Violencia sexual en Francia: el caso de 2003 en el Théâtre du Soleil que pone en entredicho a su directora

Entrada a La Cartoucherie, situada en el bosque de Vincennes, en el distrito XII de París, donde se encuentra el Teatro del Sol de Mnouchkine

Sarah Brethes (Mediapart)

Tenía 22 años y soñaba con trabajar en el Théâtre du Soleil. A principios de 2003, Camille (nombre ficticio), entonces estudiante, consiguió unas prácticas de varios meses para trabajar en el diseño de vestuario de Dernier Caravansérail, que sería uno de los grandes éxitos de la famosa compañía fundada en 1964 por Ariane Mnouchkine.

Más de veinte años después, Camille se queda atónita al descubrir en una investigación de Mediapart las múltiples acusaciones de violencia sexual presentadas contra dos actores entre 2010 y 2025 y las acusaciones contra la directora por su gestión de estos casos. “Las historias se parecían tanto a lo que yo había vivido allí... No podía creerlo cuando leí que Ariane Mnouchkine afirmaba no haber visto ni sabido nada antes de 2023”, cuenta.

“Me siento lo suficientemente estúpida, o presuntuosa, por haber pensado que algo así no solo no podía suceder, sino repetirse en el Théâtre du Soleil”, declaró la directora en noviembre de 2025 en relación con estas acusaciones de agresiones repetidas dentro de su compañía. Esas acusaciones están actualmente bajo investigación judicial de la brigada de protección de menores de París; según nuestra información, a principios de febrero se tomó declaración a una primera víctima.

A raíz de las revelaciones de Mediapart, el Ministerio de Cultura, que cada año destina 2 millones de euros en subvenciones al teatro, solicitó que se llevara a cabo una auditoría paralela a las investigaciones judiciales por parte de una empresa independiente. Las conclusiones deben presentarse a finales de abril.

En 2003, Camille habló primero con tres compañeras del taller de costura, que, según ella, “no parecieron sorprendidas”, y luego con Ariane Mnouchkine. Temiendo que reincidiera, decidió presentar una denuncia, lo que le valió ser persona non grata en el Théâtre du Soleil.

“Patadas” para liberarse

“Empezó intentando ligar”, recuerda la ahora cuarentona, refiriéndose a ese empleado que entonces ocupaba varios puestos en el teatro, donde más tarde trabajaría, entre otros, en la cocina. Durante los tres meses que pasó en el taller de costura, ella “intentó razonar con él” y “le pidió que parara” con sus gestos inapropiados.

No sirvió de nada. Ella contabiliza cuatro agresiones, todas ellas en las duchas, donde se dedicaba a teñir telas: dos besos forzados de los que ella “se defendió”, una vez en la que él le cogió la mano a la fuerza para llevársela al pene dentro de la ropa interior, y otra en la que la inmovilizó, tumbada en el suelo, para agredirla sexualmente.

“Tenía mucha fuerza, parecía guiado por un impulso. Tuve que liberarme a patadas”, describe. Entonces huyó por miedo a ser sorprendido, según el relato de la antigua becaria.

Una de sus compañeras del taller confirmó a Mediapart que Camille “había acudido a [ella] llorando” después de uno de esos episodios. “Me dijo que había ido demasiado lejos”, testifica, precisando que declaró lo mismo a la policía de Vincennes, que la interrogó tras la denuncia de Camille. “Sé que Ariane estaba muy enfadada con él. No le fue nada bien”, añade.

Al ser preguntado sobre el testimonio de Camille, corroborado con precisión por tres de sus allegados, a quienes ella había relatado los hechos en ese momento o años más tarde, el empleado acusado nos respondió que esas “acusaciones” no tenían “ningún fundamento”, lo que él “siempre ha afirmado desde el principio”. “Lo expliqué todo en el marco de un procedimiento judicial que acabó en sobreseimiento”, añadió.

La joven también afirma haber hablado con las dos diseñadoras de vestuario de la compañía. Cuando se le pidió que compartiera sus recuerdos y su versión de los hechos, la primera nos respondió que consideraba que nuestra solicitud “era muy violenta”. “El marco de investigación que usted establece es aterrador, intrusivo. Su enfoque, sus comentarios, sus alegaciones no están a la altura de lo que exige el rigor y la competencia en este asunto”, añadió, sin responder sobre los hechos. La segunda no respondió a nuestra solicitud.

Camille se lo contó entonces a la persona que regenta La Cartoucherie de Vincennes. “Ariane me dijo que le iba a dar un tirón de orejas y me confirmó que lo había hecho unos días más tarde y que le había dicho que ‘en nuestro país no se hacen ese tipo de cosas’”, cuenta, ya que el empleado estaba exiliado en Francia.

“En aquel momento, nunca sospeché de hechos de tal gravedad (un intento de violación o actos repetidos). De lo contrario, mi decisión habría sido muy diferente. Pero, aunque la denuncia fue archivada por la Fiscalía, me lo tomé muy en serio”, se defiende Ariane Mnouchkine. “Advertí muy severamente al empleado en cuestión. Fue sancionado y no ha vuelto a causar ningún problema en veintitrés años”.

