Espinosa de los Monteros lidera un motín contra Abascal y agita la peor crisis interna de Vox

El líder de Vox, Santiago Abascal (i) y el exportavoz en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros.

Vox atraviesa la peor crisis interna desde su nacimiento. La iniciativa lanzada por su exportavoz en el Congreso y una de las caras visibles del partido antes de su marcha, Iván Espinosa de los Monteros, para forzar una asamblea extraordinaria del partido supone el desafío más serio a la dirección, si bien fuentes de la formación aseguran estar "muy tranquilas" y anticipan que no se llevará a cabo. Aunque sus promotores evitan plantear una alternativa explícita al liderazgo de Abascal, sí cuestionan el modelo de mando construido en Vox durante los últimos años, con una estructura cerrada, vertical y sin contrapesos internos.

Con la puesta en marcha de la web congresovox.es, Espinosa trata de recabar apoyos entre la militancia para exigir la convocatoria de un congreso extraordinario. Para el exdirigente de Vox es necesario "abrir un partido que se está estrechando". No se trata, por tanto, de un gesto aislado ni de una discrepancia puntual, sino de la cristalización de una acumulación de tensiones que viene atravesando al partido desde 2022 y que ha ido resolviéndose no mediante debate político, sino a través de salidas, purgas y silencios forzados.

En estas tiranteces hay casuísticas de todo tipo: desde rupturas personales y distanciamientos ideológicos, a acusaciones de "traición", salidas airadas y expulsiones. Pero todas tienen dos rasgos en común: la denuncia de la falta de democracia interna en la formación de Abascal y la opacidad en instituciones en las que los ultras tienen o han tenido presencia, y en las que se ha producido un goteo incesante de dimisiones y denuncias internas, e incluso judiciales, por la forma en que la cúpula ejerce el poder. Esa es la principal crítica de Espinosa, además de la salida de las caras de la primera línea que acompañaron a Abascal en la consolidación electoral del partido.

Ni esa sucesión de rupturas ni los cambios estratégicos que se han producido en la formación en los últimos años han sido objeto de debate interno, más allá de las quejas a posteriori de todos los que han ido desfilando. Entre ellos, la exportavoz en Madrid y mujer de Espinosa, Rocío Monasterio, el exsecretario general Javier Ortega Smith, el excoordinador de Vox en Murcia, José Ángel Antelo y exdiputados como Inés Cañizares, actual vicealcaldesa de Toledo, Malena Nevado, Víctor Sánchez del Real y Francisco José Contreras, entre muchos otros. Todos ellos han ratificado el manifiesto impulsado por el antiguo portavoz ultra.

Impugnar el actual modelo de Abascal

La relevancia del movimiento no reside solo en los nombres que lo respaldan, sino en su reivindicación. Creen que el congreso extraordinario es la vía para impugnar el modo en que Vox ha funcionado en los últimos tiempos. Sus promotores sostienen que no pretenden imponer una candidatura alternativa, pero sí hablan de un proyecto "cerrado", de cambios que no se explican, de una dirección que requiere "mayor altura de miras" y de la necesidad de revisar por completo la "arquitectura interna" del partido. "Este partido nació como un instrumento al servicio de unas ideas. Nunca fue un fin en sí mismo ni patrimonio de nadie. Su razón de ser era transformar la realidad y gobernar. Cuando un instrumento deja de servir a ese propósito, pierde su sentido", explica el documento.

El manifiesto también señala que "los errores, los retrocesos electorales y las oportunidades perdidas no han dado lugar a reflexión ni a aprendizaje colectivo" dentro de la formación. Y añaden: "Pensar, discrepar o evaluar se ha convertido en un problema. Sin autocrítica no hay corrección de rumbo; sin corrección de rumbo no hay alternativa de gobierno", plantean. De un tiempo hasta parte, figuras como Espinosa pero también otras como el exvicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo, han planteado que a Abascal le "molesta" que haya cargos que tengan un "discurso propio" con matices respecto a la dirección.

La viabilidad de la operación impulsada por Espinosa es, en todo caso, incierta. Para forzar ese congreso extraordinario los estatutos exigen el apoyo del 20% de la militancia. El problema es que los críticos de Vox no saben cuántos afiliados tiene la formación ni, por tanto, cuántas firmas hacen falta para forzar ese cónclave interno. Las cuentas de 2024, las últimas disponibles, cifraban en 32.022 los afiliados activos. Para los críticos, la opacidad sobre el censo pone de manifiesto un funcionamiento interno donde la información clave está en manos de la dirección, que puede "alterar" el número de afiliados en función de sus intereses. Por ese motivo, según explican a infoLibre fuentes que integran este sector crítico, todavía no están seguros de dar ese paso.

