Feijóo contra el rey (una vez más)

Por falta de liderazgo o de cuadros, Alberto Núñez Feijóo carece de coordenadas para posicionarse y seguir con soltura la política exterior. Más allá del trazo grueso, los conflictos internacionales estallan, el líder del PP se obsesiona con atacar al Gobierno, y después llega la rectificación. Obsesionarse por tener clara la posición propia es una mezcla imbatible para el error. Con más o menos disimulo, se acaban notando la planicie de argumentos, la ausencia de profundidad en las reflexiones y los patinazos continuos en los conflictos clave. Feijóo tuvo que desdecirse al celebrar la democracia en Venezuela tras la deposición de Nicolás Maduro al tiempo que criticaba la supuesta tibieza de Exteriores. Cuando Trump cargó contra María Corina Machado —”no representa a nadie”—, ya era tarde y el ridículo se produjo en público. En la operación de Trump y Netanyahu en Irán ha pasado de acusar a Pedro Sánchez de aislar a España por el “No a la guerra” a posicionarse con un “todos estamos en contra de la guerra”. 

Es la misma falta de coordenadas de Feijóo para relacionarse con la Casa Real. Si tiramos de hemeroteca, todo empezó con la investidura, en septiembre de 2023. Quiso anticiparse y abrió el debate sobre el papel del rey. Puso en una tesitura difícil a la Casa Real, que finalmente emitió una nota para aclarar una interpretación de la Constitución innecesaria. Lo que debió hacer con sigilo se hizo en público. Después acusó a Sánchez de presionar a la Corona y de poner al rey en una situación complicada con la ley de amnistía o los pactos con Junts, e insinuó que firmaría a la fuerza. El defensor de la monarquía no ha dejado de comprometer la neutralidad de la Casa Real y el rey.

Decidió dar plantón al acto solemne de apertura del año judicial porque entendía que perjudicaba a Sánchez y se inventó (o eso vino a decir después) aquello de “el rey, en su papel de moderación, me ha dicho que entendía y que tomaba nota de mi posición”. La neutralidad, comprometida una vez más. La Casa Real tuvo que reaccionar recordando que no comenta conversaciones privadas. El adalid de la Constitución rompió una regla no escrita esencial del sistema constitucional: todo lo que se habla con el rey en consultas públicas es confidencial. Ni republicanos ni independentistas cruzaron antes esa línea con el rey.

Por falta de liderazgo o de cuadros, Alberto Núñez Feijóo carece de coordenadas para posicionarse y seguir con soltura la política exterior

Mismo patrón y mayor lío a razón del emérito. Feijóo llamó para comunicar un tuit vinculando el regreso de Juan Carlos I a la desclasificación de los papeles del 23-F. La Casa Real salió al paso para aclarar que el emérito puede volver cuando quiera mientras cumpla con el fisco, la verdadera razón de la fuga a Abu Dabi. 

A menudo, el líder del PP habla y la extrema derecha agita el lema falangista y ultra de "Felpudo VI", ese que la grada de Vox desenterró a gritos en Ferraz. Un historial que hace más incomprensible la última polémica por sus declaraciones sobre México y el perdón, al confrontar directamente con el gesto del rey. No hace falta que Feijóo opine lo mismo, pero redujo el gesto de Felipe VI a una conversación informal, minimizando la operación diplomática de la Casa Real y las funciones del jefe del Estado. Feijóo dio alas a los ultras, que enseguida llamaron al rey "vasallo del Gobierno".

Tras las palabras del rey reconociendo "muchos abusos" en la Conquista, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, dejó abierta la posibilidad de acudir a la cumbre de Madrid. Un hito, porque México no envía a sus presidentes desde 2018. La crítica de Feijóo al perdón histórico boicotea la estrategia del Gobierno de convertir la Cumbre en el gran escenario de reconciliación con México. Pero además le aleja de todo sentido común y sensibilidad con la historia. Alemania pidió perdón por el Holocausto; Japón se arrepintió de sus abusos en la Segunda Guerra Mundial (crímenes de guerra y violación de mujeres, entre otros); Austria y Canadá pidieron perdón a los pueblos indígenas; Reino Unido hizo lo propio por los abusos coloniales. Incluso el papa pidió perdón "por las ofensas de la propia Iglesia" y "por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada Conquista de América".

Cuando Feijóo se coloca con soberbia por encima del perdón por los crímenes que ha dejado cada pueblo en su historia, si se cree superior a la empatía del papa, el síntoma es más grave que la mímesis con Vox o la capacidad de arrastre de Federico Jiménez Losantos sobre el líder del PP.

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