Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Ideas Propias

El vaciado del independentismo

Publicada el 03/10/2021 a las 06:00

Convendría que los árboles del alboroto provocado hace unos días por la detención/retención de Carles Puigdemont en Cerdeña no nos impidieran ver el bosque de la evolución del clima político en Cataluña. Soy de los que piensan que, se resuelva como se resuelva el embrollo judicial en el que anda metido el expresident huido, el rumbo del trasatlántico de la sociedad catalana no se va a ver modificado en lo sustancial, por más ruido que algunos, de forma por completo previsible, se empeñen en organizar en la cubierta (¿o es que alguien esperaba otra cosa que la sobreactuada indignación del govern de Pere Aragonès, incluido el apresurado viaje de este a L´Alguer, muy a lo Torra?). El peso político de Puigdemont es decididamente declinante, como las encuestas se encargan de certificar de manera inmisericorde, y esa tendencia no variaría ni en el supuesto improbable, aunque sin duda anhelado por muchos de uno y otro lado de que fuera extraditado y juzgado en España en los próximos meses. Por la sencilla razón de que habría un día después de todo ello, y en ese momento resultaría evidente que un Puigdemont circulando libremente por las calles de Cataluña (fuera por indulto, fuera por cumplimiento de la pena) desinflaría de manera definitiva el globo que siempre fue, dejándolo sin gota de aire.

De ahí que convenga, precisamente ahora, poner esas luces largas de las que tanto se habla en los últimos tiempos como una necesidad tan perentoria como inusual. Al hacerlo, percibimos dimensiones de lo real que los análisis cortoplacistas se muestran incapaces de iluminar pero que resulta ineludible rescatar de la penumbra. De hecho, algunos recordarán que, hace unos años, la idea de la independencia de Cataluña generaba, además de un cierto temor entre los contrarios a ella, una considerable inquietud entre quienes, con el correr de los años, terminarían por abrazarse a la misma con auténtico entusiasmo. Por aquel entonces (en 1999, para ser algo precisos) un partido que expresamente se denominaba Partit per la Independència, liderado por Àngel Colom y Pilar Rahola, obtenía, en las elecciones municipales y al Parlamento Europeo a las que concurrió, un exiguo 0,44% y 0,41% respectivamente. E incluso, ya más cerca de nosotros, también se recordará la temerosa cautela con la que el propio Artur Mas, a la sazón president de la Generalitat, evitaba, en los primeros compases del procés que él mismo había puesto en marcha, definirse de manera expresa como independentista, acogiéndose a todo tipo de circunloquios y evasivas (de hecho, incluso llegó a afirmar que la independencia era “un concepto anticuado y un poco oxidado”).

Hoy, en cambio, no dudan en definirse así gran parte de las mismas personas de orden que antaño rechazaban, incluso con escándalo, que pudiera aplicárseles el rótulo de separatistas. Las cosas, sin duda, han cambiado. Aunque tal vez fuera mejor decir que no han dejado de cambiar. Porque las informaciones que constantemente nos llegan acerca del pensar y el sentir de los catalanes parecen indicar que la reivindicación de un Estado propio está lejos de constituir la estación término del proceso que sus élites pusieron en marcha en 2012.

Veamos algunos datos, sin duda significativos, que últimamente se han hecho públicos al respecto. Solo un 23% (y bajando) de catalanes se siente exclusivamente catalán. El resto se siente, en distintas proporciones, también español. En Barcelona, el 62% (y subiendo) de los jóvenes tiene el castellano como lengua habitual. Sólo el 9% de los catalanes avala el modelo de inmersión lingüística que supone una enseñanza exclusivamente en catalán, mientras que el 64% es partidario de un sistema trilingüe con castellano, catalán e inglés y el 21% prefiere un aprendizaje bilingüe en el que el castellano y el catalán se impartan en una proporción similar. Y, para no alargar la relación, dos caras de la misma moneda: de un lado, únicamente el 25% de los votantes de JxCat y la CUP, y el 13% de los de Esquerra, se muestran convencidos de que al final del proceso soberanista aguarda la independencia y, del otro, el 75% de los catalanes cree que el procés ha sido un fracaso.

