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¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Le Pen se prepara para recoger los pedazos de una V República hecha añicos

Sébastien Calvet / Mediapart

Ellen Salvi (Mediapart)

El problema está ahí, delante de nuestros ojos, pero pocos lo abordan directamente. Si la Agrupación Nacional (RN) tomara las riendas del Gobierno de Matignon tras las elecciones legislativas de este domingo, los cimientos de la V República se tambalearían, con riesgo de derrumbarse sobre sí misma. Nuestro sistema se basa en una serie de principios de libertad consagrados en el preámbulo de la Constitución", señala Marie-Laure Basilien-Gainche, catedrática de Derecho Público en la Universidad Jean-Moulin-Lyon 3. “Pero el partido que está ahora a las puertas del poder sigue una lógica antiliberal", agrega.

Aunque hay matices sobre el nivel de crisis institucional que atravesamos, la mayoría de los especialistas en derecho constitucional que entrevistamos coinciden en este punto: una cohabitación entre Jordan Bardella y Emmanuel Macron sería "extremadamente violenta", en palabras de Bastien François, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de París 1-Panthéon-Sorbonne. Porque varias de sus medidas –entre ellas la famosa "prioridad nacional"– pisotean la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. El plan de la extrema derecha pone en peligro nuestros derechos fundamentales.

Nunca antes bajo la V República había existido tal riesgo de crisis de régimen. Esto se debe a que, durante las cohabitaciones anteriores, "había acuerdo sobre el núcleo duro" de la Constitución y sus principios, señala Paul Alliès, profesor emérito de la Universidad de Montpellier y presidente de la Convención para la VI República (C6R). Esta vez, prosigue Bastien François, "pensemos lo que pensemos de Emmanuel Macron, no habría nada en común [entre Matignon y el Elíseo] en materia de valores fundamentales o de política exterior y europea".

El hecho de que nuestro Estado de derecho esté siendo cuestionado por un gobierno de extrema derecha es comprensiblemente preocupante para quienes actualmente ocupan las instituciones que lo garantizan. Contrariamente a lo que nos quiere hacer creer Marine Le Pen, este desafío no es ninguna fantasía. Para convencerse, basta con recordar las palabras del abogado Pierre Gentillet, candidato de la alianza entre RN y Éric Ciotti: "Mientras hagamos entrar en vereda al Consejo Constitucional, podremos hacer cualquier cosa". Y recuerda todos los ataques lanzados hasta hace poco contra los llamados "atracos democráticos".

La extrema derecha "da ahora la impresión de abrazar la gramática de los derechos fundamentales", argumentando que "los políticos deben poder actuar sin cortapisas", señala la jurista Stéphanie Hennette-Vauchez en Alternatives Économiques. “Pero el Estado de derecho no es eso", prosigue. No significa liberarnos de las reglas del derecho, porque sólo nosotros podríamos expresar la voluntad del pueblo. Al contrario, significa decidir colectivamente someter toda la acción pública a un cierto número de reglas expresadas en textos de valor constitucional o convencional”.

Poderes desequilibrados

Algunos especialistas en derecho constitucional consideran que "la Constitución siempre ha sido más fuerte que los hombres". "Tengo pocas dudas sobre su capacidad de resistencia", declaró a LCP [canal de televisión nacional público francés] Jean-Philippe Derosier, profesor asociado de Derecho público en la Universidad de Lille. Preguntada por Mediapart, su colega Anne Levade también cree que "la Constitución está ahí precisamente para permitir el funcionamiento de las instituciones". Pero no todos tienen la misma visión de este texto fundamental y de sus numerosas debilidades.

Para Marie-Laure Basilien-Gainche, la situación actual revela, por el contrario, "los fallos de la Constitución", agravados por las múltiples reformas. La catedrática de Derecho Público subraya, en particular, "la pobreza del poder legislativo y la timidez del poder judicial". “El régimen de la V República ha reforzado el poder ejecutivo", afirma. “Por eso la Agrupación Nacional no tendría ningún interés en cambiarlo. No es casualidad que Marine Le Pen defienda ahora la V República", confirma Paul Alliès.

El desequilibrio entre el poder legislativo y el ejecutivo no ha dejado de aumentar con cada revisión constitucional. Como señala Marie-Laure Basilien-Gainche, el desequilibrio es tan grande que un gobierno de extrema derecha podría fácilmente "doblegar a la administración basándose en criterios racistas". “Y tanto más fácilmente cuanto se beneficiaría de una mayoría, absoluta o relativa, compuesta por diputados cuyas competencias legislativas no son inmediatamente evidentes. La Asamblea se convertiría más que nunca en una cámara de grabación", prosigue el jurista. “Y el control del ejecutivo se haría aún más fuerte...".

Reforma tras reforma, los gobiernos anteriores han allanado el camino al poder autoritario acelerando la adopción de medidas para frenar la libertad. "Es un bulevar que se ha abierto", prosigue Marie-Laure Basilien-Gainche. "En vísperas de unas elecciones, nos encontramos en una situación extremadamente frágil. Si llega al poder, la RN podrá hacer un uso más grave, más discriminatorio y más represivo del arsenal jurídico existente. Amenazará aún más el Estado de derecho adoptando nuevas leyes y nuevas normas", explica Stéphanie Hennette-Vauchez.

