La presión sobre las cadenas de suministro por la guerra de Irán empieza a notarse en los alimentos. La cesta semanal que elabora el Ministerio de Agricultura, formada por más de un centenar de productos, se encareció en las cuatro primeras semanas de guerra un 10,3%, especialmente en hortalizas, cerdo y frutas.
Es cierto que algunos productos han subido su precio por otros motivos, como la cadena de borrascas de febrero o la gripe porcina, porque el mercado agrícola está expuesto a todo tipo de injerencias, pero a ellos se suma ahora el impacto de la guerra. En ningún momento del año pasado llegó a registrarse un repunte tan abrupto del coste de los productos agrícolas en tan poco tiempo.
Los últimos datos de Agricultura disponibles corresponden a la semana 13 del año, la que termina el 29 de marzo. Si se comparan con los precios medios de la semana 9, en la que estalló el conflicto, la mayoría de ramas agrícolas y ganaderos se encarecieron en los mercados mayoristas. Por ejemplo, las verduras subieron un 33,2%, el porcino un 17,9%, los lácteos un 8,9% y las frutas un 6,9%.
Algunos repuntes están claramente ligados a eventos puntuales, como el foco de gripe porcina que estalló en noviembre. Aquella crisis –todavía sin resolver– provocó un desplome de los precios durante la Navidad que fue seguido por un despegue brusco en febrero y marzo, cuando comenzó a estabilizarse el sector. Solo en el mes de marzo las diferentes variantes de cerdo se encarecieron de media un 17,9% en las lonjas.
Sobre el efecto de la guerra en Irán, es difícil de saber por ahora hasta qué punto impacta en los precios mayoristas porque los agricultores insisten en que no tienen poder de negociación para imponer subidas a sus clientes, los intermediarios o las grandes cadenas de supermercados.
A esto se suma que muchos productos agrícolas suben y bajan su precio constantemente en función de la demanda y la producción global, y están sometidos a cientos de variables, como la sequía de los campos de trigo en Estados Unidos o la congestión del tráfico marítimo en el Sudeste asiático, explica Pablo Resco, responsable de Estrategia Agroalimentaria en Plataforma Tierra.
"Puede haber una sensación alcista por la guerra, aunque es pronto para saberlo porque el mercado es muy complejo", resume el experto. "El precio del cerdo responde más a la crisis de la peste, mientras que el del aceite depende mucho de la demanda interna y las exportaciones. Mientras que si hablamos de guerra tendríamos que pensar en problemas concretos, como que en Estados Unidos están pensando en sustituir el cultivo de maíz por soja, que no necesita fertilizantes, o si hay un atasco en las salidas de buques que transportan materias primas", añade.
Otro efecto local en España es el del tren de borrascas de enero y febrero, que afectó gravemente a Andalucía, Comunidad Valenciana o Murcia, y dañaron decenas de miles de hectáreas de cítricos, hortalizas y frutos rojos, lo que se traduce directamente en subidas en los mercados de abastos. Donde más se nota es en la mandarina, el limón, la zanahoria, la patata o el brócoli, que subieron entre un 18% y un 300% en marzo.
No descartan que suban en el supermercado
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Cuando se pregunta a los agricultores, no creen que todavía haya una subida de alimentos debido a la guerra. Su mensaje es que –para su disgusto– no han podido trasladar la inflación a sus productos porque no tienen capacidad para renegociar con los intermediarios o los grandes supermercados una subida de precio, pese a que ellos, según afirman, han sufrido una subida de entre el 25% y el 35% en el precio del combustible y de los fertilizantes.
"Lamentablemente no podemos hacer nada mientras tenemos una subida transversal de costes. Somos el primer eslabón de la cadena y no tenemos capacidad para traspasar esos costes", subraya Cristóbal Cano, secretario general de la organización agraria UPA.
Andrés Góngora, responsable de producción agrícola de otra gran organización, COAG, no descarta que el cliente final sí que esté sufriendo esa subida en la cesta de la compra. "No podemos saberlo porque no hacemos un control exhaustivo de precios, pero avisamos para que el Gobierno vigile los márgenes porque podría haber casos de especulación", insiste.
La presión sobre las cadenas de suministro por la guerra de Irán empieza a notarse en los alimentos. La cesta semanal que elabora el Ministerio de Agricultura, formada por más de un centenar de productos, se encareció en las cuatro primeras semanas de guerra un 10,3%, especialmente en hortalizas, cerdo y frutas.