Si ponemos en relación todo esto con el dato, de signo contrario en apariencia pero en cualquier caso absolutamente contundente, de la extraordinaria fidelidad del votante independentista, dispuesto a continuar apoyando a su formación preferida por más incumplimientos y fracasos que pueda acumular, el resultado es ciertamente paradójico. Porque, a este paso, no hay que descartar que terminara ocurriendo exagerando apenas un poco el trazo que se pudiera ser independentista sin que ello entrara en contradicción alguna con hablar castellano todo el tiempo, sentirse español por dos o más de los cuatro costados, estar en contra de la inmersión lingüística o no confiar en absoluto en que la independencia se alcance algún día. Convencimientos todos ellos, por lo que estamos viendo, crecientemente generalizados en Cataluña.

De aquí a pensar que la idea de la independencia tal vez sea para algunos una idea hermosa pero que en todo caso ni siquiera conviene que se materialice, no hay más que un paso. Paso que, por cierto, ya dio el que fuera presidente del Barça entre 2010 y 2014, Sandro Rosell, cuando declaró en una entrevista que el día en que se celebrara un referéndum para la independencia de Cataluña él votaría que sí y, en caso de que triunfara esa opción, al día siguiente abandonaría el nuevo Estado independiente. Nos encontraríamos de esta manera ante un auténtico vaciado del independentismo, del que solo se mantendría la cáscara formal de la reivindicación (y, por tanto, el voto) pero se habría abandonado el contenido.

Sin embargo, por paradójica que pueda parecer semejante desembocadura, no se ha llegado a ella por casualidad sino como resultado, poco menos que inevitable, de una serie de premisas laboriosamente trabajadas. Así, aunque en los últimos años (para ser más precisos, a partir del giro estratégico planteado en su momento por Carod Rovira en ERC) un importante sector del independentismo se esfuerza por abominar del nacionalismo y de cualquier elemento que presente resonancias identitarias, lo cierto es que el recurso a la dimensión emotiva nunca ha dejado de estar presente en la esfera pública catalana, incluso reivindicada por quienes, sobre el papel, poco tenían que ver con tales planteamientos (no tuvo su mejor día aquel president no nacionalista de la Generalitat que llegó a afirmar, con desafortunada frase, que "no hay tribunal que pueda juzgar nuestros sentimientos”).

La patrimonialización del sentiment por parte del nacionalismo durante las décadas en las que han ocupado posiciones de poder cultural y mediático ha terminado por propiciar la percepción de la política que ahora resulta hegemónica en Cataluña y que explica tanto la fidelidad numantina (a prueba de fracasos e incumplimientos, por más desmesurado que pueda ser el tamaño) del votante soberanista como su desconfianza respecto a la materialización efectiva de sus objetivos últimos. Probablemente constituya un error de análisis interpretar tales actitudes en clave de mero fanatismo político, puesto que, de haberlo, se trataría de un fanatismo muy peculiar, perfectamente compatible con un férreo principio de realidad (que es el que, en la anécdota antes mencionada, le haría tomar las de Villadiego a Sandro Rosell en el caso de que ganaran los suyos).

