“No a la guerra” sobre fondo rojigualda

El mundo está en manos de un genuino idiota. Y criminal. Violó a su propia esposa, quien luego retiró la acusación a cambio de unos millones de dólares en la negociación del divorcio. Le condenaron por coaccionar y chantajear a una actriz porno con la que se acostó. Ha sido condenado también en otras causas diversas y de muchas ha escapado con dinero y trampas. Se ha reído en la mismísima cara de Zelenski, de Macron, de los haitianos, los mexicanos y los senegaleses, así en general. Miente con desparpajo en cada intervención. Ha sido cómplice de la destrucción de Gaza para dejar a su yerno el proyecto de construcción de un complejo de sol y playa sobre los cadáveres de no menos de 80.000 seres humanos, la mayoría niños y mujeres. Fuentes bien informadas calculan que su patrimonio personal se ha incrementado en unos 4.000 millones de dólares desde que llegó a la Casa Blanca en este su segundo mandato.

A las tropelías de este individuo incatalogable se añaden los signos de un nivel de horterada y megalomanía nunca vistos desde Luis XIV de Francia. No solo se pone celoso porque no le conceden el premio Nobel de la paz, sino también porque alguien, por ejemplo Maduro, presume de bailar “mejor” que él. Ha ordenado poner su nombre al mismísimo Centro Kennedy de las Artes, ahora denominado The Donald J. Trump and the John F. Kennedy Memorial Center for the Performing Arts. Meses después, cuando algunos artistas cancelaron sus programas ante semejante estupidez, el presidente anunció el cierre temporal del Centro. Está presta para inaugurarse, seguramente en Florida, la monumental escultura llamada Don Colossus (algo así como “Donald, el coloso”), una representación del presidente a cuerpo completo de dos pisos de altura, proporcional en tamaño y mal gusto al arco triunfal que quiere inaugurar en la ciudad de Washington para emular a Roma o París, o del esperpéntico salón de baile que se está construyendo en el ala Este de la Casa Blanca, rebosante de dorados y terciopelos, que son las señas estéticas de identidad del magnate neoyorquino.

Este cretino es el que ha iniciado una guerra de incierto desenlace despreciando por completo las mínimas normas del derecho internacional y que tiene al mundo patas arriba con sus caóticas, brutales y absurdas decisiones. 

Sánchez sabe que tiene mucho que ganar identificándose con el “no a la guerra” de hace 23 años, que fue el origen de la decadencia del PP de Aznar

Pues bien, solo un líder internacional le ha plantado sistemáticamente cara al lunático presidente de Estados Unidos. Solo uno de entre los líderes de las grandes naciones de Occidente ha osado levantarse ante el mafioso americano. Resulta que es Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno de España. En la visión de Trump, esto convierte a España en una “perdedora” (“loser” es una palabra muy estadounidense, que afortunadamente aquí no adquiere el mismo sentido).

Sánchez, por el contrario, sabe que tiene mucho que ganar identificándose con el “no a la guerra” de hace 23 años, que fue el origen de la decadencia del PP de Aznar. No solo por motivos electorales, sino por fundamentos morales. Los españoles están en contra de esta guerra y desprecian a Trump –lo veremos en la primera encuesta que se nos presente–, y en torno a Pedro Sánchez puede generarse hoy, como hace dos décadas alrededor de Zapatero, ese patriotismo reforzado de los grandes conflictos internacionales. Han tardado muy poco los diputados y diputadas socialistas de la Asamblea de Madrid en fabricarse unas pegatinas con un “No a la guerra” impreso sobre la bandera de España. Esas insignias repatearán al PP, acostumbrado como está a apropiarse de los colores nacionales. Y es una ocasión feliz para los socialistas y la izquierda, porque es evidente, por mucho disparate que pronuncien Tellado, Ayuso, Feijóo o Abascal, que en este momento el patriotismo consiste en apostar por la paz, situarse del lado de los países hermanos de Europa y plantar cara al matón de Mar-a-Lago. Se le van a hacer largos los días a las derechas mientras dure esta guerra cruel.

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