La intensa sequía de 2023 causó estragos en la agricultura española como nunca antes y ese año Agroseguro pagó más de 1.200 millones de euros en indemnizaciones, un récord, aunque se estima que las pérdidas reales fueron tres veces superiores. En 2025 el escenario climático fue completamente distinto, con lluvias incluso un 9% por encima de la media histórica en la península. Sin embargo, las indemnizaciones volvieron a ser astronómicas, de 803,7 millones, la segunda cifra más alta desde que el consorcio de aseguradoras fue creado en 1978. La explicación está en que el cambio climático convierte en extremo cualquier episodio, y en 2025 fue el turno del pedrisco.
El informe anual de siniestralidad de Agroseguro, publicado este miércoles, revela una subida de la siniestralidad del 15% frente a 2024 debido a los daños por tormentas. Es habitual que las indemnizaciones agrícolas sufran fuertes subidas y bajadas de un año a otro porque funcionan por ciclos, pero el registro histórico de indemnizaciones evidencia que en los últimos años algo está cambiando, según Sergio de Andrés, el director general de este consorcio.
"Entre el 6 de febrero y el 6 de agosto de 2025 recibimos partes por daños climáticos todos los días, eso es muy llamativo. Tuvimos un récord histórico por daños de pedrisco en mayo y junio, y a finales de diciembre hubo granizadas en Almería y Murcia, cosa que no había ocurrido jamás, como me dicen los propios agricultores", asegura el jefe de Agroseguro.
Históricamente, el pedrisco ha sido el principal causante de los daños en el campo, pero se acotaba a finales de primavera y comienzos del verano. Sin embargo, el calentamiento global lo ha extendido a lo largo de todo el calendario y ha incrementado su intensidad. En consecuencia, solo las tormentas (principalmente el pedrisco) dañaron más de un millón de hectáreas entre enero y noviembre de 2025 –a falta del dato de diciembre–, la cifra más alta en 45 años.
Una piedra de 350 gramos que cae a 120 km/h
José Luis Sánchez, experto en Física de Nubes de la Universidad de León, lleva más de dos décadas estudiando el granizo en la península y explica que el cambio climático tiene un "efecto claro" en estos siniestros. "Cada vez graniza más y hay una tendencia a que el pedrisco más gordo sea cada vez más grande, aumentando el daño", subraya.
Según explica, el calentamiento de la atmósfera aporta más energía a las tormentas, aumentando su tamaño y la energía que concentran. Esto provoca que las corrientes de aire verticales que se generan en su interior tengan más fuerza para elevar las motas de agua –convertidas en hielo, cuando alcanzan determinada altura– dentro de la nube, y cuanto más ascienden, más diámetro acumulan antes de precipitar.
"El proceso es similar a poner una pelota de tenis sobre una fuente de agua. Se impulsa verticalmente hasta que se queda estable porque su peso está en equilibrio con la fuerza de la corriente. Mientras tanto las motas más pequeñas que vienen detrás chocan contra ella y se quedan pegadas, aumentando su tamaño, hasta que cae por su propio peso", aclara Sánchez. "En Lleida hemos analizado más de 185.000 impactos de granizo durante 25 años, y ese aumento de tamaño por el cambio climático se observa claramente", añade.
Al mismo tiempo, también ha detectado que las granizadas con diámetros muy pequeños se han vuelto menos frecuentes que en el pasado porque el pedrisco con diámetro inferior a un centímetro se derrite con más facilidad al precipitar. Esto se explica porque la temperatura de las capas más bajas del aire es cada vez más cálida, acelerando la fusión del hielo.
Un hielo más grande y pesado causa evidentemente daños mayores en el campo, hasta el punto de que los pedazos más grandes llegan a romper los troncos de los cultivos leñosos, poniendo en peligro incluso las cosechas de los siguientes años. Un pedrisco de ocho centímetros de diámetro –un caso extremo– equivale a una piedra de 350 gramos que cae a 120 kilómetros por hora.
Pablo Resco, experto en cambio climático de Plataforma Tierra Cajamar, un centro de estudios agrícolas, advierte que el adelanto del granizo a los meses de abril y mayo es catastrófico para el sector porque ahora afecta a cultivos en etapas tempranas que no pueden sobrevivir a la tormenta. Por ejemplo, a árboles frutales que están en floración o que tienen frutos muy pequeños que no resisten los impactos.
Las zonas más afectadas por tormentas, según Agroseguro, son Castilla-La Mancha, Aragón, Murcia, Castilla y León, Cataluña y Comunidad Valenciana, y los cultivos más dañados son los frutales, los de mayor valor añadido y los más importantes de la zona del Valle del Ebro, el lugar donde el granizo ataca con más virulencia, así como la uva manchega.
Pólizas cada vez más caras
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Un año más, también se produjo en 2025 un incremento de la superficie agrícola asegurada, que subió un 5% en superficie (6,24 millones de hectáreas en total) y un 3% en peso de producto (hasta 42 millones de toneladas). Coincide con la tendencia de los últimos años, en los que el crecimiento de los daños climáticos está llevando a cada vez más profesionales a asegurar sus tierras y su ganado.
Una queja habitual del sector en los últimos años, con el aumento de la siniestralidad, es el incremento del coste de las pólizas por daños recurrentes o la rebaja de las coberturas, puesto que el sistema de seguros tiene problemas para cubrir costes. En 2023 los daños fueron tan grandes que el Gobierno, las comunidades autónomas y Agroseguro tuvieron que inyectar más de 500 millones al sistema para cubrir las pólizas reclamadas.
Sergio de Andrés, director de Agroseguro, afirma sin embargo que en 2025 solo incrementaron globalmente un 1% el coste de los seguros "con retoques puntuales en unas líneas que se compensaron con bajadas en otras". En todo caso, los seguros agrarios son deficitarios cada año,. El agricultor y el ganadero solo abonan alrededor del 50% de lo que cuesta la cobertura y el Ministerio de Agricultura suele cubrir alrededor del 35%. El resto lo abonan las comunidades, aunque con grandes diferencias entre regiones. Un análisis de infoLibre de 2023 reveló que en Murcia, por ejemplo, el Gobierno regional solo aportó el 3,1% del total, de manera que los profesionales pusieron el resto de su bolsillo.
La intensa sequía de 2023 causó estragos en la agricultura española como nunca antes y ese año Agroseguro pagó más de 1.200 millones de euros en indemnizaciones, un récord, aunque se estima que las pérdidas reales fueron tres veces superiores. En 2025 el escenario climático fue completamente distinto, con lluvias incluso un 9% por encima de la media histórica en la península. Sin embargo, las indemnizaciones volvieron a ser astronómicas, de 803,7 millones, la segunda cifra más alta desde que el consorcio de aseguradoras fue creado en 1978. La explicación está en que el cambio climático convierte en extremo cualquier episodio, y en 2025 fue el turno del pedrisco.