Ensayo

Los asuntos de familia del Ibex35

La Bolsa de Madrid.

Ibex35. Cuando algunos oyen ese código de cifras y letras con nombre de cabra de los alpes escucha después el rugir de un trueno y una músiquilla tenebrosa. Otros oyen un plácido piar de pájaros y algunos, incluso, un triunfante himno de España. ¿Pero qué es (o quiénes son) el Ibex35? ¿Es el poder en la sombra que presiona a Pedro Sánchez, combate a Podemos y esculpe a Ciudadanos? Bueno, no es tan fácil. Es lo que defiende el sociólogo Rubén Juste en su libro Ibex35. Una historia herética del poder en España(presentado por el sello Capitán Swing este martes en Madrid con la presencia, entre otros, de Pablo Iglesias). Sobre todo porque es una entidad con mucho peso, muy estrechamente ligada al poder político y muy poco transparente.

"No es una cuestión de pintar el Ibex como un ente malvado", dice el autor por teléfono, "sino de preguntarnos por qué no sabemos lo suficiente. Jaume Portella, catedrático de historia económica, siempre dice que no hay historia sobre las empresas españolas. Y esto tiene que ver con los pecados que encierran". Él realiza un recorrido por la composición, funcionamiento y normativa del índice bursátil desde su creación en 1992 hasta hoy. "Hablar de estas empresas no es solo de un empresario, sino de cómo se crearon o cómo funcionan. Están ligadas a partidos políticos, a procesos como las olimpiadas...", explica. Es un tema "sobre el que cuesta hablar en España", en su opinión, pero que "en cualquier sociedad moderna" debería ser objeto de debate. 

La aproximación de Juste no es económica, sino sociológica. Es decir, que no se ocupa tanto de los mecanismos monetarios del Ibex, sino de los grupos de poder que lo controlan y la relación entre ellos. Para conocer, sin ir más lejos, los consejeros de cada empresa, ha tenido que consultar documentos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores de difícil consulta, en soportes muy distintos. "Hasta 2003", añade, "no se sacó una normativa que obligara a estas empresas a decir quiénes las dirigen y quiénes son sus propietarios". Antes de esa fecha, los nombres estaban diseminados aquí y allí en informes de cientos de páginas, de los que ha tenido incluso que "descifrar las firmas". Y no hay solamente que extraer los datos, sino ponerlos en valor para resaltar "la connivencia entre las empresas y el Estado". 

Pongamos un ejemplo. El autor compila en una tabla cuanto menos interesante los consejeros de empresas del Ibex en 1991 que procedían de la administración franquista. En Tabacalera estaban Alfonso Gota Losada, en el Ministerio de Hacienda entre 1974 y 1982, o Federico Gómez de Salazar, en el de Gobernación entre 1974 y 1976. En Iberdrola tenían asiento Claudio Boada Villalonga, en el Instituto Nacional de Industria entre 1970 y 1974, o Íñigo de Oriol e Ybarra, en Cortes durante una década y hasta el 78. Pero hay también una tabla que relaciona a los consejeros del Ibex en 1991 con los dirigentes socialistas que les habían nombrado en su anterior cargo en el Estado. Así, Carlos Solchaga nombró a Guillermo de la Dehesa, Juan Manuel Kindelán Gómez de Bonilla y a Elena Salgado antes de que pasaran a Unión Fenosa, Endesa y Telefónica respectivamente.

"En 1991", escribe, "138 de los 486 consejeros que componían el conjunto de consejos de administración de las 35 empresas del Ibex procedían de la alta administración del Estado, el 28% del total". En 2010, la cifra de consejeros del Ibex35 con un pasado en la administración ascendía a 91 de 449, un 20%. Sí, es algo más bajo que el dato de los noventa... pero también algo más alto que en 2007, cuando alcanzaban el 13%. Ante estos datos, defiende Juste, no se entienden las acusaciones de conspiranoico que se lanzan contra cualquiera que esgrima los lazos entre Gobierno y empresas, y entre empresas entre sí. "Habría que preguntarse por qué cuesta tanto en este país hablar de tramas que se benefician entre sí para lograr un objetivo de enriquecimiento. A lo largo de la historia reciente ha sido muy evidente la complicidad del poder político y económico. Como el caso de Ángel Acebes. ¿Puede haber sido secretario general del PP y ministro y que no signifique nada que luego sea fichado por Iberdrola?". 

La endogamia entre empresas es igualmente asombrosa. Juste señala lo que llama "áreas de influencia" de las compañías, que se traduce en entidades que comparten al menos un consejero. Así, subraya que en 2013 había tres grandes grupos de empresas sostenidas por los mismos accionistas: las de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales y Corporación Financiera Alba/Banca March (Ebrofoods o Indra y otras cinco); las de Caixabank (Gas Natural, Santander o Repsol y otras tres); y las de la compañía de inversiones BlackRock, un elemento que no estaba presente en 2010 y que hoy participa en once empresas, entre las cuales están Sabadell, Telefónica o Iberdrola. Pero entre esos tres grupos también hay relación. Ferrovial (Blackrocñ) comparte consejeros con Indra o telefónica; Gas Natural, con Telefónica o Repsol; Santander con BBVA o BME... 

La llegada de la crisis, explica, ha introducido cambios en el ecosistema Ibex que se traslucen, por ejemplo, en la presencia de Blackrock como accionista. La llegada de los fondos de inversión extranjeros, sin ser positiva per se, "aumenta la competencia" y supone "una ruptura ahora del compadreo que podría haber antes de la crisis económica, donde todo iba muy bien por la interrelación entre consejos, entre los accionistas, miembros de partidos similares…". A estos nuevos elementos se une "la eliminación del estatus de las cajas de ahorros", que altera el paisaje con fuerza. Pero también por la mayor ingerencia de Europa, "la única institución que ha tratado de restringir las puertas giratorias", sin conseguirlo del todo. 

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Pero la participación de sociedades como Blackrock, señala Juste, plantea otros desafíos: "Por sus características particulares, que aparecen como bancos custodios, hay en ellos una opacidad sobre el propietario final". Esto se traduce en que no están obligados a presentar información sobre los fondos de inversión a los que representan, siempre que no tengan una participación superior al 3% del capital. "Por un lado", dice el sociólogo, "no se sabe de verdad quién controla, pero tampoco se sabe si de verdad está controlando, porque no conocemos si están o no en los consejos de administración". Este es un problema que no es solo local, señala, y que ya está dando que hablar en Estados Unidos. 

Después de apenas unos días en las librerías, a Juste le han salido los primeros críticos a raíz de una publicación en Twitter de Irene Montero, portavoz de Podemos en el Congreso. En ella, la dirigente subrayaba en su ejemplar que "el valor en bolsa de las treinta y cinco empresas que forman el Ibex equivale al 50% de la riqueza del país", pero que estas solo aportan "un 7,5% de todos los ingresos del Estado vía impuestos". Varios economistas, así como directivos de empresas del Ibex, le señalaban que no son baremos comparables —se esgrime el valor bursátil y, defienden, deberían compararse los beneficios— y que el argumento no se sostenía desde el punto de vista económico. "Catalogo esta historia como 'herética' porque no es ortodoxa, ni está centrada en la economía", se defiende el autor, "pero veo que no va a ser un debate fácil. No se habla, por ejemplo, de que la aportación de estas empresas al PIB no se ha estudiado porque no presentan datos". La cuestión acumula más de 400 respuestas en la red social. Y el sociólogo se pregunta "por qué se deslegitima la crítica en lugar de preguntarnos por qué no sabemos lo suficiente".

 

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