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La tormenta perfecta del extremismo en Europa descoloca a la derecha tradicional a las puertas del 9J

Las bochornosas conexiones de la extrema derecha francesa con Rusia

Ilustración de Sébastien Calvet.

Lucie Delaporte y Jacques Massey (Mediapart)

En la gabarra Barge, en el muelle de la Rapée, en París, más de doscientas cincuenta personas asistieron el pasado 24 de febrero a la conferencia de la “consejera diplomática” de Éric Zemmour, en el marco de una recepción organizada por la federación parisina de Reconquête!

Caroline Galactéros, coronel en la reserva y dirigente de Planeting, un despacho de inteligencia económica, quien comenzó sus carrera en los años 90 estando destinada en la secretaría general del Ministerio de Defensa bajo las órdenes del general Claude Mouton, más tarde se la relacionaría con el asunto del llamado Angolagate. Galactéros es muy conocida en el círculo de amigos de Rusia.

Esa tarde, su exposición marcó la posición del candidato de extrema derecha elaborada en base a los trabajos del grupo que dirige Galactéros: “La posición de Francia es la de, por esencia, por historia y por experiencia, una posición no alineada”. Reivindicó, en resumen, que el país debe constituir una potencia de equilibrio entre el Occidente y el mundo euroasiático en plena expansión.

El desafío inmediato es la búsqueda de convergencias y cooperación con Rusia, “cuya parte desarrollada y la cultura son europeas”, para evitar que Moscú se vuelque definitivamente con China. “Pero el veto norteamericano se lo impide y Bruselas no quiere entender que la UE es la presa de su presunto aliado USA que está fomentando siempre su debilitamiento”.

Pero está claro que el ataque ruso al territorio ucraniano el día antes trastoca los elementos del discurso. Tras reconocer que “esta agresión en pleno corazón de Europa no puede ser tolerada”, Galactéros pronosticó incluso que “Rusia ya ha perdido esta batalla con el telón de acero que le va a caer encima. Los vencidos de esta crisis no serán los que aparecen ahora como tales”.

No pronunció ni una sola palabra a favor de la imposición de sanciones como respuesta a la guerra emprendida por Vladimir Putin, pero sí la exigencia de “renegociación de los equilibrios de seguridad en Europa”. Al final, el proyecto presentado –cuya aplicación favorecería de facto a Moscú– es indicador de un apoyo sostenible al poder ruso, especialmente por el rechazo de la integración de Ucrania en el espacio euroatlántico.

Aunque Éric Zemmour condenó “sin reservas” la intervención militar rusa en Ucrania”, acusando no obstante a la OTAN y a Estados Unidos de haber forzado a Rusia, sus declaraciones de admiración por Putin durante los últimos tiempos se la vuelven como un bumerán a un mes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

El cambio de opinión para el candidato de extrema derecha es especialmente difícil porque en su equipo de campaña comparten unánimemente la línea del Kremlin. “A fuerza de no considerar las necesidades de seguridad de Rusia, Putin reconoció como Estados independientes las dos provincias separatistas ucranianas (…) Desde el comienzo de la crisis, pienso que Francia debería haber declarado su oposición a la entrada de Ucrania en la OTAN; pero a Macron (…) le ha faltado valentía”, declaraba a mediados de febrero, en Twitter, Jean-Bernard Pinatel, vicepresidente del think tank Geopragma, fundado por Galactéros, uno de los redactores del programa de defensa de Zemmour que ha sido recientemente presentado a la Maison des Centraliens (casa de los centristas).

Este antiguo responsable de comunicación de los ejércitos y luego del grupo Bull ha venido colaborando activamente con Caroline Galactéros en la revista Méthode, presentada como una publicación de institutos franco-rusos, que está controlada en realidad desde el Dombás por Elena Sydorova, su redactora jefa. Junto a ellos, Erwan Castel (53 años), un ex oficial paracaidista cuyo “combate antiglobalización” le llevó a alistarse como francotirador en la brigada Piatnashka de los separatistas del Donbáss.

En su número de febrero-marzo de 2021, Caroline Galactéros publicó una tribuna sobre la restauración de la “fuerza del Estado”. En el índice de esa publicación figura también el nombre del ex diputado del RPR (Ressemblement pour la République) Christian Vanneste, ahora del RPF y Derecha Libre), comprometido también con Zemmour.

Otros colaboradores, como los generales Henri Roure, Louis Roche y Marc Allamand, algunos de ellos socios de Reconquête!, dirigen un incierto “círculo de reflexión interejércitos”. Esos altos oficiales denuncian en el mismo número de Méthode “la lealtad de Francia a la OTAN” promoviendo al mismo tiempo la idea de una relación privilegiada con Rusia, “el país, en la historia europea, contra el que menos ha luchado Francia”.

