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Fantasmas populistas

Publicada el 14/07/2021 a las 06:00 Actualizada el 14/07/2021 a las 20:52

¿Qué nos está pasando? A diferencia de muchos, creo que ni los españoles somos los peores ni nuestros problemas son endémicos. Es más, me cabreo cuando escucho que siempre hemos sido así y que no tenemos remedio. Nos preocupan cuestiones muy semejantes a las que afectan al resto del planeta, porque la globalización unió nuestros destinos, en ocasiones, para mal, como sostienen los teóricos más lúcidos. Hemos inventado el término globalización, en palabras de Galbraith, para unir a las clases dominantes contra los dominados del mundo, en definitiva, para concentrar la riqueza y extender la pobreza.

Lo preocupante es que vivimos democracias frágiles, precarias y amenazadas por riesgos de todo tipo. Hemos perdido la confianza en las instituciones y nos sentimos desprotegidos. La incertidumbre, acrecentada por la pandemia, nos desasosiega. Repasar las noticias diarias nos deja estupefactos. Aumentan las desigualdades sociales, las agresiones sexuales, la pederastia, los crímenes machistas, la esclavitud laboral, el racismo, la extrema derecha, las olas de calor, los incendios, los huracanes, las sequías, los desplazados, la extinción de especies, los virus devastadores, las epidemias aterradoras … La inseguridad provoca un profundo malestar y tenemos miedo a los asuntos cotidianos más básicos: perder el trabajo, arruinarnos, ser víctimas de un desahucio, quedarnos sin pensiones… Frente a los temores, unas personas se vuelven dóciles y manejables y otras, sin embargo, violentas.

La consecuencia más peligrosa de tanto desconcierto es pensar que las cosas no tienen arreglo, porque cuando la gente se desespera tiende a buscar salidas irracionales. Sobran ejemplos en la historia de cómo el miedo y el odio derivan hacia posiciones integristas, irracionales y populistas. Las sociedades atemorizadas caen en la tentación de buscar un salvador. Es aquí cuando aparecen los líderes autoritarios que intentan captar lo que a la gente le consuela y ofrecen ideas simples, símbolos, lemas, banderas, emociones dirigidas a cerebros atenazados por el miedo y la incertidumbre. El populismo aprovecha cualquier resquicio para socavar la democracia representativa y va colando la idea de que la libertad está sobrevalorada para lograr una “regresión constitucional” (término acuñado por Levitsky y Ziblatt, en Cómo mueren las democracias) sin que la ciudadanía se dé cuenta de que la democracia y el Estado de derecho están siendo desmantelados. Y donde no hay libertades, tampoco hay posibilidad de defensa frente a las injusticias. Lo malo es que no somos conscientes de que existen riesgos que ponen en peligro nuestra coexistencia pacífica. Es lo que José Antonio Marina llama, con gran acierto, síndrome de inmunodeficiencia social, es decir, la incapacidad para reconocer elementos patógenos y crear anticuerpos contra ellos.

Patológicos son los debates en los que se utilizan palabras de trazo grueso, tan reiteradas como tarados, trogloditas, fascistas o miserables frente a comunistas y terroristas. Twitter rezuma odio y con la polémica del chuletón ha llegado al paroxismo. Contra un actor que se confiesa vegano, embiste una legión de machos alfa con el eslogan: “Los rojos y maricones comen soja pero que no obliguen a otros”. Este es el nivel de la basura digital. La carne roja se mezcla con la defensa de las tradiciones de la cultura occidental para frenar la deriva progre-globalista de la Unión Europea.

Patológico es que, en medio de este barullo ideológico, al grito de “Viva Hungría”, crece el apoyo irracional a la “democracia autoritaria” de Viktor Orban, cuya última proeza ha sido la de imponer su ley homófoba, a pesar de la condena de la Unión Europea. El Gobierno húngaro, por seguir con el ejemplo, defiende que la ley anti LGTBI ha sido impulsada para proteger a los niños de la propaganda en favor de la homosexualidad. Y con esa premisa ya ha impuesto multas a los transgresores de su nueva ley; la primera a una editorial por vender un libro infantil sobre familias homoparentales. Como era de esperar, los artífices del autoritarismo no admiten que sus medidas sean regresivas y se cargan de disculpas absurdas para justificarlas.

Patológico es que en determinados foros me miren mal por declararme socialdemócrata. Lo resumo en promover políticas que reduzcan la desigualdad y la pobreza, defiendan la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, servicios públicos para grupos desfavorecidos, defiendan la educación y la sanidad pública y universal, una fiscalidad como factor de redistribución y el absoluto respeto a la legalidad democrática. Me dicen que mi socialdemocracia está obsoleta, y respondo que no tanto como la tradicional lucha de clases, que ha quedado reducida a una exigua minoría de hipermillonarios frente a una abrumadora mayoría de ciudadanos empobrecidos, que ni siquiera luchan contra ellos.

Patológico es que te obliguen a tomar partido o, más bien, a elegir trinchera, como si estuviéramos en guerra, donde no hay adversarios, sino enemigos. La equidistancia no es posible en pleno conflicto; es una palabra prohibida por los fanáticos de ambos bandos. Se confunde la templanza con la tibieza y el consenso con la rendición y el miedo al compromiso. No te dejan vivir en paz.

