Es mucho peor de lo que pensábamos

Es mucho peor de lo que pensábamos. La congresista demócrata Elizabeth Warren se levantó furiosa de la sesión informativa que se había organizado en el Congreso para que la administración de Donald Trump pusiera en común los detalles de ese ataque suicida contra Irán. Warren se grabó un vídeo después en su despacho, visiblemente enfadada, contando que no había plan B, que todo esto se había iniciado con mentiras, con una falsa amenaza de que Irán estaba a punto de conseguir un amplio arsenal atómico (amenaza que por cierto se negó desde varios organismos). Y terminaba con esa frase demoledora: “es mucho peor de lo que pensábamos”.

No suena nada tranquilizador, y mira que lo que pensábamos no andaba muy alejado de todo esto. Sabíamos que Trump y Netanyahu han comenzado esta guerra porque les ha venido bien, porque en su calendario político y electoral es un buen momento para agitar el avispero de Oriente Próximo. Y que, conociendo a los personajes, esto lo han empezado por un impulso, sin tener un plan para lo que vendría después, sin haber calibrado las consecuencias que, ya estamos viendo, van a ser catastróficas en muchos sentidos.

Lo primero en la pérdida de vidas. La mayoría, como ocurre en todas las guerras, civiles que nada tienen que ver con esa supuesta amenaza. Las niñas que murieron en el ataque a la escuela del sábado no eran una amenaza para la seguridad de Israel o Estados Unidos. Lo mismo que los civiles que están muriendo en los ataques de Irán.

Nada va a volver a ser igual. El tablero geopolítico ha quedado tocado tras este ataque y todavía está por ver cuál va a ser el siguiente paso de Rusia y de China. Pasos que pueden extender el conflicto o amortiguarlo al máximo

Lo segundo, en el orden internacional. Nada va a volver a ser igual. El tablero geopolítico ha quedado tocado tras este ataque y todavía está por ver cuál va a ser el siguiente paso de Rusia y de China. Pasos que pueden extender el conflicto o amortiguarlo al máximo. Un conflicto que sigue extendiéndose día a día.

Y lo tercero: las consecuencias económicas, que las vamos a notar todos. Esto va a tener una factura carísima. Especialmente en lo que se refiere a las energías, pero, como el conflicto se extienda en el tiempo, la factura irá creciendo y la pagarán, como siempre pasa, los que nada tienen que ver con esto, los que, seguramente, ni siquiera estén de acuerdo con lo que ha hecho Trump.

El coste político es ya otra cosa. Veremos si a Trump le cuesta apoyos, parece que el mundo MAGA, el que le ha apoyado ciegamente desde en sus campañas, no está muy contento con haberlos metido en esta guerra cuando prometió lo contrario. La senadora Patty Murray, del Partido Demócrata, ha sido durísima en las últimas horas. Le ha recriminado que tomara la decisión de enviar a “nuestros hijos” a la guerra desde su playa de Florida. Dice que los americanos no quieren guerra, quieren atención médica y precios más bajos. Y es lo que le recriminan también los suyos. Hacer América Grande Otra Vez, el lema que usó machaconamente en campaña, no era precisamente esto: meter al país en una nueva guerra con un final bastante incierto. Los expertos saben que todo dependerá del tiempo que dure y de las bajas americanas. La imagen de ataúdes de soldados llegando a Estados Unidos puede ser insoportable incluso para el mismísimo Trump.

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