Al publicar a mediados de abril un “manifiesto” en la red social X, propiedad de Elon Musk, Palantir sigue los pasos de otra figura del tecnofascismo: Marc Andreessen. En 2023, este multimillonario, inversor de capital de riesgo y cocreador de uno de los primeros navegadores web, publicó un Manifiesto tecnooptimista: una síntesis del pensamiento de la derecha tecnológica, con su tecnosolucionismo beatífico y su culto a la inteligencia artificial (IA).
En el texto difundido por Palantir, se resume en 22 puntos —seguramente obra de la IA— el contenido del libro escrito en 2025 por uno de sus cofundadores, Alex Karp, y por Nicholas Zamiska, asesor jurídico de la empresa californiana, The Technological Republic (La República Tecnológica, The Bodley Head).
“Dado que recibimos muchas preguntas al respecto: La República Tecnológica, en resumen”. Así comienza la publicación en X de esta empresa, convertida en símbolo del capitalismo de vigilancia (véase aquí el análisis detallado del texto).
“Retomarlo de forma simplificada permite hacerlo más accesible y popular”, opina Céline Castets-Renard, titular de la Cátedra de Investigación de Canadá sobre Derecho internacional y comparado de la IA de la Universidad de Ottawa. “La elección del término ‘manifiesto’ lo convierte en un acto más político”.
Además, con este manifiesto, al igual que ya ocurría con el libro de Karp, “Palantir se asegura de que sus argumentos comerciales y sus declaraciones políticas vayan de la mano, porque ambos registros están entremezclados”, señala Valentin Goujon, doctorando en el Medialab de Sciences Po y especializada en IA. “Desde este punto de vista, The Technological Republic puede verse como un medio para justificar política e intelectualmente el modelo de negocio de Palantir”, añade.
Creada tras los atentados del 11 de septiembre para luchar contra el terrorismo, con el apoyo inicial de In-Q-Tel, el fondo de capital riesgo de la CIA, Palantir se ha especializado en el ámbito de la seguridad tecnológica y ofrece sus servicios y plataformas a Estados y administraciones de todo el mundo.
Gran beneficiaria de la guerra en Irán, con una fuerte presencia en el Reino Unido, pero también en Francia, Palantir está rodeada de polémicas: Karp, en concreto, afirma trabajar para la controvertida agencia ICE en la persecución de migrantes, o al servicio de los ejércitos estadounidense e israelí desplegados en Irán o en Gaza. También se presenta como socio de Ucrania.
Un antiguo simpatizante demócrata
Hasta ahora, era Peter Thiel, el otro cofundador, quien daba que hablar. En el centro de lo que se ha denominado la “mafia de PayPal” —esos empresarios que se enriquecieron con la creación del sistema de pago por Internet a principios de la década de 2000—, Thiel acaparaba la atención tanto por sus posturas ultraconservadoras como por su apoyo a Donald Trump desde 2016.
Alex Karp, por el contrario, se perfilaba como un liberal moderado. De formación filosófica, escribió su tesis sobre la retórica del fascismo y fue partidario de los demócratas, hasta el punto de apoyar a Joe Biden y Kamala Harris.
En sus posturas, se alineaba, según Nastasia Hadjadji, coautora junto a Olivier Tesquet de Apocalypse Nerds. Cómo los tecnofascistas tomaron el poder (Divergences, 2025), con un “liberalismo a la vez económico, social y político”. Sin embargo, desde el inicio del segundo mandato de Trump, cambió de rumbo y asumió su adhesión al proyecto autoritario del inquilino de la Casa Blanca.
En diciembre de 2025, durante un evento organizado por el New York Times, Alex Karp explicó que los dos temas que le preocupan son “la inmigración y el restablecimiento de la capacidad de disuasión de Estados Unidos, sin por ello adherirse a la visión neoconservadora colonialista”. “Y en esas dos cuestiones, este presidente ha obtenido resultados”, afirmó.
Las grandes tecnológicas se han decantado a favor de Trump, y Karp lo ilustra a la perfección. “Se observa una radicalidad que ha salido a la luz”, opina Nastasia Hadjadji. “Esa radicalidad ya existía, pero estaba contenida. Ahora se ha liberado gracias a una situación política favorable. No hay que creer que Karp era un buen demócrata y que de repente se ha convertido en uno malo como todos los demás”.
