Desaparecida en su casa Miguel Lorente Acosta
¿Cómo es posible que una mujer haya estado desaparecida durante dos años en su propia casa?
Ocurrió en Murcia, en la pedanía de San José de la Vega, lugar donde la mujer y su pareja se trasladaron desde Barcelona, pero nada más llegar él le quitó el móvil, la encerró (con frecuencia atada de manos), y la sometía a palizas y agresiones sexuales.
Al menos tres personas, además del agresor, conocían la situación y ninguna hizo nada para que acabara. El pasado 12-2-26, la mujer logró escapar en un descuido del secuestrador, que quedó rendido tras agredirla una vez más, circunstancia que le permitió escapar después de saltar el muro de la casa, y pedir ayuda.
La cuestión no es tanto cómo ha podido ocurrir esta situación, sabemos que este tipo de hechos se pueden producir como parte de la violencia de género, sino cómo no se ha solucionado antes.
Lo ocurrido en Murcia en su esencia es similar al resto de casos de violencia de género. Cualquier maltratador busca el mismo objetivo, controlar y someter a la mujer con la que mantiene una relación para que su vida transcurra alrededor de lo que él decide e impone. La forma de llevar a cabo esa imposición y el nivel de control que establezca varía de un caso a otro, pero todos vienen caracterizados por ese control levantado sobre la violencia como realidad y como amenaza.
Se trata de una violencia “aleccionadora” que tiene como objetivo que la mujer interiorice qué es lo que le puede pasar de no hacer lo que el agresor impone. Esa es la razón por la que los maltratadores mantienen las agresiones a pesar de tener el control de la situación, porque no es una violencia para resolver situaciones puntuales que se hayan podido presentar, sino que se ejerce para que la mujer entienda cuál su lugar en la relación, y para que el agresor se sienta dueño y señor de la situación. Por eso, en este caso extremo de control absoluto derivado de la retención en el domicilio, continuaba con las agresiones, porque con ellas hacía a la mujer más sumisa para que no escapara, y él se sentía más hombre y más dueño de la situación.
Los elementos con el resto de casos de violencia de género son los mismos, aunque aparecen con distinto grado, pero en todos ellos el objetivo es el control, y la violencia se ejerce de manera continuada y de diferentes formas, incluida la sexual. En todos los casos hay personas de los entornos que conocen la existencia de la violencia, en todos suelen responder con pasividad por entender que es un “problema de pareja”, y en todos la sociedad con frecuencia se hace más preguntas sobre la actitud de la víctima (por qué no denunció, por qué no escapó antes, por qué no gritó…) que sobre la violencia del agresor.
La sociedad está desaparecida de la realidad de la violencia que sufren las mujeres, y lo terrible es que algunos se esconden aún más con su negacionismo
Y cuando todo este escenario se mantiene durante dos años, gracias a que la víctima finalmente pudo escapar, no a intervenciones externas, significa que quien está desaparecida es la sociedad, que vive al margen de la realidad de la violencia contra las mujeres, y hace que una parte de la respuesta institucional también esté ausente.
Las referencias son claras. Cuando una mujer desaparece, el primer lugar donde hay que buscarla, o donde hay que intentar localizar al posible responsable de la desaparición, es el hogar. Y no, como algunos quieren hacer creer, por “ideología” o por “ir contra los hombres” o porque se parta de la idea de que “todos los hombres sean maltratadores”, sino por la evidencia y las estadísticas que demuestran la realidad de la violencia de género. Veamos algunos datos:
Todos estos datos indican que el lugar donde las mujeres viven más violencia es el hogar, donde sufren más agresiones sexuales es el hogar, y donde son asesinadas con más frecuencia es el hogar. La conclusión es clara: si el hogar es el lugar de más peligro para las mujeres, ¿cómo es que una mujer desaparece y nadie investiga durante dos años el hogar ni a los hombres que viven en él, especialmente a su pareja?
Además, la historia nos ha mostrado casos terribles de mujeres desaparecidas en su hogar por la violencia de hombres cercanos a ellas, como el caso de Josef Fritzl en Austria, que en 1984 ocultó a su hija en el sótano de su casa y la estuvo violando durante 24 años, llegando a tener 7 hijos con ella. O el del padre del condado de Sheffield en Reino Unido, que dejó embarazadas a sus dos hijas 19 veces durante 35 años (la mayoría de los embarazos terminaron en abortos), y se cambió 67 veces de domicilio para ocultar la situación.
La sociedad con su machismo está desaparecida de la realidad de la violencia que sufren las mujeres, y lo terrible es que algunos se esconden aún más, incluso en Parlamentos e instituciones, con su negacionismo.
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Miguel Lorente Acosta es médico y profesor en la Universidad de Granada y fue Delegado del Gobierno para la Violencia de Género.
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