El "cordón sanitario" de Feijóo Miguel Lorente Acosta
Alberto Núñez Feijóo fue muy claro en su comparecencia del 29-12-25 cuando dijo que para él el “cordón sanitario” era Bildu, no Vox. Y es obvio que la razón para mantener a Bildu al otro lado de la cuerda es la violencia de ETA, y la relación existente entre los postulados de la banda terrorista y algunos sectores del actual grupo parlamentario. Un rechazo que resulta entendible para una parte importante de la sociedad al no haber condenado desde determinados sectores de EH Bildu la violencia de ETA de manera explícita.
Ya comentamos que el hecho de que una banda terrorista abandone la violencia, y que muchas de sus ideas se reivindiquen hoy a través de la política es un triunfo de la democracia, no del terror, lo cual no impide una crítica desde el punto de vista ético a quienes juegan o manejan de manera interesada todas esas circunstancias, sin participar de manera integral en el marco que define la democracia, el cual no puede dejar un espacio, por mínimo que sea, a la violencia como instrumento de acción política.
Y es precisamente ese marco democrático asentado en la convivencia, la pluralidad y el respeto el que debe definir el “cordón sanitario” con quienes bajo el argumento de sus ideas lo rompen y crean resquicios para que la violencia esté presente en alguna de sus formas. Pero no es Bildu quien lo rompe, sino Vox. Y lo hace cada vez que niega la violencia de género, y en cada ocasión que exige en sus pactos o en sus políticas la reducción de las medidas contra ella, la disminución de los recursos de asistencia a las víctimas, y la cancelación de las iniciativas educativas que actúen contra las ideas machistas que sustentan la violencia contra las mujeres.
Es la ultraderecha la que está haciendo política con la violencia, en su caso con la violencia contra las mujeres, cosa que no hace EH Bildu con la violencia de ETA en sus propuestas. Y esa política negacionista lo que niega, entre otras cosas, son las 1342 mujeres asesinadas desde 2003, y los 65 niños y niñas asesinados a partir de 2013. Frente a todo ello, Núñez Feijóo no establece ningún cordón sanitario, pero sí ante un partido político relacionado con las ideas que defendía una banda terrorista como ETA, que asesinó a 855 personas y ya no existe. Es decir, para Núñez Feijóo es más grave una violencia que asesinó a 855 personas en 42 años, y que ya ha desaparecido, que una violencia que ha asesinado a 1342 mujeres en 23 años, y continúa matando.
El PP podrá ganar unas elecciones y gobernar con Vox, pero lo que nunca olvidará la sociedad es lo que hagan con la violencia que sufren las mujeres y las niñas, y cómo fue la relación con quienes la instrumentalizan políticamente al negarla. Ahora cuestionar las medidas contra la violencia de género, hablar de “chiringuitos” y de “denuncias falsas” puede dar votos, como antes los dio apoyar a ETA, pero el tiempo corregirá la barbaridad que supone instrumentalizar la violencia.
El PP podrá ganar unas elecciones y gobernar con Vox, pero lo que nunca olvidará la sociedad es lo que hagan con la violencia que sufren las mujeres y las niñas
El objetivo de PP y Vox es alimentar al machismo cultural que siempre ha estado presente. El mismo machismo que hasta 2004 rechazaba aprobar una ley que abordara de manera específica las características de la violencia de género. Para esas posiciones era más importante ocultar la violencia contra las mujeres entre la “violencia familiar y doméstica” que reconocer sus diferencias y reducir el número de mujeres asesinadas, como se ha conseguido con la Ley Integral al disminuir un 19% el número de homicidios en los últimos 11 años respecto a los 11 primeros.
Ahora la niegan porque ya sabemos que existe y que cada día unos 6700 hombres maltratan a sus parejas o exparejas (Macroencuesta 2024). Y la niegan porque su negacionismo es “afirmacionismo”; es decir, niegan para reafirmar y reivindicar una cultura machista en la que la violencia de género se entiende como algo normal y propio de las relaciones de pareja, tanto que el límite lo sitúan en la intensidad de la violencia, no en la violencia en sí. Es lo que afirma el 19,2% de los jóvenes cuando dicen que “si la violencia es de poca intensidad, no es un problema para la relación de pareja” (Centro Reina Sofía, 2023).
Las palabras de Núñez Feijóo son claras, no establece cordón sanitario alguno frente a quien no actúa ante una violencia que asesina a 58 mujeres cada año y maltrata a 6700 cada día, pero sí contra los entornos de quien asesinó hace más de 10 años y ya no lo hace. Sin duda una imagen muy gráfica de lo que es un partido conservador, no sólo por el significado de las ideas y valores que defienden, sino porque muestra cómo para esas posiciones el pasado tiene más importancia que el presente y el futuro.
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Miguel Lorente Acosta es médico y profesor en la Universidad de Granada y fue Delegado del Gobierno para la Violencia de Género.
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