Armamento nuclear

Irán: Los principales jefes militares contradicen a Netanyahu

Irán: Los principales jefes militares contradicen a Netanyahou

Marta Semitiel / René Backmann (Mediapart)

Irán no es, para Israel, la amenaza principal. Este juicio, en contradicción total con las declaraciones y la estrategia política y diplomática de Benjamin Netanyahu, sobre todo después del acuerdo del pasado 14 de julio sobre la desmilitarización del programa nuclear iraní, no nace de uno de esos corazones sangrantes de la extrema izquierda israelí que el Likud y sus aliados menosprecian. Proviene de un documento de 33 páginas, en hebreo, firmado por el general Gadi Eizenkot, jefe de Estado Mayor de la Armada del país. Bajo un título banal –La estrategia de las fuerzas de defensa de Israel–, el documento expone en cinco capítulos la doctrina de evolución y utilización de las fuerzas del general Eizenkot, que sucedió en febrero de este año al general Benny Gantz a la cabeza del Ejército israelí.

Procedente de una familia marroquí –su madre es originaria de Casablanca, su padre de Marrakech–, este soldado de infantería de 55 años, formado en el seno de la brigada Golani, ha ascendido en los últimos 25 años todos escalones de la jerarquía militar, desde el comando de la División Judeo-Samaritana (Cisjordania) a la cabeza de la Subdivisión de Operaciones y Comando de la Región Norte. Se le conoce como un duro, reputado por sus operaciones implacables. Durante la Guerra del Líbano, en 2006, anunció que cada ciudad libanesa de la que procedieran tiros de Hezbollah sería “borrada del mapa”. Pero también es conocido por su franqueza al hablar y su desconfianza hacia las aventuras políticas.

El texto que hizo público la semana pasada –iniciativa inédita en Israel– constituye la versión abreviada y expurgada de un documento mucho más rico en datos operativos y estratégicos, preparado por un grupo de expertos de la franja de operaciones y comunicado hace algunas semanas a los principales responsables militares. En el primer capítulo de la versión destinada al público, dedicado a los Aspectos militares de la percepción de la seguridad, el general Eizenkot, fiel a su reputación, recuerda que “el enemigo no puede ser vencido por un combate defensivo y solo la ofensiva puede permitir obtener resultados militares claros”.

Pero es sobre la definición de “enemigo” donde el documento revela una visión más original que estratégica, o al menos, actualizada.

Aunque el Ejército israelí de los años 50 y los 60 fue concebido para afrontar los asaltos de los países árabes vecinos y fronterizos, los acuerdos de paz con Egipto y después con Jordania, el cambio de régimen en Irak y la disolución en curso de Siria imponen una redefinición de la amenaza. Hoy, afirma el documento, los principales enemigos de Israel ya no son sus vecinos, sino las organizaciones militares islamistas como Hezbollah y los defensores de Hamás, que cuentan con el apoyo de algunos Estados de la región, y las organizaciones terroristas islamistas, comprometidas con la yihad y con Al-Qaïda, o con la conquista de un espacio geográfico como el Estado Islámico.

Irán es mencionado en el documento como aliado de Hezbollah y de Hamás, nunca como una amenaza en sí mismo –nuclear o no–. ¿Esta ausencia se explica como el avance de los partidarios de Netanyahu, por el carácter sensible del informe y por el secreto que protegería la estrategia israelí en este caso? ¿O tal vez por el crédito que el Estado Mayor acordó en el documento firmado el 14 de julio entre Irán y los 5+1? (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania).

Sea cual sea la respuesta, el simple hecho de que el jefe del Estado Mayor israelí haya decidido, en un documento público, sostener sobre Irán un discurso opuesto al del primer ministro indica, al menos, una espectacular divergencia en comunicación. Y puede ser más más que eso.

Mientras que Netanyahu se esfuerza para movilizar, con la ayuda de sus ricos aliados americanos, a los miembros del Congreso de Estados Unidos para que se opongan al acuerdo pactado con Teherán, bajo riesgo de echarun pulso con Barack Obama, el general Eizenkot recuerda en su texto que entre los principales objetivos estratégicos del Ejército israelí figura “el refuerzo de la alianza con Estados Unidos”. Insiste también, mientras los observadores aumentan el aislamiento diplomático al que Israel se enfrenta por la actitud de Netanyahu, en la necesidad de “reforzar la posición de Israel en el escenario internacional”.