Un marcado apoyo a Israel
El ataque del 7 de octubre de 2023, perpetrado por Hamás, marcó un punto de inflexión para Alex Karp, hijo de pediatra judío y madre artista afroamericana. Inmediatamente después, Palantir publicó un anuncio a página completa en The New York Times para mostrar su apoyo a Israel.
En enero de 2024, la empresa celebró la primera reunión de su consejo de administración en Tel Aviv, tras la cual firmó una “alianza estratégica” con el Ministerio de Defensa israelí. Karp se declara “extremadamente orgulloso de que, tras el 7 de octubre, en cuestión de unas semanas, [Palantir esté] sobre el terreno y participe en operaciones de importancia crucial en Israel”.
Explica que, para él, no se trata “solo de Israel”. “Es un poco como si te preguntaran: ¿cree usted en Occidente? ¿Cree que Occidente ha creado un modo de vida superior?”.
Con este manifiesto, publicado el 18 de abril, Karb ahonda en esa línea y desarrolla un programa político que aspira a construir un mundo violento y represivo, del que la compañía se beneficiaría. El director general de Palantir considera que Silicon Valley debe ponerse al servicio del poder estadounidense y de Occidente frente a sus adversarios, entre los que destaca, evidentemente, China.
Lamenta que las empresas tecnológicas de su país se hayan alejado de las cuestiones de seguridad nacional y defensa, limitándose al entretenimiento o al desarrollo de aplicaciones.
“Este texto aclara de forma sintética el proyecto político de Palantir, un proyecto alimentado desde hace tiempo tanto por Alex Karp como por Peter Thiel”, señala Valentin Goujon, para quien The Technological Republic se diferenciaba de otras obras de representantes de las grandes tecnológicas al inclinarse “hacia el ensayo político, con argumentos de intervención en el debate cultural”.
Nastasia Hadjadji también subraya hasta qué punto “estos magnates de la tecnología han comprendido cómo funciona la maquinaria mediática”. “Cada vez que se habla de ellos, ya sea para bien o para mal, sobre todo para mal, eso le hace publicidad a Palantir. La gente se escandaliza, pero en realidad está sirviendo a su dominio simbólico”, subraya.
El uso militar de la IA, en debate
El momento elegido no es casual. El sector de las grandes tecnológicas se encuentra en pleno debate sobre el uso de la inteligencia artificial por parte del Gobierno “y sobre qué fines policiales se acepta o no que se utilice esta tecnología”, subraya Céline Castets-Renard, de la Universidad de Ottawa.
“La IA como herramienta de vigilancia y opresión es el tema del momento”, añade. “Evidentemente, Palantir se ha posicionado desde el principio del lado del Gobierno y del poder político. Los poderes político y tecnológico se fusionan para vigilar a la población, especialmente en materia de inmigración, por lo que se puede hablar de tecnofascismo”.
En este contexto, la empresa Anthropic, cuya herramienta Claude se utilizó para bombardear Irán, fue excluida por Donald Trump después de que la empresa californiana expresara sus reservas sobre el uso de sus modelos de IA para la vigilancia masiva de la población civil y para ataques mortales llevados a cabo por el ejército estadounidense.
El lunes 27 de abril, más de seiscientos empleados de Google firmaron una carta abierta para pedir al director ejecutivo del grupo, Sundar Pichai, que renunciara a proporcionar al ejército estadounidense sus modelos para operaciones secretas. “Consideramos que nuestra proximidad a esta tecnología nos impone la responsabilidad de sacar a la luz y prevenir sus usos menos éticos y más peligrosos”, se lee en la carta.
Alex Karp no se plantea este tipo de cuestiones morales e interviene cada vez con más frecuencia en el debate público, donde no para de lanzar provocaciones. “En el dúo Thiel-Karp, el segundo ha tenido una gran visibilidad y se ha mostrado muy virulento en los últimos meses, con un discurso belicista bastante marcado”, explica Nastasia Hadjadji.
Para ella, lo que destaca de sus recientes declaraciones, “es una retórica belicista, imperialista, dispuesta a defender Occidente, pero lo que hay que entender por Occidente es Estados Unidos, la América blanca. Defiende el poder estadounidense”. Esa retórica, señala, “está ligada al auge del dominio económico de su empresa, Palantir”.
