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Quién era Yaya Karamoko, el joven migrante de Costa de Marfil que se ahogó en el Bidasoa tras cruzar África

Yaya Karamoko soñaba con llegar a Europa, en busca de una vida mejor.

Nejma Brahim (Mediapart)

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“Tenía intención de establecerse en Francia... quería trabajar y sacar a su familia de la miseria”, susurra Hervé Zoumoul. Hace dos semanas que este activista en defensa de los derechos humanos, voluntario de Amnistía Internacional Francia, remueve cielo y tierra para poner un nombre y un rostro al hombre que se ahogó el 22 de mayo, a los 28 años, al cruzar el río Bidasoa, en la frontera franco-española, en el País Vasco. Se llamaba Yaya Karamoko y había iniciado su viaje en Costa de Marfil, pasando por Marruecos, las islas Canarias y la Península.

Según Xabier Legarreta Gabilondo, responsable vasco de Migración y Asilo, es la primera vez que un migrante muere en el Bidasoa en esta ruta migratoria. “La Ertaintza me llamó el 22 de mayo para informarme de que se había hallado el cuerpo sin vida de Yaya en el río. El Gobierno Vasco quiere expresar su consternación ante un suceso tan triste, es terrible que una persona pierda la vida intentando buscar una oportunidad”.

En los días posteriores a su muerte, las autoridades parecían perdidas. “Fui yo quien llamó a la familia de Yaya, con la ayuda de la comunidad marfileña, para informarles de su muerte”, cuenta la escritora y activista Marie Cosnay, que descubrió con sorpresa que no les había llegado ninguna “información oficial” a Costa de Marfil. Sigue en shock, pensativa y con la voz quebrada.También está agotada por los esfuerzos que requirieron sus pesquisas.

“Llamé a la Ertzaintza y al juzgado de Irún, pero no sabían nada. No sé cuál es el protocolo en un caso así, todo el mundo se encuentra muy indefenso. Supone un fracaso de los Estados y de las instituciones jurídicas”, señala diez días después de la tragedia, antes de precisar que el cuerpo del joven seguía, en ese momento, en el instituto forense de San Sebastián, y que los familiares presentes en el territorio francés debían “constituirse en parte civil” para poder verlo. “Tratamos de facilitar el contacto entre el juez del caso de Yaya y su familia”, asegura por su parte el responsable vasco de Migración y Asilo, sin entrar en detalles.

Al día siguiente de la tragedia, cuando la prensa local informó del hallazgo del cadáver de un “migrante” en el río Bidasoa, un colectivo organizó una concentración espontánea en el puente de Santiago, a orillas del río. Cerca de 1.000 personas se dieron cita para protestar contra las fronteras y las políticas migratorias que provocan la muerte de personas en el exilio, en busca de un país seguro o de mejores condiciones de vida. En estos momentos, para Marie Cosnay, presente entre los participantes en la concentración, la urgencia es también reconstruir la historia de Yaya para que no caiga en el olvido.

“Su único objetivo era ir a Europa”

El joven marfileño, de rostro redondo y mirada viva, soñaba con “una vida mejor”, confía un amigo suyo, con quien compartió habitación durante varios meses en Dajla, Marruecos. “Como cualquier joven africano, le apasionaba el fútbol. Aquí no tenemos televisión, así que solíamos ir a ver los partidos a un bar. ¡Le encantaba el Chelsea!”, recuerda. “Era una persona agradable, tranquila, que no hablaba mucho. A menudo estaba triste, su único objetivo era ir a Europa”.

Oriundo de Mankono (Costa de Marfil), donde creció y fue al instituto, hasta dejar los estudios en el último curso, trabajó durante un tiempo como taxista en Abiyán, y posteriormente en la construcción. “Crecimos en el mismo pueblo”, cuenta su primo Bakary. “Lo compartíamos todo, incluso la ropa y los zapatos. Era extrovertido y le gustaba juntar a gente”. Sonriente, divertido y bromista, también. “Adoraba jugar al fútbol, pero nunca marcaba”, añade con una carcajada teñida de tristeza.