La estudiante abandona el teatro al final de sus prácticas, cuando comienzan las representaciones. “Volví a casa y empecé a sentirme culpable por no haber hecho todo lo posible para evitar que reincidiera. Temía que siguiera asaltando a otras chicas. Así que le escribí una carta a Ariane para explicarle que, como había ocurrido en varias ocasiones y que, a pesar de mis intentos por hacerle entrar en razón, había continuado, iba a presentar una denuncia. Dejé claro que disociaba a la persona que me había agredido de la entidad del Théâtre du Soleil”, recuerda.

Al regresar a París, se dirigió a la comisaría de Vincennes el 25 de noviembre de 2003, tal y como acredita la copia de denuncia consultada por Mediapart. Durante la investigación judicial, el acusado lo niega todo y, como suele ocurrir en este tipo de casos, no hay pruebas. La investigación se archiva a finales de febrero de 2004 por “delito insuficientemente probado”.

A lo largo de todo el proceso, Camille no recibió ningún apoyo por parte del teatro.

Las becarias son consideradas “botín de guerra”

Hay que decir que, en el Théâtre du Soleil, la noticia de su denuncia fue recibida de forma dispar. Un empleado de la época localizado por Mediapart recuerda una reunión en la que Ariane Mnouchkine habría dicho que estaba pasando “algo grave, que la becaria de vestuario afirmaba haber sido agredida sexualmente”. “Aparte de los aduladores (los lameculos de Ariane), todos creíamos la versión de Camille, algunas personas habían visto comportamientos extraños hacia ella”, añade.

Otro miembro del teatro, a quien Camille había contado todos los hechos en aquel momento, recuerda haber oído a varios miembros de la compañía calificarla de “mitómana”. “Era absurdo, ella nunca habría mentido. Soñaba con trabajar en el Soleil, no tenía nada que ganar al testificar”, señala. Este exempleado afirma “no haber entendido nunca que Ariane tolerara” ese comportamiento y lamenta una época en la que “las jóvenes becarias eran consideradas un botín de guerra”, unas declaraciones que concuerdan con los testimonios recopilados en el marco de nuestra primera investigación, en la que varias voluntarias, algunas de ellas menores de edad, denunciaban hechos que llegaban hasta la violación.

La denuncia de Camille ha quedado claramente grabada en la memoria del Théâtre du Soleil. En 2017, regresa a La Cartoucherie de Vincennes para trabajar en el proyecto de una compañía externa a la que se le ha prestado una sala de ensayo. Según su relato, el primer día, mientras se encontraba cerca del taller, la diseñadora de vestuario le habría dicho: “¡Sal de aquí inmediatamente o llamo a Ariane!”.

Al ser preguntada por esas declaraciones, la empleada se negó a confirmarlas o desmentirlas. Pero dos personas de la compañía para la que trabajaba la joven relataron a Mediapart que Camille no podía comer con el resto de la compañía del Soleil, como es tradición, debido a los hechos que había denunciado quince años antes, hechos que les expuso en esa ocasión.

Durante esas semanas de ensayos, todos los miembros de su compañía comieron en la sala de ensayos, “por solidaridad”.

Tras responder por escrito a nuestras preguntas sobre este asunto que se remonta a 2003, Ariane Mnouchkine publicó dos días después, el miércoles 19 de febrero, una larga carta dirigida a su público en la que, tras explicar que “está dispuesta a presentar todas las disculpas que legítimamente esperan las propias víctimas”, denunciaba las “infamias arrojadas sin orden ni concierto a la caldera ardiente de la vociferación mediática” y “el alboroto desatado por ciertos autoproclamados purificadores”.

“¿Qué quieren esos acusadores infalibles, que escriben en periódicos irreprochables, en redacciones inmaculadas, vacunadas contra toda violencia sexista y sexual?”, se pregunta, asegurando que la compañía representará su próximo espectáculo, Ici sont les dragons. Deuxième époque, tan pronto como esté lista, en marzo.

Ese mismo día, Le Monde publicó un artículo que se hacía eco de esta carta y enumeraba las deserciones sufridas por el teatro desde las revelaciones del otoño (una exposición cancelada, una entrevista retirada de un libro que iba a publicarse, una carta de estudiantes de bachillerato explicando que “ya no se sentían cómodos con la idea de ir a La Cartoucherie y financiar el trabajo de la compañía, por muy bonito y útil que sea”).

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Ariane Mnouchkine aprovechó para revelar en este artículo la existencia de la denuncia penal de Camille, minimizándola (el empleado “había intentado besarla”, se puede leer), denuncia sobre la que le habíamos planteado preguntas y comunicado detalles como la fecha de presentación. Todo ello sin consultar a la víctima y antes de que pudiéramos publicar nuestra investigación completa sobre el tema.

 

Traducción de Miguel López

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