TEMPORAL LEONARDO
Cádiz, otro caso de pueblos anegados que estaban marcados en rojo en los mapas de zonas inundables
Las inundaciones de este miércoles en Andalucía han demostrado una vez más que los mapas de zonas inundables son premonitorios. Desde Ubrique hasta Torre Alháquime, pasando por la ciudad de Los Barrios, la provincia tiene numerosos puntos rojos marcados en la cartografía de crecidas que se han inundado en las últimas horas, una prueba más de que estos mapas no se traducen en medidas de prevención efectivas por parte de los ayuntamientos y las comunidades autónomas.
En este caso, las crecidas afectaron a las conocidas como cuencas intracomunitarias de Andalucía, de competencia autonómica, y los mapas de riesgo de inundación elaborados por la Junta de Andalucía ya preveían que esto podía ocurrir. "Las zonas afectadas obedecen al patrón de los mapas [de zonas] inundables. Si estas lluvias caen sobre lugares en los que debería haber cultivos pero en ellos, en lugar de eso hay polígonos industriales, gasolineras o infraestructuras deportivas, es normal que se inunden", valora José Damián Ruiz, catedrático de Geografía de la Universidad de Málaga.
En las tres cuencas andaluzas, que abarcan casi ininterrumpidamente desde Huelva hasta Almería –salvo la desembocadura del Guadalquivir–, se estima que 143.202 personas en 130 municipios viven en terrenos en riesgo de crecida, según los informes elaborados por la Junta.
Esas cifras corresponden a un escenario de inundación extremo, que ocurriría una vez cada 500 años, aunque las riadas recientes de Valencia demuestran que lo que antes eran casos remotos son cada vez más habituales. El Ministerio de Transición Ecológica está, de hecho, actualizando esta cartografía de riesgo para adaptarla al cambio climático, que aumenta la severidad de las lluvias.
En estos mapas de territorios inundables aparecen cada uno de los pueblos afectados por las fortísimas lluvias del miércoles. En Torre Alháquime, donde la confluencia del río Trejo y el arroyo Zumaca forman el río Guadalporcún, se quedaron aislados por la crecida del río y una parte del pueblo quedó sin luz. En Ubrique, en plena sierra de Cádiz, el desprendimiento de una pequeña ladera se ha llevado por delante una casa, dejando un herido. En Grazalema, el epicentro de la borrasca Leonardo, la UME tuvo que intervenir porque el agua entró en las viviendas, y en el extremo sur de la provincia, en Los Barrios, se cortó la carretera de unión con Algeciras por el desbordamiento del río Palmones.
Santiago García, geólogo de la Universidad de Cádiz, insiste en que "tenemos una memoria muy corta" a la hora de edificar, y que en muchos puntos de la provincia se ha construido en las llanuras de inundación del Guadalete y el Guadiaro, los dos ríos más importantes de la región. "Cádiz siempre se ha caracterizado por tener mucha vivienda autoconstruida en zonas agrícolas que no entran dentro de la cartografía de los ayuntamientos", opina el experto.
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Geográficamente, el norte de Cádiz es además propenso a las riadas porque la sierra de Grazalema –donde este miércoles cayeron más de 380 litros por metro cuadrado, un récord en el que además es el punto más lluvioso de la península– hace de tope para las nubes que entran desde el Atlántico, de manera que en esos montes caen de media 1.636 litros de agua por metro cuadrado. La buena noticia, añade, es que aguas abajo el río Guadalete suaviza mucho su pendiente y permite que el agua se expanda y pierda fuerza. "En la dana de Valencia, además de llover mucho más, la cuenca tenía mucha pendiente y el agua se aceleró, dando lugar a crecidas muy rápidas que no dieron tiempo a desalojar", valora García.
El cambio climático, detrás de la tormenta
Como en otros casos recientes de riadas o pedriscos, el cambio climático vuelve a estar detrás de las lluvias récord de esta semana. Antonio Gallegos, profesor de Geografía de la Universidad de Málaga, explica que los nuevos registros "son una anomalía comparados con las series históricas de lluvias en Cádiz, pero en un futuro próximo van a ser un patrón habitual".
Según concreta, el cambio climático está cambiando la conocida como corriente de chorro, una barrera de vientos situada en el norte del planeta que impide que las masas de aire frío del Polo Norte no desciendan a longitudes más bajas. "Está bajando su velocidad y se está ondulando, creando pasillos que desvían el aire ártico hasta el océano Atlántico", explica. Ese frío, combinado con los vientos de una borrasca estacionada entre Francia e Inglaterra arrastran la humedad del mar contra Grazalema, provocando precipitaciones sin precedentes.