Tras fallecer su padre, decidió probar fortuna en Europa a principios de 2021 para ayudar a su familia, cuenta Hervé Zoumoul, que ha localizado a varios de sus familiares para reconstruir el hilo de su corta vida. Yaya voló hasta Marruecos, donde trabajó varios meses primero como albañil y luego en una fábrica de conservas de pescado para pagarse el pasaje con un traficante, que le pidió 2.500 euros. A su lado, en la piragua que le promete una nueva vida, cuida de su sobrino, de sólo 11 años. Sus padres le proporcionaron a Yaya una autorización parental, a la que Mediapart (socio editorial de infoLibre) ha tenido acceso, en la que le autorizaban a “viajar [a] Marruecos” en su compañía.

“Me habló de la travesía de Marruecos a Canarias y realmente no fue fácil”, prosigue el amigo de Yaya afincado en Dajla. “Se perdieron y estuvieron en alta mar durante cinco días. Hubo gente que se tiró al agua, hubo muertos. Según él, el capitán y varias personas más fueron detenidas porque no denunciaron la desaparición a las autoridades cuando llegaron [el 16 de marzo]”. Desde 2020, se ha reactivado esta ruta especialmente peligrosa a través de las islas Canarias, especialmente desde Senegal y el sur del Sáhara occidental, aumentando el número de llegadas al archipiélago español.

“El niño que acompañaba a Yaya fue acogido en un centro de menores de Canarias, donde permaneció”, explica Marie Cosnay. “Yaya siguió su camino”, continúa Hervé Zoumoul. “Iba con un grupo de personas que fueron trasladadas a la Península el 22 de abril”. Él y tres de sus compañeros de viaje llegaron primero a Málaga y, poco a poco, se fueron dirigiendo al Norte, desde Granada hasta Madrid, llegando a Irún, en el País Vasco, el 15 de mayo.

Fueron alojados en un centro de acogida de migrantes de la Cruz Roja, dependiente del País Vasco. Se fueron el 16 de mayo, dice Hervé Zoumoul, también fundador de la plataforma Protejamos a los migrantes, no las fronteras. “A partir de ese momento, ni sus amigos ni su familia consiguieron contactar con Yaya. Supusieron que había cambiado su número o que había perdido el teléfono...”. Hasta conocer la terrible noticia.

Los tres amigos de Yaya, con los que cruzó el Atlántico, desde Dajla hasta las islas Canarias, y que llegaron a la Península un mes después, ya se encuentran en Francia. Contactado por Mediapart, uno de ellos ha preferido guardar silencio. “Es muy difícil para ellos. Se vieron obligados a separarse para no ser descubiertos por la Policía. Yaya no logró cruzar, ellos sobrevivieron”, resume Hervé Zoumoul.

Yaya Karamoko deja a una madre anciana y a varios hermanos sin recursos. “Representaba todas mis esperanzas. Gracias a él estoy aquí, me ayudó a huir de mi país porque era víctima de violencia doméstica”, solloza Aminata, prima de Yaya, actualmente en Marruecos. “Tenía que ayudarme... ¿Cómo me las voy a arreglar si él ya no vive?”.

La mujer que había planeado reunirse con él en Francia dice ahora que se encuentra perdida. “En Mankono no pueden creer que haya muerto”, añade su primo Bakary. “No sé cuánto tiempo podrá soportar su madre esta noticia. Nunca podré olvidarlo”. El cuerpo de Yaya no puede ser repatriado a Costa de Marfil por cuestiones de dinero. “Su familia no puede pagar el traslado, así que será enterrado en España”, dice Zoumoul.

¿Cuántos muertos más tendrá que haber a las puertas de Europa y Francia para esperar ver un ápice de cambio en nuestras políticas migratorias? “Es hora de exigir compromisos colectivos en el País Vasco, en España y en Europa. Es hora de exigir humanidad y derechos en las políticas de migración, acogida y tránsito [...]. El Gobierno vasco ha solicitado al Gobierno español una reunión para abordar el asunto”, concluye Xabier Legarreta Gabilondo.

Traducción: Mariola Moreno

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