Las purgas internas en Vox

La chispa de Ortega Smith prende en Murcia y abre un flanco en el hiperliderazgo de Abascal

El exvicepresidente del Gobierno de Murcia José Ángel Antelo, durante la rueda de prensa que ha ofrecido este viernes.

La dirección de Vox ha cerrado una de sus semanas más convulsas con dos frentes simultáneos: la ruptura definitiva con Javier Ortega Smith, fundador y ex número dos del partido, y una crisis territorial en Murcia que ha acabado con el relevo del líder regional, José Ángel Antelo. Este jueves por la noche, la ejecutiva provincial de Vox presentó su dimisión en bloque en un movimiento coordinado con la dirección nacional para forzar la salida de Antelo, cercano a Ortega Smith. "A Javier [Ortega Smith] lo conozco, fue la persona que me nombró. He estado en su boda, conozco a su mujer; igual que conozco a Santiago [Abascal] y su mujer", admitió.

El hasta ahora coordinador de Vox en Murcia achacó la decisión directamente al líder de Vox, Santiago Abascal, y reconoció que la suya es "una situación extremadamente extraña" porque desconoce los motivos de su salida. "Les he dicho que si me querían cesar lo respetaría, aunque no lo entendería. Pero no me querían cesar por si se generaba revuelo en la Región de Murcia o en el ámbito nacional", continuó. Lo que quiso dejar claro es que no piensa dimitir como diputado autonómico. "Yo voy a seguir en la Asamblea, a día de hoy sigo siendo portavoz, es una decisión del partido y veremos lo que hace", afirmó este viernes. Y prosiguió: "La lealtad es decir la verdad. Otra cosa es la sumisión, que es a todo decir que sí sin tener opinión propia".

En la dirección del partido querían que la marcha de Antelo se produjera de forma amistosa. Así lo trasladó él mismo al contar que la secretaria general adjunta de Vox, Montserrat Lluís, viajó hasta Cartagena el pasado miércoles para comunicarle la decisión permitiéndole conservar la portavocía en la Asamblea Regional e incluso ser candidato en las próximas elecciones de 2027. Así, la dirección de Abascal evitaba que implosionase el partido a nivel regional, de la misma forma que hizo Ortega Smith en el consistorio de la capital. Sin embargo, el resultado ha sido el mismo: ambos han decidido enfrentarse a Abascal y permanecer en su puesto. Antelo cree que la dirección no ha respetado que "cada persona tiene su perfil" y "que puede expresar las cosas de una manera".

Espinosa de los Monteros y Gallardo denuncian que en Vox no se puede tener "perfil propio"

Ese "perfil propio" es el que estaría detrás de la decisión de la dirección nacional, según señaló el exlíder de Vox en Castilla y León, Juan García-Gallardo. "Alucinante. Parece que a Abascal le molestan todos aquellos que tienen personalidad y un perfil propio. Vox se merece un líder nacional que quiera a los mejores jugadores en su equipo titular, no lo que estamos viendo en los últimos tiempos", señaló en su cuenta de X. En otro post añadió: "Un líder que basa su liderazgo en el miedo, en lugar de en la autoridad, no es un líder, sino otra cosa". El exdirigente ultra achacó la "operación de guerra sucia desde la sombra" a Luis Gestoso, portavoz de la formación en el Ayuntamiento de Murcia, cumpliendo las órdenes del "CEO", como se refiere a Santiago Abascal.

Esa es también la tesis de Iván Espinosa de los Monteros, exportavoz de Vox en el Congreso, fundador del partido ultra y compañero de Abascal desde sus inicios en la Fundación Denaes al igual que el citado Ortega Smith. En una entrevista en la Cadena Cope este viernes, señaló que la intención de la dirección de Abascal es que "nadie sea reconocible" y que sea un "partido-marca en que solo un líder aparezca en todas las elecciones como único candidato", en referencia al líder nacional de Vox, al que ha dicho que "ya no reconoce". A su juicio, hay un "empobrecimiento interno" que impide no ya cualquier "crítica interna, sino procesos de reflexión".

Lo cierto es que Vox ha ido desprendiéndose o relegando a las caras más conocidas del partido, entre ellas el citado Espinosa de los Monteros, Macarena Olona o Rocío Monasterio. En sus historias hay de todo: rupturas personales y distanciamientos ideológicos, acusaciones de "traición", salidas airadas y expulsiones. Pero tienen dos rasgos en común: la denuncia de la falta de democracia interna en la formación de Abascal y la opacidad en instituciones en las que los ultras tienen o han tenido presencia, y en las que se ha producido un goteo incesante de dimisiones y denuncias internas e incluso judiciales por la forma en que la cúpula ejerce el poder.

En Bambú saben que, más allá del cabeza de cartel en cuestión, cuanto más polaricen la campaña más pueden ganar. Se trata de un fenómeno bien documentado, ya que su gran éxito es imponer su agenda. Es más determinante el marco que quién lo exponga. Por eso prefieren un primer espada poco conocido que no se salga un milímetro del guión y aproveche el tirón de la marca. Vox, en la práctica, funciona como un "partido franquicia". Se trata de un concepto acuñado por el consultor de comunicación política y redes sociales Xavier Tomàs para referirse a un partido que basa su proyecto en temas nacionales y específicos, en el voto protesta y en el hiperliderazgo de su principal referente, en este caso Abascal, dejando de lado las acciones locales o regionales.