No se trata además del primer desacuerdo en este punto entre los dos hombres. En 2010, Gadi Eizenkot, entonces segundo Jefe de Estado Mayor, envió una carta al primer ministro para expresar su desacuerdo con el supuesto golpe aéreo sobre los objetivos nucleares iraníes que el Gobierno parecía estar planeando. Un ataque así, consideraba el general, podría arrastrar a Israel a una guerra y poner en peligro su alianza con Estados Unidos. Alianza concretada precisamente por una ayuda militar anual de 3.000 millones de dólares que Washington le da al Gobierno israelí.

El 47% de los israelíes está a favor de un golpe militar contra Irán

Curiosamente, aunque la oposición de centro izquierda –en pleno naufragio moral e ideológico– apoya a Netanyahu en su rechazo al acuerdo del 14 de julio, es en el sector militar y entre los profesionales de seguridad donde se encuentran las posiciones más pragmáticas, incluso las más favorables, al acuerdo nuclear iraní.

Menos de dos semanas antes de la publicación del documento del general Eizenkot, unas sesenta personalidades, entre las que había antiguos jefes del Shin Bet (servicio de seguridad interior), un antiguo director adjunto del Mossad, un ex jefe de informaciones militares y unos cuarenta generales, publicaron en la prensa una petición a Netanyahu para que aceptase el acuerdo. “El acuerdo cerrado por las grandes potencias el 14 de julio con Irán es un hecho consumado”, constatan los firmantes. “Es por eso que pedimos al Gobierno israelí que adopte una política que restaure la confianza y refuerce la cooperación de seguridad y diplomática con la Administración americana con el fin de prepararse para hacer frente a los numerosos retos que van a derivar de este acuerdo”.

Una movilización en vano, aparentemente, frente al alarmismo que impulsan el primer ministro y los medios de comunicación. Dos sondeos realizados por la cadena de televisión Channel 10 al día siguiente de la firma del acuerdo y por el diario Ma'ariv algunos días más tarde, indican que una sólida mayoría de ciudadanos israelíes aprueba la actitud de Netanyahu. Según estas dos encuestas, el 69% de los israelíes se opone al acuerdo, el 74% piensa que no impedirá a Irán obtener una bomba nuclear, el 78% considera que el acuerdo constituye un amenaza para Israel, el 51% sostiene que “todos los medios” deben ser empleados para convencer al Congreso americano sobre su rechazo y el 47% (contra el 35%) está incluso a favor de un golpe militar israelí contra Irán para impedirle que se haga con un arma nuclear.

Generoso amigo de Netanyahu y propietario del periódico gratuito Israël Hayom, primero en difusión de la prensa israelí, el magnate americano de los casinos, Sheldon Adelson, con la decimotercera fortuna más grande de los Estados Unidos, está dispuesto a gastar decenas de millones de dólares para convencer a los miembros del Congreso que frustren el acuerdo con Irán. El American Israël Public Affairs Committee (AIPAC), organización americana imprescindible para la ayuda a Israel, se dispone a desembolsar entre 20 y 40 millones de dólares en publicidad en contra del acuerdo, dirigida prioritariamente a los demócratas –los republicanos están ya decididos a votar, en principio, contra el texto–. Los anunciantes ya han comenzado a pagar.

Por lo general muy receptivos a los discursos de los militares israelís, los parlamentarios norteamericanos –entre ellos algunos demócratas– se muestran esta vez sordos ante los argumentos de los generales, incluso ante las advertencias de Eizenkot, a quien sería difícil entonces hacer pasar por paloma. Hace dos semanas, el senador demócrata de Nueva York Chuck Schumer, un judío muy influyente en el Congreso, anunció que votaría con los republicanos y rechazaría el acuerdo con Irán. El pasado martes 18, otro senador demócrata, Robert Menendez, de New Jersey, antiguo presidente de la Comisión de Asuntos Extranjeros del Senado, anunció a su vez que se opondría a la validación del texto.

Sumisos ante el machaque progresivo de los grupos de apoyo a Israel, otros demócratas dudan todavía. Hasta el punto de que la Administración de Obama no está segura de ver el texto esquivar el obstáculo del Congreso. Un rechazo forzaría a Barack Obama a hacer uso de su veto para aplicar, a pesar de todo, las disposiciones del acuerdo. Y solo la movilización de los dos tercios de senadores y representantes permitiría romper el veto presidencial. Para Obama eso sería una derrota histórica. Y para Benjamin Netanyahu, una victoria embriagadora, preludio de quién sabe qué aventura. 

Traducción por: Marta Semitiel

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