Adiós, Carlos
Ha sido un arañazo en la memoria, un arañazo en el alma y un zarpazo leer que Carlos Hernández ya no está. La noticia de su muerte me dejó unos segundos frente a la pantalla, intentando entender lo que leía. Yo no era su amiga, no quedaba con él para tomarme nada, no hablábamos a menudo pero sí que habíamos cruzado decenas de mensajes. Siempre hablando de periodismo, de cómo contábamos esto y aquello, de cómo lo veía él, dándote siempre aliento para no desanimarte. Incluso cuando el desánimo era a lo único que te querías entregar.
Su carta de despedida ha sido, de nuevo, un recordatorio de por qué estamos aquí. Por qué nos dedicamos a esto y lo importante de ser fiel siempre a tus principios. Y en eso, Carlos era un maestro.
Recuerdo cuando cedió su cámara, su voz y su profesión a los compañeros de Telecinco que se habían quedado destrozados con el asesinato de José Couso. Se jugó su carrera en aquel directo, se jugó su puesto pero ni siquiera lo dudó. Era un tipo íntegro, de esos que hacen mejor esta profesión, de los que siempre encontrabas en el lado bueno de las cosas. Sin necesidad de convertirse en noticia, sin necesidad de ser el protagonista de nada. Sabía ceder el foco y la voz a quienes lo necesitaban.
Era un tipo íntegro, de esos que hacen mejor esta profesión, de los que siempre encontrabas en el lado bueno de las cosas. Sin necesidad de convertirse en noticia, sin necesidad de ser el protagonista de nada
En su carta nos recordaba el privilegio que tenemos por seguir vivos. Por estar aquí, por poder cenar esta noche con tu pareja, con tus hijos, con tus amigos, por poder abrazar a quienes te quieren. Leí que supo disfrutar de esa vida, de esa prórroga casi hasta el final. Y no es algo que me sorprenda. Era inteligente hasta para saber cómo agotar los últimos minutos siendo feliz.
Da mucho vértigo ese fundido a negro del que habla Carlos en su última carta. A mí me ha generado mucha ansiedad durante muchos años pensar en ese final pero, aprender a vivir siendo consciente cada día de que esto no es eterno, de que vivir es lo urgente, me ha enseñado a deshacer ese nudo en la garganta que te ahoga cada vez que piensas en el final de los tuyos, en el final de tus amigos, en tu final. Hay una última noticia que Carlos no ha podido contar y no ha podido ver: la de toda la profesión llorando su partida y la de tantos y tantos compañeros coincidiendo en lo mismo. Carlos era un estupendo periodista pero, sobre todo, era una persona extraordinaria.
Hoy la noticia no es tu ausencia, sino el vacío inmenso que dejas en una profesión que se queda, poco a poco, sin esos colegas que suponían siempre un faro en medio de tanta oscuridad.
Lo más...
Lo más...
Leído- 1
- 2
-
3
Cádiz, otro caso de pueblos anegados que estaban marcados en rojo en los mapas de zonas inundables
Daniel Lara -
4
‘Tres adioses’, Isabel Coixet retrata la épica tragedia de una mujer que se despide del mundo
Alberto Corona - 5