Trump se ha equivocado de siglo

Trump se ha equivocado de siglo y alguien debería avisarle. Trump afronta su política exterior con los modos y las formas de siglos pasados. Busca ampliar territorio, como se hacía en la época de las colonias; busca materias primas, recursos para su país, como se hacía también en la época de las colonias. Conquistar países de ultramar para arrasar con todo, su oro, sus cultivos, su cultura y llevárselo, en barcos, a su casa. En este caso, no es tanto el oro, que también (Groenlandia tiene minas de diamantes bajo tierra muy codiciadas), sino el petróleo y las tierras raras.

Efectivamente, Trump basa sus aspiraciones imperiales en el petróleo, justo cuando el mundo estaba apostando por ir reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles, cuando todos –ahí tienen el cambio de nombre de Cepsa a Moeve por ejemplo– apostaban por hacer un uso más responsable de los recursos finitos de nuestra tierra y buscar otro tipo de energías. Pero ha llegado Trump y lo ha cambiado todo, ha retrasado el reloj del progreso y ha decidido volver a planteamientos de principios del siglo XIX, e incluso antes. Europa, incomprensiblemente, ha vuelto a ceder y ha retrasado el fin de la venta de coches de combustión. Volvemos a lo de hace 20 años, cuando estábamos hablando de electrificar las ciudades, de ampliar los puntos de carga, de limpiar las ciudades de esas emisiones tóxicas que, ya sabemos, perjudican a nuestra salud y perjudican al cambio climático.

Justo cuando el mundo miraba con sorpresa, cierto reparo y miedo cómo iba evolucionar la IA, cómo las formas de trabajar iban a cambiar por completo, llega el presidente de Estados Unidos y decide que el resto de países se replanteen sus políticas y apuesten por rearmarse, por destinar más recursos a una hipotética defensa o guerra que había pasado a la historia. Europa, de lo poco que ha decidido estos días es que hay que volver a hablar de cómo defenderse, de cómo responder a una hipotética (o no) invasión de Groenlandia.

Quizás Trump espera que, tras sus conquistas, sean las que sean, vengan las que vengan, tendrá placas o estatuas en plazas públicas que le recuerden como el gran conquistador

De todo lo que está pasando estos días –que está pasando mucho y a una velocidad peligrosa–, lo más sorprendente es la no reacción de la OTAN. Ni una palabra del señor Rutte sobre esa amenaza de un socio de la Alianza sobre un ataque, una acción militar sobre otro socio. Ni una palabra del señor que le ríe las gracias a Trump en el despacho oval o donde pille. Nada. ¿Imaginan si hubiese sido, no sé, Italia, Alemania, Portugal, la que hubiera anunciado que piensa invadir territorio soberano de otro socio?

Sí, definitivamente Trump se ha equivocado de siglo. Quizás espera que, tras sus conquistas, sean las que sean, vengan las que vengan, tendrá placas o estatuas en plazas públicas que le recuerden como el gran conquistador. En su caso no será a lomos de un caballo, pero ¿qué más da? La idea, su idea, es trascender a la historia como ese gran gobernante que hizo a su país, de nuevo, mejor y más grande. Pobre. Seguramente nadie es capaz de sacarle de su error, de contarle que estamos en 2026 y que, lo que haga, no será para mejorar nada, sino al revés.

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