Mientras muchos de esos “geopolíticos zemmouristas” de su círculo más próximo son antiguos alumnos del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional (IHEDN), al que siguen vinculados, su director, el general Bruno Durieux, ha mandado un mensaje claro en forma de recordatorio a los miembros de esa institución que depende de Matignon (sede del primer ministro): “La agresión de Rusia contra Ucrania representa una ruptura. (…) Tenemos que trabajar por la cohesión nacional, lo que excluye cualquier posición individual o asociativa en nombre del IHEDN que aporten a la situación actual evaluaciones que, al comprometer al Estado, pertenecen a las autoridades de este país”.

Todos los alineamientos políticos de peso con Zemmour, antiguo periodista de Le Figaro, muestran una fidelidad inquebrantable a Putin. El recién nombrado número 2 del partido de Éric Zemmour, Nicolas Bay, que pegó un portazo al partido de Marine Le Pen hace diez días, es un viejo admirador del Kremlin. Este tránsfuga del RN (Rassemblement National) muy cercano a los círculos pro Putin y que ha visitado varias veces la Duma los últimos años, parece que no ha sido bien informado sobre los planes de sus amigos rusos estos últimos días.

El 21 de febrero, en Cnews, días antes de la ofensiva en Ucrania, Nicolas Bay descartaba la idea de un ataque ruso. “Si los rusos quisieran de verdad invadir Ucrania habrían tenido muchas otras ocasiones para hacerlo”, creyendo que era absurdo someter a Rusia a un “juicio de intenciones”. “Los Estados Unidos tienen interés en crear esa sospecha sobre Rusia, pero el interés de Francia y de la Unión Europea es el apaciguamiento”, decía entonces.

“La Unión Europea ha organizado una guerra fría contra Rusia que no tienen ningún sentido”, pensaba Nicolas Bay ya en 2017, defendiendo el encuentro de su candidata de entonces, Marine Le Pen, con Vladimir Putin.

Hay un país que se llama Rusia, que se desentiende con un jefe, un verdadero jefe que toma decisiones

Philippe de Villiers en 2018

Otro reciente tránsfuga del RN al partido de Zemmour, el senador Stéphane Ravier, ha establecido también lazos con Moscú, en especial los trazados en el seno del Forum International del Desarrollo y el Parlamentarismo, una organización que defiende claramente los intereses rusos.

Philippe de Villiers, que se ha unido también a Reconquête!, es igualmente un tímido admirador de Putin. En junio de 2018 declaraba su pasión por ese “visisonario” en la agencia de noticias Sputnik, “Al lado de esta sociedad (europea) decadente y en camino de la perdición, tenemos un país que se llama Rusia, que se mantiene firme, con un jefe, un verdadero jefe que toma decisiones, que es popular en el corazón de los rusos y que es un visionario, que tiene una visión del mundo (…). De eso puedo dar fe porque he hablado mucho con él”.

El fundador de Puy du Fou prosigue: “Me dijo lo mismo que me había dicho Solszhenitsyn: Estáis en el camino de la perdición. Esa Europa que no tiene ni forma, ni sentido, ni raíces, ¿a dónde va?”

El sentido de la alianza con el Kremlin está muy claro para él: “Si no construimos la Europa del Atlántico a los Urales, partiremos nuestras fuerzas en dos respecto a un problema mayor que es el de la islamización de Europa”.

Un eje identitario y cristiano en el acercamiento a Rusia que comparte el católico tradicionalista Jean-Frédéric Poisson, de Via, que se ha unido también a Zemmour. En el círculo próximo de Zemmour está también Pierre-Alexandre Ferletic, coordinador de los círculos de reflexión y empleado de Russia Today, la cadena de propaganda rusa.

Sin adhesión de los franceses en Rusia

Sin embargo, el activismo de Zemmour y su equipo de campaña sobre el régimen ruso no parece (todavía) que haya tenido un efecto claro en los residentes franceses allí. Hasta ahora Reconquête!no tiene constancia de adhesiones importantes y no parece que exista en Moscú ninguna estructura activa de apoyo al candidato.

En ese “mercadeo político” en el que se mueven los partidarios de Marine Le Pen y de Éric Zemmour, el presidente del consejo consular de los franceses en Rusia, Olivier Burlotte, que fue elegido en mayo del año pasado por la lista de Aquí Moscú-Franceses soberanos, que reúne a militantes del RN, de Via y de Avenir Français (25% de votos), sigue del lado de Marine Le Pen y se hace portavoz a menudo de sus tomas de posición.

La influencia de este viejo polemista está empezando no obstante a calar, dentro de esa comunidad, en la fracción más derechista de los Republicanos que ha empezado a renunciar a apoyar a Valérie Pécresse para la primera vuelta de las presidenciales. Esta observación es válida en particular para ciertas personalidades vinculadas al Consejo Económico de las empresas francesas y rusas, presidido por parte rusa por Guennadi Timtchenko, uno de los tres primeros oligarcas afectados por las sanciones británicas tras el comienzo de la guerra en Ucrania.

