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ECONOMÍA DE GUERRA

Huelga en Francia, paz en las refinerías españolas: Repsol sube salarios con el IPC y Cepsa los negocia en 2023

Protesta de los trabajadores de la refinería de Repsol en A Coruña durante la huelga del pasado 15 de julio.

Francia tiene siete refinerías y todas están en huelga: las de ExxonMobil desde el 20 de septiembre y las de TotalEnergies, desde el 27 de ese mes. El efecto en cadena ha sido inmediato: algunas estaciones de servicio se han quedado sin combustible. Las imágenes de las colas de coches se superponen a las de los trabajadores de las refinerías, que reclaman subidas salariales del 10% para hacer frente a una inflación que en Francia es sólo del 6,2%, la más baja de la UE. Para ello esgrimen los enormes beneficios que están obteniendo sus empresas. La francesa TotalEnergies, dueña de cinco plantas de refino, ganó 10.460 millones de euros en los primeros seis meses de este año, un 92% más que en el mismo periodo de 2021; mientras que el gigante estadounidense ExxonMobil, propietario de las dos refinerías restantes, cerró en junio con 22.911 millones de euros de beneficios, el triple que el año anterior.

En España, en cambio, el sector vive ajeno al ruido. Repsol ha ganado 2.539 millones de euros en el primer semestre, de los que 1.393 millones corresponden a su división industrial, incluidas las refinerías. Son los mayores beneficios desde hace 15 años. Cepsa aumentó sus resultados un 149% respecto a 2021, tras cerrar en junio con unas ganancias de 841 millones de euros. Este verano su margen de refino alcanzó los 19,1 dólares por barril; es decir ha multiplicado por cuatro el que tenía el año pasado, 4,5 dólares. Entre las dos empresas se reparten siete de las ocho refinerías que funcionan en España –la de Asesa en Tarragona produce sólo betún asfáltico–. La tercera en el mapa es la multinacional BP Oil, que posee una planta en Castellón.

El tamaño del sector del refino en los dos países es similar, pero los ánimos laborales en las plantas españolas distan mucho del monumental enfado francés. Sólo en Repsol la sangre llegó al río antes del verano, y fue poca, mientras los sindicatos negociaban la renovación del acuerdo marco del grupo, que había caducado en 2019. La primera oferta de la empresa fue, de hecho, una rebaja salarial, amparándose en los malos resultados de 2019 y 2020 y en las inversiones que debe hacer para cumplir con la Agenda 2030 en la lucha contra el cambio climático y la reducción de los gases de efecto invernadero, explica Agustín Pérez, coordinadora de UGT-FICA en Repsol.

La segunda propuesta se quedó en un 2,5% de aumento, por debajo incluso del 3,5% que está dispuesta a conceder la CEOE para el acuerdo de negociación colectiva nacional. Tal cicatería soliviantó a los sindicatos, después de dos años de salarios congelados y justo cuando la empresa anunciaba un dividendo de 0,63 euros la acción, resultado de una mejora del 5%. En enero los accionistas ya habían recibido otros 0,30 euros por título. Además, la compañía de Antonio Brufau planteaba una reducción del capital social –otra forma de retribuir a los accionistas, porque se aumenta el valor de los títulos– mediante la amortización de 75 millones de acciones propias. Y la recompra de 50 millones de acciones en el segundo semestre, adelantando una operación en principio prevista para finales de este ejercicio y principios de 2023. El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, explicó en la presentación de resultados que el objetivo de la empresa era “acelerar” la recompra de acciones para mejorar sus objetivos de dividendo, teniendo en cuenta los actuales precios de los hidrocarburos.

Tres días de huelga en Repsol

Así que CCOO, UGT y el Sindicato de Trabajadores (STR) convocaron tres días de huelga en julio y otros tres en agosto. También protestaron a las puertas del pabellón de Ifema en Madrid donde se celebraba la junta general de accionistas. Tras los paros de julio, Repsol se avino a subir los salarios en línea con el IPC, incorporando una cláusula de revisión. La huelga de agosto quedó desconvocada. Finalmente, la subida para este año será de un 4%, pero a final de cada año la plantilla cobrará el 75% de lo que aumente la inflación y el 25% restante en una paga no consolidable, detalla Agustín Pérez.

Además, esa cláusula está ligada a los beneficios de la empresa, destaca por su parte Raquel de la Hija, responsable de CCOO en Repsol. Si la empresa alcanza los 2.600 millones de beneficios, la revisión llegará al 80% del IPC, si gana 2.700 se elevará al 90% y si son 2.800 millones, la subida salarial ascenderá al 100% de lo que aumente la inflación. “No es la cláusula idílica que existía en los años 90, pero garantiza el poder adquisitivo de la plantilla”, apunta Agustín Pérez. Como muchas otras empresas en la anterior crisis, los trabajadores de Repsol perdieron la cláusula de revisión salarial en 2014, y no la recuperaron hasta 2017. En el acuerdo marco recién suscrito, Repsol ha desoído por tanto a la CEOE, que se opone frontalmente a incluirla en los convenios.