En una entrevista concedida a la web Le Grand Continent, el coautor de Apocalypse Nerds, el periodista Olivier Tesquet, subrayaba que “una vez instalada en una administración, Palantir lleva a cabo lo que la industria del software denomina un vendor lock-in: se convierte en un proveedor del que ya no se puede prescindir”. “En este caso, no porque sus competidores sean peores, sino porque se ha convertido en dueña de la propia inteligibilidad de las decisiones”, precisa.
“Mientras que un Elon Musk, al frente del DOGE [el departamento de eficiencia gubernamental], va a desmantelar el Estado redistributivo, Palantir va a capturar el Estado soberano y privatizarlo con sus funciones de software”, precisa Nastasia Hadjadji.
“Palantir ocupa un lugar especial”, confirma por su parte Céline Castets-Renard, “pues desde su creación desarrolla herramientas de vigilancia mediante la analítica de datos, los movimientos de la población, el reconocimiento facial… También trabaja desde su fundación para las administraciones y los servicios más opresivos en materia de inmigración y policía. Esta visión policial de la sociedad se ajusta a las ideologías de los dirigentes, tal y como muestra el manifiesto”. Una distopía con la que sueña Donald Trump y que Palantir hace posible.
El Pentágono contrata a los competidores de Anthropic en IA
El Departamento de Defensa de Estados Unidos anunció el viernes 1 de mayo acuerdos con siete empresas tecnológicas, abriendo el acceso a sus modelos de inteligencia artificial para operaciones secretas, incluso en el campo de batalla. Entre las seleccionadas por el Pentágono figuran SpaceX, matriz del laboratorio xAI, OpenAI, Google, Nvidia, Reflection, Microsoft y AWS, la filial de Amazon dedicada a la informática en la nube. El Gobierno ha descartado a la startup Anthropic, con la que mantiene un litigio, pese a que su modelo, Claude, está considerado como uno de los más eficaces del mundo.
A finales de febrero, el Gobierno de Trump decretó la rescisión de todos los contratos que lo vinculaban a Anthropic, una decisión impugnada ante los tribunales por la startup californiana. A raíz de ello, decidió diversificar sus proveedores de IA para sus actividades clasificadas, de acceso restringido y a menudo relacionadas con la seguridad nacional. El Pentágono ya había informado de acuerdos en este sentido con OpenAI y Google tras la ruptura con Anthropic.
“Esas colaboraciones acelerarán la transformación del ejército estadounidense en una fuerza de intervención orientada a la IA”, explicó el Departamento de Defensa en un comunicado. Los modelos de IA de las empresas seleccionadas se desplegarán para operaciones de nivel 6 y 7, los más altos en la escala de clasificación de seguridad del Pentágono. Servirán para “hacer más eficaces la síntesis de datos y la comprensión del contexto, y contribuir a la toma de decisiones de un combatiente en entornos complejos”, según el Departamento.
Fue en este contexto en el que se utilizó Claude, el único modelo de inteligencia artificial autorizado hasta entonces para operaciones clasificadas, durante la ofensiva contra Irán. Las decisiones relativas a los ataques (el momento del golpe o la elección del objetivo) siguen en manos de militares. “Nosotros nos atenemos a la ley y son los humanos quienes toman las decisiones”, indicó el jueves 30 de abril el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en respuesta a una pregunta sobre la posibilidad de que el lanzamiento de un ataque se confíe a una IA. “La IA no toma decisiones sobre un ataque letal”, añadió.
Caja negra
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Céline Castets-Renard respondió a nuestras preguntas por correo electrónico. En el caso de Nastasia Hadjadji y Valentin Goujon, fueron entrevistados por teléfono el jueves 30 de abril.
Traducción de Miguel López
Al publicar a mediados de abril un “manifiesto” en la red social X, propiedad de Elon Musk, Palantir sigue los pasos de otra figura del tecnofascismo: Marc Andreessen. En 2023, este multimillonario, inversor de capital de riesgo y cocreador de uno de los primeros navegadores web, publicó un Manifiesto tecnooptimista: una síntesis del pensamiento de la derecha tecnológica, con su tecnosolucionismo beatífico y su culto a la inteligencia artificial (IA).