Pero la angustia en la que están entrando, después del anuncio de fuertes sanciones económicas impuestas a las autoridades rusas, las mujeres y hombres de negocios franceses residentes en Rusia podría acelerar este movimiento.

Los viejos vínculos de los lepenistas con Moscú

En cuanto a Marine Le Pen, la guerra de Putin también ha irrumpido violentamente para recordar los estrechos vínculos mantenidos entre la candidata del RN y el amo del Kremlin, con el que posaba orgullosamente en marzo de 2017, poco antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

Aunque Marine Le Pen también ha condenado la invasión de Ucrania, explicando en un comunicado que “ninguna razón puede justificar el lanzamiento de una operación militar contra Ucrania por parte de Rusia que rompe el equilibrio de paz en Europa”, su cambio de posición no borra el peso de los peligrosos vínculos mantenidos con el Kremlin estos últimos años.

El Rassemblement National (Agrupación nacional) mantiene viejos vínculos basados en puntos de vista políticos e ideológicos, sin duda, pero el dinero también juega un papel fundamental. El partido, que hoy está asfixiado financieramente por una deuda enorme, todavía no ha devuelto la totalidad del préstamo ruso de 9 millones de euros que firmó con el First Czech-Russian Bank en 2014. Un préstamo sobre el que planea la sombra del Kremlin desde el principio, como ya reveló Mediapart.

El banco con el que inicialmente había conseguido el préstamo fue a la quiebra dos años después para luego ser comprado por Aviazapchast, una sociedad aeronáutica dirigida por ex militares relacionados con el servicio secreto del ejército. Ese préstamo se había conseguido gracias a la intermediación del antiguo candidato del FN (Frente Nacional) a la alcaldía de Estrasburgo, Jean-Luc Schaffhauser, que siempre ha defendido los intereses del régimen ruso. Schaffhauser aceptó en noviembre pasado servir como observador en Donetsk con ocasión de las “elecciones” en esa parte separatista de Ucrania. Un papel que ya había desempeñado durante el “referéndum” organizado en la Crimea anexionada.

El pasado mes de junio, cinco eurodiputados del RN fueron colocados en la lista negra del Parlamento Europeo por haber colaborado como observadores títere en las elecciones de Crimea y Kazakhstán: Thierry Mariani, Hervé Juvin, Philippe Olivier, Jean-Lin Lacapelle y Virginie Joron, los pilares de la campaña de la candidata.

El caso Mariani

Thierry Mariani, presentado como posible ministro de Asuntos Exteriores en caso de victoria de su candidata, mantiene con el régimen ruso relaciones privilegiadas en el primer círculo de Putin, por lo tanto con el ministro de asuntos exteriores ruso, Serguei Lavrov.

Este hombre, que preside la asociación de diálogo franco-rusa desde 2012, navega en las aguas de las redes pro Putin francesas desde hace años. Un medio en el que conoce perfectamente a todo el mundo, incluidos los que ahora han optado por pasarse a Éric Zemmour, como Caroline Galactéros. “¿Sabe usted que yo formaba parte del grupo de amistad Francia-Ucrania?, recuerda a Mediapart, diciendo “siento mucho lo que está pasando hoy en el país”. Una defensa que tiene sus límites puesto que Rusia ha trabajado siempre para colocar a sus hombres en este tipo de organizaciones.

Thierry Mariani es miembro también, en el Parlamento Europeo, de la comisión encargada de la lucha contra la injerencia extranjera, donde trabaja en estrecha colaboración con la consejera del grupo Tamara Volokhova, ex modelo cercana al Kremlin, como reveló Le Nouvel Observateur.

Hervé Juvin, co-redactor del proyecto europeo de Marine Le Pen, es también seguidor de las posiciones pro Putin desde hace tiempo, y las menciona con total libertad en su blog desde el que no para de fustigar al “Occidente decadente” sometido a los EEUU.

Unos EEUU sobre los que, se preguntaba hace poco, si no habían creado el virus del covid: “¿Y si fueran los experimentos americanos dirigidos a desarrollar armas biológicas de destrucción masiva, lejos de las miradas y fuera de todo control de las autoridades científicas, los responsables de la pandemia que ha paralizado nuestras economías, echado por tierra todas las pretensiones liberales y revelado la cara oscura de las democracias atrapadas en el miedo a morir?

Comisionado para contestar al Journal du dimanche sobre la posición de su candidata sobre la OTAN, ha tenido que retractarse in extremis explicando que se trataba de un “documento de trabajo” ya que su texto censuraba unilateralmente a Occidente, según ha informado Le Monde. Marine Le Pen se ha desmarcado públicamente de ese texto, muy poco en línea con su cambio de rumbo forzado por la emoción que despertó la invasión de Ucrania.

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En este último mes de campaña, los dos candidatos de extrema derecha tendrán que cuidarse sin duda alguna también de su entorno.

Traducción de Miguel López.

Texto en francés:

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