Ese texto, ya ratificado en asambleas de trabajadores este septiembre, debe ahora trasladarse a los convenios de las diferentes empresas del grupo, pero ni CCOO ni UGT prevén problemas. Petronor, que pertenece en un 86% a Repsol y gestiona la refinería de Muskiz, en Bilbao, tiene convenio propio, que está ahora en plena negociación.

En el caso de Cepsa, cada centro de trabajo Gibraltar-San Roque (Cádiz) y La Rábida (Huelva)– tiene su propio convenio. Están en vigor hasta el 31 de diciembre, por lo que es probable que las negociaciones para renovarlos no comiencen hasta 2023. Sólo se ha cerrado, pero únicamente con la firma de CCOO, una prórroga del convenio de las oficinas centrales. UGT lo rechazó porque carece de cláusula de revisión y, según denuncia, crea una doble escala salarial que permite diferencias de más de 20.000 euros anuales entre trabajadores con el mismo nivel dependiendo de la división a la que pertenezcan.

Por lo que respecta a BP Oil España, las negociaciones del convenio acaban de empezar y ni siquiera hay una oferta salarial sobre la mesa, indica Raquel de la Hija.

No pueden parar

Pero, aparte de la gran capacidad movilizadora de los sindicatos en Francia y del seguimiento masivo de sus convocatorias, entre Francia y España hay otra diferencia fundamental. Una que dificultaría que una huelga en las refinerías tuviera las consecuencias que vive Francia estos días. En España las plantas de refino están consideradas servicios esenciales, por lo que no se les permite parar, detalla Agustín Pérez. Los sindicatos, continúa, llevan años impugnando los servicios mínimos que se les imponen a las refinerías, porque siempre son “abusivos”. La única manera en que una huelga en el refino tendría impacto sería parando el mantenimiento de la planta, pero nunca se permite que la carga operativa baje al mínimo técnico, asegura el dirigente de UGT.

Las refinerías españolas están viviendo un momento de apogeo, pero después de pasar dos años de caída del negocio, alegan por su parte las empresas. Repsol, por ejemplo, perdió 3.816 millones en 2019 y 3.289 millones en 2020. Pero en 2021 se ha beneficiado de los altos precios del crudo, así como también de una oferta cada vez más limitada tras el cierre de 24 refinerías en la Unión Europea en los últimos años. Como la demanda de combustible no ha dejado de crecer, las refinerías españolas, en las que Repsol, Cepsa y BP Oil han hecho cuantiosas inversiones, han aumentado su capacidad en un 16% desde 2009, según publica El Periódico de la Energía. De hecho, España exporta carburantes a Francia.

Precios históricos sin huelga general en España

Mientras, en ambos países, los conductores tienen que lidiar con unos precios de escándalo cada vez que llenan el depósito. La gasolina y el gasoil están en máximos: después de una caída continuada de los precios desde julio, remontaron a principios de este mes, aunque tanto españoles como franceses cuentan con descuentos de 20 y 30 céntimos, respectivamente, gracias a los subsidios de sus gobiernos. En España, el gasoil supera los dos euros en algunas estaciones de servicio y la gasolina de 98 octanos se vende a una media de 1,93 euros el litro. En Francia, los carburantes son sólo unos décimos más baratos.

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Los trabajadores de las petroleras exigen en Francia que sus empresas repartan las ganancias extraordinarias que les reporta el refino en un año en el que deben afrontar una pérdida de poder adquisitivo también digna de figurar en los registros históricos. Las protestas, además, han servido de mecha para sacar a la calle el malestar acumulado en otros sectores. De momento, se mantiene el conflicto, pese a que los sindicatos mayoritarios alcanzaron un acuerdo con TotalEnergies para subir los sueldos un 7% que el minoritario CGT rechaza. En ExxonMobil las espadas siguen en alto.

Aunque la huelga de este martes no paralizó el país, cerró institutos, interrumpió los trenes de cercanías y los autobuses y se tradujo en manifestaciones en toda Francia.

En España, CCOO y UGT están “tensionando” la negociación de los convenios este otoño para hacer regresar a la CEOE a la mesa donde quieren firmar un acuerdo marco salarial de tres años. Algunos sectores se han declarado en huelga y el 3 de noviembre han convocado una gran manifestación en Madrid. Pero la huelga general ni se la plantean. “No es deseable”, zanjó este miércoles el secretario general de CCOO, Unai Sordo. En parecidos términos se expresó el pasado septiembre su homólogo en UGT, Pepe Álvarez, quien prefirió hablar de “generalización de los conflictos”.

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