De la olla a presión de Reino Unido a la paz social en España: los sindicatos se movilizan en Europa

Un manifestante enciende una bengala roja durante una huelga nacional liderada por los sindicatos franceses contra la reforma del sistema de pensiones.

Ludovic Lamant (Mediapart)

La primera jornada de movilizaciones contra la reforma de las pensiones, el jueves 19 de enero, fue un éxito para los sindicatos franceses, que demostraron su unidad. En el resto de Europa, las centrales sindicales, de las que hace poco se decía que andaban mal, están a la vanguardia en la defensa del poder adquisitivo. Analizamos cuatro países en los que las estrategias y los resultados varían.

En Bélgica, años y años de movilizaciones por los salarios

En Bélgica, la batalla social sigue dominada por las grandes centrales sindicales, que organizaron varias jornadas de manifestaciones en 2022, e incluso una huelga general en noviembre, en defensa del poder adquisitivo. “La cuestión de la congelación salarial sigue estando en el centro de las movilizaciones", dice el investigador Bruno Bauraind, especialista en temas sociales. “Una ley de 1996, que el Ejecutivo endureció en 2017, impide la negociación colectiva de los salarios."

Y añade: "Por un lado, los empresarios consideran que no hay necesidad de renegociar, ya que Bélgica practica la indexación salarial automática. Por otro lado, los sindicatos protestan porque esta indexación sólo cubre una parte del aumento de precios, pues no tiene en cuenta el gas o la gasolina, por ejemplo.” Por el momento, los sindicatos no han ganado su caso, ya que la "coalición Vivaldi" (formada por cuatro partidos, como las célebres ‘Cuatro estaciones” de Vivaldi, ndt) en el poder federal en Bruselas ha preferido pagar primas a un sector u otro, en lugar de reabrir la negociación colectiva.

Más allá de esas movilizaciones tan mediáticas, en un país donde la tasa de sindicación supera el 50%, han surgido iniciativas más modestas. Siguiendo el modelo británico de Don't Pay UK, los activistas han propuesto que los hogares belgas se nieguen a pagar sus facturas, con un éxito más bien limitado. En Charleroi, las repetidas huelgas de Ryanair complican las operaciones de la compañía desde hace más de un año. Pero no ha habido resultados espectaculares, como hizo, por ejemplo, el colectivo flamenco contra la austeridad Hart Boven Hard en la década de 2010.

"La guerra de Ucrania y la inflación no tuvieron tanto impacto en la conflictividad social como en el Reino Unido, por ejemplo. No creó una dinámica nueva y espontánea", afirma Bruno Bauraind. “Los sindicatos, como de costumbre, como buenos gestores de las protestas, han canalizado esa cólera social.” El mecanismo de indexación automática de los salarios a la inflación, que ha protegido más bien a la clase media, y la participación en el gobierno de partidos etiquetados como de izquierdas, como los socialistas y los ecologistas, también han contribuido a la "estabilización" de la situación.

El aumento salarial en Alemania, una victoria de los sindicatos

La actualidad social alemana ha estado dominada por la firma de un acuerdo sectorial entre el sindicato IG Metall y la patronal para un aumento salarial del 8,5% para los 3,9 millones de empleados de la industria electrometalúrgica. Este aumento, obtenido en noviembre de 2022, se escalonará en dos años (5,2% a partir del próximo mes de junio). El acuerdo se negoció inicialmente sólo para el land de Baden-Württemberg (suroeste de Alemania), pero se pretendía extender a otros sectores que están negociando actualmente. 

 Para Olivier Giraud, director de investigación del CNRS (Lise), esta victoria sindical se inscribe en una lógica de "reequilibrio". “Desde mediados de los noventa hasta finales de la década de 2010, estuvimos en una fase muy larga de moderación salarial, cuyo objetivo era preparar a Alemania para entrar en la unión económica y monetaria", recuerda este sociólogo. “Los trabajadores hicieron un gran esfuerzo, sobre todo a través del programa Hartz, y los sindicatos aceptaron importantes retrocesos en materia de pensiones". 

A las empresas no les interesa negociar a la baja en términos salariales

Olivier Giraud, sociólogo

Y añade: "Desde finales de la década de 2010, hemos entrado en una fase, si no de recuperación, al menos de reequilibrio. Los buenos indicadores de la economía alemana han hecho que la patronal se avenga a hacer concesiones.” Esta subida de los salarios, prosigue Olivier Giraud, también se explica por "la escasez de mano de obra en las regiones donde la industria es innovadora y muy exportadora, lo que hace que a las empresas no les interese negociar a la baja en términos salariales". Las PYME que habían abandonado el sistema de negociación colectiva sectorial han vuelto a él recientemente.

A más corto plazo, el impacto de la guerra de Ucrania en la inflación, en un momento en que Alemania dependía en gran medida del gas ruso, no ha provocado ninguna movilización importante, a pesar de que muchos sectores de la población, en particular las mujeres jubiladas, se están empobreciendo. Un colectivo formado en 2022, Ich bin Armutsbetroffen (Estoy afectado por la pobreza), sigue siendo aún limitado. En cualquier caso, nada es comparable a la magnitud de algunas huelgas sectoriales que dejaron su impronta en 2021, especialmente la de los maquinistas de la Deutsche Bahn.