Desde 2017, Emmanuel Macron ha estado atacando la estructura jurídica de las libertades, llevando las medidas excepcionales al derecho común

Hemos perdido la cuenta del número de medidas adoptadas en los últimos años en nombre de la seguridad, la lucha contra el terrorismo o las emergencias sanitarias. Ni el número de veces que las advertencias contra estos abusos liberticidas han sido ignoradas por quienes las creían inamovibles. El diputado centrista Charles de Courson advirtió a la mayoría presidencial que "despierte" ante la ley antidelincuencia de 2019. “El día que tengan otro gobierno, ¡ya verán! El día que estén en la oposición, con un gobierno de extrema derecha, ¡ya verán, queridos colegas!”.

Si bien algunas de estas disposiciones fueron finalmente rechazadas por el Consejo Constitucional, no fue el caso de todas ellas, con lo que la institución de la calle de Montpensier dejó de desempeñar su papel de control y equilibrio. Desde 2017, Emmanuel Macron ha seguido atacando la estructura jurídica de las libertades, introduciendo medidas excepcionales en el derecho común. "Con el tiempo, como resultado de opciones económicas y sociales, la doctrina de la seguridad, que ha sido la doxa de los gobiernos conservadores durante cuarenta años, ha terminado ganando al liberalismo político. Se trata de una amenaza para la propia idea de democracia", advertía ya en 2020 el abogado Jean-Pierre Mignard.

Un sistema descarriado

Para imponer sus políticas, el propio Jefe del Estado ha hecho un uso muy personal de la Constitución, no dudando en retorcer sus principios en numerosas ocasiones –la reforma de las pensiones es uno de los ejemplos más flagrantes de este método–. "La situación actual es sobre todo el resultado del encuentro de Emmanuel Macron con una Constitución presidencialista. La Constitución de la V República favorece ciertamente un enfoque muy vertical del poder. Pero Emmanuel Macron es uno de los jefes de Estado que han interpretado este texto de la manera más presidencialista", señala Stéphanie Hennette-Vauchez en Alternatives Économiques.

Su colega Bastien François señala "el problema de la irresponsabilidad del presidente de la República" consagrado en la Constitución. “Hay una disociación entre poder y responsabilidad", afirma. “Emmanuel Macron dice a menudo 'corro mi riesgo', pero en realidad corre el nuestro. Lo vemos claramente con esta disolución de la Asamblea, que tiene consecuencias para todos, pero no cambia nada para él. El presidente de la República no debería ejercer el poder de esta manera. Pero es difícil reformar una práctica...".

Sin embargo, Paul Alliès cree que se pueden utilizar varias palancas para "democratizar el sistema". “Muchos han prometido hacerlo en el pasado, pero nunca lo han hecho. Es cierto que ha habido compromisos, comisiones y revisiones, pero los sucesivos gobiernos se han contentado con medidas cosméticas sin renovar nunca la V República. Es una de las grandes debilidades de la izquierda desde Mitterrand", afirma el Presidente del C6R. “Cada vez que se ha presentado la ocasión de parlamentarizar el sistema, la izquierda la ha desaprovechado”.

Y no es la única. Hace diez años, varios dirigentes de derechas, entre ellos Bruno Le Maire, ya diagnosticaban "una democracia que se agota". En 2017, pocas semanas antes de tomar posesión de su cargo en Matignon, Édouard Philippe también escribió que "la necesidad de una VI República debería convertirse en un tema central de [la] campaña presidencial". El propio Emmanuel Macron ha prometido en repetidas ocasiones reformar nuestras instituciones. Durante el primer quinquenio, el tema fue impulsado en gran medida por el movimiento de los "chalecos amarillos", sin que nada se moviera en las altas esferas del Gobierno.

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El mismo escenario se repitió durante las elecciones presidenciales de 2022: algunos compromisos, un puñado de consultas y luego... nada. Todavía nada, hasta esta disolución de la Asamblea. Sin embargo, "se ve claramente que hemos llegado al final de un sistema", confiaba recientemente uno de los allegados al presidente de la República, disgustado como muchos macronistas por esta "disolución en seco" decidida "sin ninguna reflexión sobre la naturaleza de nuestras instituciones".

La mayoría de los especialistas en derecho constitucional entrevistados por Mediapart sugieren que hay que cambiar el sistema de votación para las elecciones parlamentarias. Llevan años señalando que un sistema mayoritario a dos vueltas favorece ampliamente al ganador, mientras que la representación proporcional sería más representativa. Como predijeron los firmantes de este artículo hace unos meses, y como repite la politóloga Camille Bedock en esta entrevista, el actual sistema de votación pone a Francia "a merced de una minoría mayoritaria". 

Marine Le Pen lo ha entendido claramente. Tras haber apoyado durante mucho tiempo la representación proporcional, la líder de RN en la Asamblea Nacional defiende ahora el actual sistema de votación, que le resulta favorable. Es un giro que resume todos los problemas que plantea el mal uso de la Constitución y de las instituciones vinculadas a ella. Al evitar abordar la cuestión de frente, los gobiernos anteriores han debilitado todo el sistema. Y han permitido que un partido "antisistema" se apodere de él. El general de Gaulle dijo en 1958: "El poder no estaba para tomarlo, estaba para recogerlo". La extrema derecha podría decir lo mismo de la V República.

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