García-Gallardo acusa a Abascal de tener un "tercer sueldo"

El exdirigente de Vox en Castilla y León es uno de los que más ha explicitado su malestar con la dirección del partido y, de hecho, no descarta dar el paso de crear uno nuevo. En una entrevista concedida al diario El Mundo este miércoles, aseguró que antes de su dimisión descubrió que Abascal "se estaba embolsando un tercer sueldo en la cuenta corriente de su mujer" y que ese fue el momento en el que perdió la "confianza" en él: "Conocí que se estaba embolsando un tercer sueldo, a través de un proveedor del partido, en la cuenta corriente de su mujer, por unos presuntos servicios de consultoría en materia de redes sociales a una sociedad mercantil que está en pérdidas y en causa de disolución. 60.000 euros por unos servicios que nos tendrán que explicar".

Además, también apunta a que "hay enormes cantidades de recursos públicos a los que accede el partido para beneficio último de muy poquitas personas", y cita concretamente a "una parte relevante de la familia Ariza y de la familia Méndez-Monasterio", que conforman una "galaxia de sociedades" que parecen externas a Vox, pero que acaban formando una "especie de parapartido que está parasitando los recursos económicos de Vox". Así, sostiene que si Vox sigue igual, "solo quedará el plan de pensiones de Abascal".

Se trata de una serie de críticas que también ha manifestado el que fuera su secretario general hasta 2022, Javier Ortega Smith. En varias entrevistas ha señalado que Abascal está en política, entre otras razones, "por el dinero". Su choque con la cúpula, ya en vías de judicialización por supuestas irregularidades relacionadas con la protección de datos y con el funcionamiento orgánico del partido, ha contribuido a legitimar públicamente la denuncia de quienes llevan tiempo señalando prácticas internas opacas.

Los afines a Abascal lo achacan a una operación del PP

Desde la dirección de Vox, la respuesta ha sido minimizar este movimiento al considerar que se trata de una operación política avalada por el PP, su principal competidor en el espacio de la derecha. No habla Espinosa, sostienen, sino Génova. La cúpula de Vox vincula la estrategia al resultado de las elecciones del pasado domingo en Castilla y León, en las que Vox obtuvo un escaño más que en 2022 con el 18,9% de los votos, pero se quedó lejos de las expectativas generadas. Eso, a juicio de Espinosa de los Monteros, evidencia que el partido está en un momento de "encerrarse en sí mismo, atacando a todo y a todos los que muestran no ya un criterio distinto, sino simplemente estupor ante la situación que ellos mismos han creado".

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Un planteamiento al que ha respondido Carlos H. Quero, portavoz adjunto en el Congreso, que acusó al exportavoz de Vox de defender "el partido que el PP sueña que seamos". "El partido que Iván desea en términos ideológicos es el partido que el PP sueña que seamos. Por eso dispara con tanta munición. Y por eso nunca se le gasta", señaló en X. "El PP quiere (en verdad necesita) un Vox (sic) dócil, sin mordiente, sumiso a los poderes de siempre, sin capacidad para impugnar nada. Un Vox plano. Un señuelo para llevar al redil de la mansedumbre el deseo de cambio real que tienen millones de españoles. Una plataforma para "ministrar" y poco más".

Más duro fue, todavía, el diputado Manuel Mariscal, que cargó contra Juan García-Gallardo y arremetió contra quienes, a su juicio, atacan al partido en medios que actúan al dictado del PP. "Fuera de Vox (sic) los desagradecidos, los desgraciados, los traidores que se dejan utilizar por el PP y los niñatos consentidos que solo aspiran a heredar el negocio de su padre", señalaba, a lo que el propio García-Gallardo le respondía también en X: "Manuel, tú y yo somos muy distintos. Tú has fallado a tu familia por no perder un sueldo público. Yo he renunciado a un sueldo público por no fallar a la mía. El desgraciado eres tú, no yo".

Por su parte, Isabel Pérez Moñino, líder de Vox Madrid, denuncia una campaña de "mentiras y basura" y atribuye las críticas al temor del "sistema" ante el ascenso de la formación. "La protección de España no entiende de egos y sí de servidores públicos. El sistema tiene miedo y utilizarán todas sus herramientas para frenar a la gran alternativa patriótica", señalaba. El diputado Jacobo Robatto se sumó a la ofensiva, con un mensaje en el que acusó a los críticos de "rabiar desde su bote de remos o desde una nave enemiga" y se mostraba "orgulloso" de su capitán, en referencia a Abascal. "Ahora que hay tierra a la vista, empiezan a aparecer las gaviotas [el logotipo del PP]. Están nerviosos: unos porque pierden sus privilegios y otros, que se dieron la vuelta en la tormenta, porque ven cómo se acerca el cambio que queremos para España".

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