Patológico, por último, es que la derecha considere que la izquierda le usurpa el poder y para recuperar lo que es suyo, no duda en hacer una oposición monotemática, cuyo empeño prioritario y casi único sea derribar al Gobierno. No hay duda de que Sánchez ambiciona permanecer en la Moncloa, no sé a qué precio, pero no tiene tantas ganas ni, sobre todo, tantas prisas como Casado por llegar a ella, porque sabe que, quizá, sea su única oportunidad. Y parece que en el PP están dispuestos a defender lo insostenible y aliarse con cualquiera con tal de alcanzar su objetivo. El peligro de hacer esta oposición de brocha gorda y derribo es que pueden romperse demasiadas cosas por el camino.

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Nativel Preciado es periodista, analista política y autora de más de veinte ensayos y novelas, galardonadas con algunos de los principales premios literarios

 

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11 Comentarios
  • MIglesias MIglesias 15/07/21 00:17

    Excelente como siempre. Desde que la neolengua consiguió que la objetividad fuera equidistancia, la objetividad está muy mal vista.

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  • Lunilla Lunilla 14/07/21 23:45

    "¡Divina Ciencia! Nativel Preciado! "La Revoluciòn de el Dialectica" NO tenemos mas armasque la inteligencia; Ni mas sistemas que el de la Sabiduria; La Nueva Cultura sera Sintetica, yconn las bases de la Revoluciòn de la Dialectica; Esta Obra es inminenetemente practica; Esencialmente ètica,y 'profundamente'- Dialectica, Filosofica y Cientifica'- ; "Si se rien del Libro'- si nos critican , si nos insultan; ¿ Que importa a la Ciencia. ¡) ¡Y que a nosotros! ?; ¡Puesto que el que rie de lo que desconoce! "Esta, en camino de sr Idiota"! "Aquí en este tratado al campo, de batalla'- como un Leòn terrible'- para desenmascarar'- A los tiranos'- Ante el veredicto'-solemne'- de la concienca Pùblica'- Saludos Cordiales: El DIablo Cojuelo; Dixit; (23,45 h. p/m )

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  • Copito Copito 14/07/21 18:10

    Gracias por este brillante y clarividente artículo. Tomo nota de los autores que mencionas.

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  • Cuatro Puertas Cuatro Puertas 14/07/21 13:53

    Es que los de la autodenominada "somos la izquierda" cuando están en el poder, casi no se diferencia de la derecha y, cuando tiene socias de la verdadera izquierda, procura ningunearla que da gusto verlo.... Así nos va. ¡Ah! y cuando se puede votar a la auténtica izquierda, me quedo en casa muy a gustito, luego a quejarme...

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  • senenoa senenoa 14/07/21 12:37

    No son fantasmas Nativel. Son de carne y hueso, y lo han sido siempre.
    Efectivamente, la globalización ha traído consigo la guerra que actualmente se libra a escala mundial y que no es otra que la de los ricos contra los pobres. Y la van ganando ellos, los ricos; sobre todo porque la inmensa mayoría de los pobres no somos conscientes de que esa guerra existe.
    Y ¿Cuál es la primera línea de ataque en esta cruenta guerra global? Los políticos de la derecha, que son los que defienden sus intereses. En España, en Europa y en el mundo entero. Y los que tenemos una edad, memoria e información, constatamos que son ellos los que, con diferencia, van ganando y las izquierdas van replegándose en sus reivindicaciones o pasándose, descaradamente, a su bando y ejerciendo de quinta columna.
    La única solución de futuro está en una educación pública y laica (las iglesias también están de su parte, al menos la Católica) que traiga consigo un voto consciente y mayoritario a la izquierda real. Estas son nuestras armas; las demás las tienen ellos.

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  • Fernandos Fernandos 14/07/21 10:59

    Gracias Nativel por escribir en este medio, me gustaria verte en otros medios mas populares, porque aportarias sapiencia y moderación, además de informar y contar las cosas claras.

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  • MASEGOSO MASEGOSO 14/07/21 09:31

    ¿Socialdemócrata?
    ¿Desde Arriba a ABC?
    Equidistante quizá pero poco más. 
    Sólo hay que escucharla en La Noche de la Sexta o Al Rojo Vivo.
    Ser equidistante es, a mi juicio, verlas pasar.
    Con sinceridad estimo que, a tenor de la idea que los socios tenemos de  infoLibre, no está en consonancia con to que expresa en los platós de TV.

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  • yokin yokin 14/07/21 09:09

    Muy acertado su artículo cin el que coincido en todo menos en, si he entendido bien, en lo de la equidistancia, creo que no se puede ser equidistante ante la injusticia, y que cada vez los ricos lo sean más y los pobres más pobres, a mí me parece injusto y no puedo ser equidistante, por lo demás, encantado con su artículo. Buen día a todos.

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  • MOE MOE 14/07/21 05:48

    Pues sí, en ésas estamos. Unos más encantados que otros con la situación, pero, colectivamente, en regresión. Menos mal que aún quedan voces de personas capaces de ver el bosque más allá de los árboles aislados. ¡Gracias por el artículo, Sra. Preciado!

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  • Teodoro Teodoro 14/07/21 05:39

    Lúcido,sólido,armónico, !! Que bien ,que artículo más extraordinario !! Gracias Nativel.

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