En el Reino Unido, una conflagración histórica y nuevos actores

La movilización comenzó en junio de 2022 con una huelga de ferroviarios, y se extendió a otros sectores, desde las enfermeras a los empleados de correos, pasando por los conductores de ambulancias. A mediados de enero, los enseñantes de Inglaterra y Gales se sumaron a la protesta por los salarios, anunciando siete jornadas de huelga para febrero y marzo.

Estos movimientos, que constituyen la mayor oleada de huelgas en el Reino Unido desde 1972, sorprenden aún más por su magnitud, ya que "hasta hace poco veníamos asistiendo a un descenso casi continuo de la conflictividad social", según explica el profesor Marc Lenormand en una entrevista con Mediapart, siendo 2015 el año más bajo jamás registrado en cuanto a jornadas de huelga.

La inflación provocada por la guerra en Ucrania, pero también las políticas aplicadas por un partido de derechas casi agotado que lleva doce años en el poder, están alimentando una protesta especialmente intensa. A ello se añade la renovación de la dirección de muchas centrales sindicales, a menudo mujeres (Sharon Graham en Unite, Christina McAnea al frente de Unison, Jo Grady al frente de UCU, el sindicato de enseñanza superior, y la enfermera Pat Cullen, secretaria general del Royal College of Nursing), que han radicalizado el discurso de su organización.

Al igual que en Bélgica, donde el Partido Socialista (PS) francófono parece perder cada año un poco más de influencia sobre el sindicato valón FGTB, en beneficio del PTB (oposición marxista), en el Reino Unido también se está produciendo una escisión entre unos sindicatos que, hasta ahora, habían apoyado casi siempre la estrategia del Partido Laborista y que ahora se emancipan abiertamente de su dirección, y un Partido Laborista dirigido por Keir Starmer, que se contenta con apoyar con prudencia el movimiento en curso.

La "excepción" española

Mientras la derecha española se manifiesta en las calles contra el Gobierno de izquierdas en vísperas de las elecciones legislativas previstas para finales de año, los movimientos sociales en defensa del poder adquisitivo son, por el momento, más contenidos. Esto se debe en parte a que los sindicatos mayoritarios sienten que pueden contar con aliados en el Gobierno. "España es una excepción en el panorama europeo", opina Juan Blanco, responsable internacional del sector industrial de Comisiones Obreras, uno de los dos principales sindicatos del país junto con UGT.

El Ejecutivo del socialista Pedro Sánchez ha reformado el Estatuto de los Trabajadores para anular partes de la reforma aprobada por la derecha en 2012, y ha conseguido aumentar el número de contratos indefinidos en el último año. La coalición PSOE-Podemos también ha tratado de frenar el impacto de la inflación, negociando en Bruselas una "excepción ibérica" sobre la energía, revalorizando las pensiones (que suben un 8,5% este año) o suprimiendo el IVA de los alimentos básicos. Son medidas bastante limitadas, pero han tenido el mérito, a corto plazo, de frenar la inflación (en diciembre fue del 5,7%, la tasa más baja de la UE).

Como en el resto del continente, los sindicatos luchan sobre todo por el aumento salarial. Las dos centrales mayoritarias, CCOO y UGT han lanzado la campaña Salario o conflicto, un lema que reunió a unas 40.000 personas en las calles de Madrid el pasado noviembre. "Queremos negociar un pacto sobre los ingresos, en un contexto en el que sube la inflación y también los beneficios de muchas empresas", explica Juan Blanco.

En España, donde las negociaciones sectoriales sobre las condiciones laborales y los salarios suelen llevarse a cabo sectorialmente, siguen vivos los conflictos locales. Las huelgas en el metal en Andalucía a finales de 2021 mostraron el riesgo de desconexión entre la dirección de las centrales nacionales y una base más radical. Desde entonces, huelgas con un importante seguimiento han paralizado las actividades de grandes grupos, como Airbus y la empresa de energía Repsol, que concedió finalmente aumentos salariales en el verano de 2022.

En cuanto a las pensiones, la situación vuelve a desentonar con Francia. Ya en 2011, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero propuso, presionado por los mercados financieros, elevar la edad legal de jubilación de 65 a 67 años y ampliar el número de años para el cálculo de la cuantía de la pensión.

En 2013, con la derecha de nuevo en el poder, se aprobó una reforma mucho más dura sin consenso ni con sindicatos ni con la oposición. Pero esta reforma fue derogada por el propio Gobierno del PP como consecuencia de las movilizaciones de pensionistas  seis años después, en 2018, que reclamaban "pensiones dignas". La reforma de las pensiones sigue en la agenda  del actual Gobierno, se está negociando con sindicatos y empresarios y es una fuente de fricciones entre el PSOE y Unidas Podemos.

  

Caja negra

Las entrevistas se realizaron durante la semana del 16 de enero.

 

Traducción de Miguel López

 

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