activo del feminismo no son tanto sus habilidades en clave movilizadora, sino su "capacidad para transformar". Así lo han demostrado, asiente la activista, a lo largo de la historia. "La capacidad de movilizar puede ser muy puntual, ligada a una serie de circunstancias que en nuestro caso dieron pie a las grandes manifestaciones", afina. Ha habido desde entonces un cambio cultural, pero el trabajo por apuntalar el feminismo como uno de los principales movimientos sociales con vocación transformadora se mantiene intacto.

Recuperar el entusiasmo

Las feministas no esquivan al fantasma de la división interna, una herida que parece haber dejado de supurar. Por un lado, hay quien habla de la imposibilidad de avanzar de la mano de quienes niegan derechos a compañeras de trinchera. Por otro, no son pocas las voces que sitúan como irrenunciable la defensa de la mujer como sujeto político de la lucha. La mayoría de las activistas han naturalizado las diferencias y si en algo coinciden es, precisamente, en la necesidad de salir a las calles ante un enemigo común: la extrema derecha.

Aparicio confía en reavivar aquel fulgor feminista que sí se expresó en las grandes manifestaciones. "Es normal que la gente esté saturada o que no sea capaz de ver que salir con el feminismo es también luchar contra otras amenazas, pero este año podremos recuperar esa motivación", dice convencida.

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