Los resultados electorales, además, indican que estas purgas internas no les pasan factura. Los expertos creen que esto sucede porque los militantes de Vox no son autocríticos y desean un funcionamiento de orden y mando, en el que la figura de Abascal dirija sobre todo y todos.

El desafío de Ortega Smith

Ortega Smith era uno de esos perfiles con voz propia. Fue el secretario general de Vox hasta 2022 y una figura próxima a Abascal en los primeros años. Sin embargo, en los últimos tiempos ha visto cómo se le han ido retirando cargos y responsabilidades. Tras perder posiciones dentro del grupo parlamentario y ser expulsado de la Ejecutiva nacional, la dirección del partido le suspendió de militancia la pasada semana por no acatar su relevo como portavoz del grupo en el Ayuntamiento de Madrid. Ortega Smith desafió la decisión y se presentó en el pleno municipal para ejercer como portavoz, apoyado por otros dos concejales, Ignacio Ansaldo y Carla Toscano.

En represalia, el Comité de Garantías de Vox les suspendió a ambos de militancia —Ansaldo tiene el carné de afiliado número 1 del partido— por no acatar la orden del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de relevarlo como portavoz. Un informe jurídico oficial del Ayuntamiento, capitaneado por José Luis Martínez-Almeida, ha dejado claro que no corresponde al CEN sino a los concejales elegir a su portavoz y la dirección del partido no tiene mayoría para forzar el cese de Ortega, pues solo dos de los cinco ediles la respaldan.

“¿Cómo es posible que habiendo luchado para fundar este partido, habiendo recorrido España cuando no teníamos recursos, te cesen a ti y a tu equipo sin dar ninguna explicación?", lamentaba el ultraderechista el pasado viernes, horas después de que Abascal pusiera en marcha el procedimiento para expulsarle. "Voy a pelear dentro del partido con los recursos que permiten los estatutos. Si tengo que llegar a la jurisdicción ordinaria, llegaré", afirmaba ante los micrófonos de la prensa. Y continuaba: "Han cambiado el solo queda Vox por solo quedan ellos. El lema es el de 'luchemos codo con codo por metamos codazos a todo aquel que nos moleste'".

Abascal, Garriga y Buxadé, el triángulo de poder

Vox no ha conocido otro líder que Santiago Abascal, presidente desde su fundación en el año 2014 y con un mandato garantizado hasta 2028. Es, de hecho, el dirigente político español que más tiempo lleva en el cargo, superando la década. Abascal se presenta como outsider, pero lleva 25 años en política. Abandonó el PP para montar una organización a la medida de sí mismo. En enero de 2024 renovó su liderazgo sin oposición interna hasta 2028 y cuenta con una legión de fieles que le acompaña. "Salvo Abascal, todos los demás somos prescindibles", llegó a afirmar hace unos meses el portavoz de Vox en el Parlamento andaluz, Manuel Gavira.

PP y Vox purgan disidencias en plena batalla por el control interno

PP y Vox purgan disidencias en plena batalla por el control interno

La estrategia del líder de Vox se basa en una dirección vertical, un control férreo de las estructuras y la concentración de decisiones clave en manos del presidente. El suyo es un proyecto personalista. Abascal ha dirigido las principales decisiones internas —aconsejado por su inseparable asesor Kiko Méndez-Monasterio—, desde nombramientos hasta rebajas o purgas de cargos críticos. A diferencia de partidos con estructuras más federales, Vox ha reformado sus estatutos para limitar la democracia interna, en un modelo vertical y sin baronías territoriales, lo que ha reducido el margen de debate dentro del partido.

La opacidad fue la nota dominante de la última asamblea de un partido hipercentralizado, en línea con su visión del Estado, donde todo debe pasar por la dirección estatal. Una opacidad patente también en las instituciones en las que la formación ultraderechista tiene presencia, donde se ha producido un goteo incesante de dimisiones y denuncias internas e incluso judiciales por la forma en que la cúpula ejerce el poder, llegando a prohibir las reuniones de afiliados durante las primarias y expedientándoles por hablar con la prensa. De eso se encarga Ignacio Garriga, vicepresidente y secretario general de Vox. Garriga representa el aparato organizativo del partido frente a las estructuras territoriales y es el principal interlocutor de la dirección nacional.

Más allá de la gestión y el liderato orgánico, Jorge Buxadé personifica el foco ideológico de Vox y su proyección internacional, sobre todo en el Parlamento Europeo, donde es eurodiputado. Su papel no es tanto ejecutivo como de referente ideológico duro, manteniendo vínculos con corrientes conservadoras y euroescépticas más amplias en Europa. No está en la línea directa de mando orgánico, pero sí tiene mano en las listas electorales. Aunque Buxadé encarna al ala más ultraconservadora, lo cierto es que las disidencias en Vox no se producen por cuestiones ideológicas sino por las luchas de poder, tal y como apuntan voces expertas.

Más sobre este tema
stats