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La caza de agujas

Jesús María Frades Payo
Publicada el 17/02/2021 a las 06:00

Vaya por delante, por si surgiese la duda, que, como a cualquiera, me parece totalmente inadmisible que alguien se aproveche de su posición, sea cual sea, y sea directa o indirectamente -los aduladores también hipnotizan-, para vacunarse saltándose el orden establecido por las autoridades sanitarias. Puesto ya el parche, me temo que seguirá el efecto en el cuerpo con solución de continuidad que cita el refrán, pero al menos no habrá sospechas de connivencia, corporativismo, elitismo o de lo que define esa estúpida palabra tan de moda, sobre todo entre los clasistas, y tan mal construida: buenismo.

Los casos conocidos más sonados no son muchos, pero sí demasiados. Grosso modo, una decena de alcaldes rurales, un par de prelados pelados, el jefe del Jemad, algunos consejeros autonómicos, varios gerentes de hospital, un fiscal jefe provincial, etc. De estos casos se han contado algunas historias que detallan lo pintoresco e incluso picaresco que encierran. Así, leímos la suerte de alguna alcaldesa consorte, el susodicho fiscal también con la suerte de ser consorte de sanitaria con mano, un consejero al que la turba de su departamento le forzó a hacerlo siendo él contrario a vacunarse incluso contra la gripe, un monseñor haciéndose pasar por capellán -nada dificultoso por otra parte, porque ambos habitualmente visten ropajes de cleryman, con la diferencia de que el obispo luce cadena gruesa, crucifijo y anillo con sello que hacen pensar al profano en un cura cani o poligonero- y algunos de su séquito como acólitos.

Se filtraron los precios negociados por la UE con las farmacéuticas y vimos que no son un gasto oneroso tomados individualmente. Resulta, por ello, casi injusto acusar de hurto, apropiación indebida, o la imputación imaginable a cualquiera de los inoculados. No obstante, a nadie he oído criticarles por ello, como es esperable pensando en que caer en tal mezquindad sería una “autodeslegitimación” de los inculpadores.

No se habla tampoco del compadreo, por así llamarlo calamo currente, que en más de un caso ha tenido que producirse. No los exime de ninguna manera, pero sí puede en parte explicar, y quizá por ello atenuar levemente los hechos, o al menos repartir las pullas, que también las merecen. El colegueo, el servilismo, la adulación, son maniobras demasiado frecuentes cuando hay jerarquías, y estas las más de las veces se dejan querer luciendo una sonrisa ambivalente de agradecimiento inmediato y recompensa aplazada.

Otro personaje de este Gólgota de los chinos que es muy probable que haya estado en el lugar del crimen, si no coincide con el deuteragonista citado, es el chivato. Lo normal es que alguien haya contado que penetró hasta la dermis para vacunar, o lo vio, o se lo contaron, nada más y nada menos que a D. Buen Ladrón o a D. Mal Ladrón, que Pandemónium siempre es ciudad de acogida para el no escogido.

Los medios de comunicación se han hecho eco del asunto, tal es su oficio, y los más han hecho de altavoz: el perro Nipper es muy obediente a su amo. Varios han tratado de buscar connivencias políticas o algo más, y algún partido comenzó moviendo en círculos la puntilla para rematar hasta que, siguiendo con el símil, vieron que, del corto pero oscuro túnel del toril, salían también morlacos de su ganadería con la divisa recién pinchada. En su favor, si se considera acertada la decisión, se le apunta el tanto de devolverlos a los corrales de inmediato con los cabestros magistralmente conducidos por el mayoral García Egea, Lanzahuesos.

En general, los partidos se han rasgado las vestiduras y han reaccionado del mismo modo. Hasta uno de los mitrados confesó, pidió perdón y casi concede indulgencia plenaria para todos los hermanos pecadores veniales de comportamiento venal por la inyección intramuscular, si bien lo más deseable es que intercediese para lograr la inmunidad de rebaño, atando aquí en la Tierra, pero las ínfulas son cortas y no para eso. Pocos son los elegidos entre los que serán llamados ya que el factor limitante es la fabricación de la ansiada botica. Menos aun los que nos traen aquí, y curiosamente en (Mt 20, 25) están nombrados y acusados, como el coronavirus en “Astérix en Italia”.

Las penas, desde escarnios a castigos, como los ceses antedichos, han sido de lo más variopintas. Casi siempre magnificando el suceso, elucubrando en muchas ocasiones con situaciones semejantes o de mayor gravedad, se les ha utilizado para extender, a todos los políticos y hombres públicos en general, la sospecha o la aseveración tajante del comportamiento alegal e incluso delictivo, como hacen los hipopótamos al agitar sus colas haciendo un barrido para esparcir sus excrementos, bastante fluidos, en el mayor volumen de agua posible. La lapidación ha sido para muchos un desahogo, quizá hoy día muy necesario por sustituir al que brindaba el equipo rival y el árbitro en el campo de fútbol. También, y más gráfico, puede asemejarse a ser asaeteados, cual San Sebastián con algunos michelines y menos cabello. De este estilo, pero catalogándose fácilmente como venganza pueril, puede citarse la propuesta de Joaquim Puig de no ponerles la necesaria segunda dosis, lo que jocosamente podría denominarse como “monovacunación” permanente revisable. Choca que alguien gobierne una región teniendo ese caletre. Le faltó pedir que los penados llevasen siempre clavada la jeringa, cual marca de Caín.

El paroxismo se ha alcanzado con la, primero, sospecha e insinuación y, luego, acusación y difamación, e incluso alguna prueba falsa, forzando a desvelar datos protegidos, y encima sin vencer la desconfianza de muchos. Es, claro está, el martirio de los chinos, que no chino, que está sufriendo el que fuera ministro de Sanidad, Salvador Illa. Es muy reciente y la causa, aunque le alcanza, como a otros, por político y por su anterior puesto, tiene su raíz en las elecciones. Todos, pero destacando los secesionistas, le atacan ¡por si se ha vacunado! Otra vez, aunque esperemos que el pueblo no lo haga, se pide que no sea Barrabás el crucificado, que lo suelten. Es curioso; dos evangelios dicen que este era sedicioso.

No hace demasiado tiempo, en muchas conversaciones, negacionistas y escépticos pedían que fuesen los políticos, empezando por Sánchez, el ministro citado y también Simón, quienes primero se vacunasen para así salir de dudas y ganar confianza. Los jefes de Estado de Israel, Rusia, Argentina, Marruecos y otros lo han hecho en público. Y Bush, Clinton y Obama se ofrecen a hacerlo. Claro está que no es saltándose a la torera a nadie por detrás, pero sí siempre por su posición, totalmente entendible con dos dedos de frente.

¡Qué fácilmente se buscan pleitos donde no los hay, se desvía o se hace desviar la atención de problemas reales y preocupantes! Se aprecia que todavía no se han asimilado las garantías constitucionales, legales como la presunción de inocencia y no se sabe condenar en su justa medida, sin venganza. 

 

Jesús María Frades Payo es socio de infoLibre

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