La estrategia de las derechas
PP y Vox purgan disidencias en plena batalla por el control interno
La misma semana en la que tres diputados del Partido Popular de Madrid, conocidos internamente como 'Los Pocholos', decidían abandonar sus cargos en protesta por el cese fulminante del consejero de Educación por parte de Isabel Díaz Ayuso, Vox expulsaba a uno de sus fundadores, Javier Ortega Smith, por "desacatar" la orden de ceder la portavocía del Ayuntamiento de Madrid. Dos decisiones que, a priori, nada tienen que ver entre sí, pero que ponen de manifiesto las guerras que se están librando en la derecha entre sus 'familias' políticas. Por un lado, la del núcleo más ayusista y la vieja guardia del PP madrileño con el sector más joven y, por otro, la de la dirección de Vox con uno de sus referentes, el primero en ocupar la secretaría general durante seis años hasta octubre de 2022.
En el caso del PP de Madrid, el núcleo duro cree que lo ocurrido es un "aviso a navegantes" y plantea que, para las próximas elecciones, la presidenta madrileña no debe "hacer experimentos" sino contar con "perfiles de partido" porque son más "leales". Es decir, más controlables. Por lo que respecta a Vox, Ortega Smith no forma parte del círculo de poder de Santiago Abascal desde hace años y la actual dirección ha ido degradándole hasta situarlo como diputado base en el Congreso y concejal raso en el Ayuntamiento.
"¿Cómo es posible que habiendo luchado para fundar este partido, habiendo recorrido España cuando no teníamos recursos, te cesen a ti y a tu equipo sin dar ninguna explicación?", lamentaba el ultraderechista este viernes, 48 horas después de que Abascal pusiera en marcha el procedimiento para expulsarle. "Voy a pelear dentro del partido con los recursos que permiten los estatutos. Si tengo que llegar a la jurisdicción ordinaria, llegaré", afirmaba ante los micrófonos de la prensa. Y continuaba: "Han cambiado el solo queda Vox por solo quedan ellos. El lema de luchemos codo con codo por metamos codazos a todo aquel que nos moleste".
De un PP "atrapalotodo" a un Vox "al servicio de Abascal"
El periodista Miquel Ramos, experto en extrema derecha, explica a infoLibre que lo que está ocurriendo en Vox —y también, en buena medida, en el PP de Madrid— tiene que ver con sus orígenes. La extrema derecha nació como "una escisión" del PP y se convirtió en una "casa común" para la derecha radical, en la que reunió a "perfiles muy distintos" bajo una misma sigla. "Vox propone una alternativa más radicalizada al PP que va sumando desde personas más del entorno ultraliberal o ultracapitalista, como [Iván] Espinosa de los Monteros y otros perfiles semejantes, a otros más ultraconservadores como [Jorge] Buxadé e incluso, en algunos casos, con figuras cercanas al fascismo, como el propio Ortega Smith o Jordi de la Fuente", expone.
Aun con todos estos orígenes dispares, Xavier Rius, autor de Vox, el retorno de los ultras que nunca se fueron, asegura que en Vox "no se permite que haya corrientes internas" porque "todo lo decide Abascal en el Comité de Acción Política formado por él": "Los exfalangistas, ultraliberales, ultracatólicos, Opus Dei... no se enfrentaban entre sí. Si Macarena Olona e Iván Espinosa de los Monteros abandonan es porque se les ningunea y margina. Lo mismo le ha pasado a Ortega Smith", expone. Así, señala que "más allá de las diferencias ideológicas o estratégicas" el verdadero problema es que "despuntaban demasiado" y "hacían sombra" a Abascal.
El pegamento de Vox, por tanto, es la lealtad al liderazgo de Abascal y la utilidad electoral frente a un PP que, hasta el nacimiento de la ultraderecha política, lo "aglutinaba todo". Ramos sitúa aquel despegue en el ciclo posterior a los años de Gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, con movilizaciones impulsadas por sectores neoconservadores y organizaciones como HazteOír. Con el paso del tiempo, esa convivencia se desgasta y, para Ramos, el "sector más ultraliberal" se desmarca, mientras el partido es controlado por un núcleo duro y cerrado alrededor de Santiago Abascal en el que tienen más importancia las dinámicas internas que las discusiones ideológicas. "Han convivido hasta ahora pero por puro interés", señala, y considera que "la deriva que ha tomado entronca con las ultraderechas globales", con un acercamiento más cercano "al trumpismo" que a otras derechas radicales.
En el caso del PP, los expertos lo definen como un partido "atrapalotodo" que, hasta que llega Vox, agrupa "todo el espectro ultra" de la derecha gracias a una "estructura grande y férrea" asentada principalmente en su poder territorial, lo que le permite seguir siendo la primera fuerza en autonomías como Extremadura o Aragón. Rius destaca, además, que el PP es un partido que tiene unos contrapesos "mucho mayores" a los de Vox, donde Abascal "ha sido proclamado presidente del partido sin ser votado". Desde el PP presumen de ser "la casa común de liberales, democristianos y conservadores" y vinculan sus valores al "humanismo cristiano".
Sin embargo, en los últimos tiempos, Ramos considera que se ha "impuesto" la línea discursiva del PP de Madrid, que se basa en "imitar" a Vox con "una actitud irreverente y canallita" que trata de quitarle el foco a la extrema derecha. Rius coincide y considera que el "personalismo" de Ayuso "supera" al de Abascal. "Su carisma y capacidad de coacción al disidente o al enemigo dentro del partido es una característica que se ha ganado o conseguido ella misma con la ayuda de Miguel Ángel Rodríguez", opina.
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Estas diferencias internas no se explican por la discrepancia en planteamientos de fondo, sino por la lucha de poder. "Obedecen más a cuestiones de poder y de influencia que ideológicas", asegura Ramos. En ese sentido, remarca que los choques orgánicos o incluso determinados escándalos "suelen desgastar menos a la derecha que a la izquierda". En cuanto al PP, sostiene que la formación de Alberto Núñez Feijóo ha abandonado su "posición presuntamente centrista" y se ha "tirado a la piscina populista". "Por eso, estas batallitas obedecen más a familias internas que reclaman su cuota de poder, mucho más que a cuestiones ideológicas", sostiene. En ese sentido, apunta a que "la ideología se puede ir adaptando, es más líquida dentro del propio partido".
Unas pugnas internas que, sin embargo, no parecen afectar a nivel electoral a ninguno de los dos partidos, especialmente a los de Abascal. Rius lo explica así: "Los votantes y seguidores de Vox no son autocríticos, desean un funcionamiento de orden y mando", señala. En cuanto a los militantes y dirigentes que son apartados, considera que se acaban sintiendo "ninguneados" por la falta de "libertad de actuación" y de un "espacio de debate a nivel autonómico" como le ocurrió al portavoz de Vox en Castilla y León, Juan García-Gallardo. Una circunstancia que no sucede, de nuevo, en el PP, donde sí se tienen en cuenta los contrapesos territoriales.
En lo que ambos coinciden es en que la derecha valora especialmente la "fidelidad", que se apoya en un seguimiento "ciego" del liderazgo y en una lógica de pertenencia en las que las lealtades se ordenan por la capacidad de influencia y la ocupación de espacios. De hecho, Ramos vincula esa dinámica al modo en que los grandes partidos organizan su poder, una dinámica en la que no siempre prima la competencia técnica, sino la confianza y la subordinación. "Poner a los suyos", señala. En ese sentido, las batallas internas se libran más por cuotas de mando que por doctrina ideológica, con un electorado que no "castiga" el ruido interno.