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Gurús en la unidad de destino en lo universal

Vicente Montejano Conejero
Publicada el 23/04/2019 a las 06:00
En la España actual aparecen candidatos de la política nacional y autonómica que asemejan sus funciones a la de matachines en paro o púgiles deportivos sin bíceps, con el único propósito de golpear al contrario sin motivo pero con engaño y fisura.

Gurús enfurecidos porque parecen desconocer su origen (España), de ahí que no crean ni siquiera en su destino (España plural), pese al matiz firme que quieren dar a sus proclamas, acaso partidistas y, sin ambages, sectaristas. En ese lastre, lo que escuchamos día a día no es precisamente una lección didáctica de política, sino un símil de transmisión deportiva de conjuntos descoloridos y adversarios de lucha a muerte, con el único propósito de ganar la Champions League en la unidad de destino en lo universal.

En el electorado apenas se acude a las taquillas, pues ante tanto ruido la desafección hace mella. Así, una vez que los gurús pisan el terreno de juego y todo está dispuesto para hacer la pirula, la grada con mínimo aforo muestra el desinterés por esta barrabasada contienda. Lógico —apunta el narrador—, pues la desesperanza de los extremos hace que medios e interiores y centro no rematen bien en las urnas y los indecisos muestren sus enfados, habida cuenta que la estrategia siempre es estar a la defensiva. Y como portero un caído por Dios y por España, con un mero ataque macabro intentando meter el tanto con la mano. En fin, un gurú representante de una banda sin equipo y con líder haciendo SS en el camino y con pancarta jaleando, mano en alto ¡Hey führer!

En esa España irrevocable que algunos desean recuperar como esencia de lo que fue para encontrar esa verdad —portadora de la unidad de destino en lo universal, civilización, cultura y fe— los gurús populares (tal como Lacalle) se muestran irrenunciables como elementos integradores de una realidad metafísica y espiritual, cuya misión no es otra que obligar a la escuadra derechista económica que dirigen a pactar con quien sea (más a la derecha) para que tal unidad de destino no se malogre con “felones”, “traidores”, “no constitucionalistas”, “manchados de sangre”… Y, por tanto, “separadores” de ese conjunto de nación a la que ellos llaman “España sólo mía”.

Queda poco ya, no para descifrar el mensaje, sino el que haya llegado durante este tiempo de campaña a profundizar en la ciudadanía, a fin de que el “manu militari” —ojalá— se quede sólo en un deseo nunca cumplido por quienes consideran que todo se arregla con portazos y ventanas cerradas, incapaces de respirar un halito de brisa que no sea el de su propia halitosis y que tanto envenena el aire que todo respiramos. Y digo yo, para querer a España no es necesario profesar con banderas, himnos e ir trabucando al contrario, ya que con tal tremolina sólo se induce a condenar a cadena perpetua a esta España actual, inocente del primitivismo u homo luzonensis aparecido, que le invade en los últimos tiempos.
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Vicente Montejano Conejero es socio de infoLibre
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