El fondo de la cuestión es que el nacionalismo ha terminado por propiciar el generalizado convencimiento de que la esfera de la política no está para resolver problemas sino para expresar adhesiones. He aquí un convencimiento del que participan incluso aquellos que dicen rechazarlo por encontrarse más allá de los planteamientos identitarios pero que luego, a la hora de la verdad, cuando les toca negociar políticamente la salida del conflicto catalán, no consideran prioritario resolver los problemas concretos de sus conciudadanos, desdeñando la tarea con los más diversos motivos (por ejemplo, el de que eso equivale a limitarse a la gestión de la autonomía), y, una y otra vez, regresan a un horizonte utópico-estético de tan probada eficacia movilizadora como imposible cumplimiento. No hay que excluir, por supuesto, que parte de esta actitud responda a motivaciones decididamente profanas. En efecto, ¿qué futuro le aguardaría a un planteamiento político que considerara inexcusable un Estado propio para resolver los problemas más importantes de los ciudadanos de esa comunidad si luego resultara que aquellos se pueden resolver efectivamente con un uso adecuado de los medios ya disponibles?

Curioso el viaje doctrinal de los nacionalistas, que en Cataluña se pasaron décadas afirmando que en realidad todo el mundo era nacionalista, incluidos quienes rechazaban la etiqueta (su razonamiento habitual proseguía sosteniendo que estos últimos eran también, sin saberlo, nacionalistas, solo que de otra nación, España), para pasar ahora buena parte de ellos a afirmar, al igual que oh, sarcasmos de la historia hacían sus adversarios de antaño, que se puede no serlo, y para muestra un botón (ellos mismos). Lógicamente, el nuevo planteamiento hace decaer al anterior en todos sus extremos, incluido el que cumplía la función de devolver a los críticos sus reproches. Porque si se puede estar a favor de la independencia de Cataluña sin ser nacionalista catalán, por el mismo razonamiento se habrá de poder estar en contra de dicha independencia sin por ello verse acusado automáticamente de ser un sospechoso nacionalista español.

He aquí, a fin de cuentas, lo peor de vaciar de contenido a la política, convirtiéndola en una papilla sentimental: los medios se convierten en fines y los fines, en última instancia, terminan por no desearlos ni quienes los proponían. Quizá, en efecto, el independentismo esté deviniendo mágico a marchas forzadas, pero no en el sentido que algunos suelen decir (porque su aspiración última vaya a materializarse por arte de magia). Es mágico porque incluso aquellos a los que les agrada la prestidigitación saben que tiene truco.

______________________

Manuel Cruz es filósofo y expresidente del Senado. Acaba de publicar el libro 'Democracia: la última utopía' (Espasa).

Publicamos este artículo en abierto gracias a los socios y socias de infoLibre. Sin su apoyo, nuestro proyecto no existiría. Hazte con tu suscripción o regala una haciendo click aquí. La información y el análisis que recibes dependen de ti.

 

Más contenidos sobre este tema




29 Comentarios
  • Andrew Andrew 04/10/21 13:45

    Muy buen articulo. Mala cosa la de mezclar sentimiento y raciocinio. Los sentimientos son fáciles de moldear y si no que se lo pregunten a las diversas religiones. Lo que si es asegurado, es que esos sentimientos algún día chocaran con el raciocinio de la convivencia. Me quedo con la ultima frase "Es mágico porque incluso aquellos a los que les agrada la prestidigitación saben que tiene truco".

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • bidebi bidebi 03/10/21 18:42

    Claro que hay desánimo en la mayoría de catalanes por no haber logrado lo deseado.
    Pero aún así la mayoría absoluta de su parlamento democrático es soberanista y gobiernan los independentistas. Cosa que obviamente el filósofo de pacotilla no cita.
    Y tienen desánimo porque la brutalidad de la represión española se lo ha impedido. Cosa que el filósofo de pacotilla no cita, porque no le interesa para su chapuza dialéctica. El desánimo para él debe de ser producto de que España está venciendo y los que eran soberanistas ahora son españolistas. ¿Se puede ser más gilipollas?.

    Y por último, cabeza dura. Claro que se puede ser independentista y no ser nacionalista.
    Los casos son miles. Por un hecho evidente, por sentirse parte de un colectivo que está siendo vapuleado, con altas dosis de violencia, por un españolismo muy violento y absolutamente fanatizado en su idea de una única patria obligatoria.
    Cuando ustedes aprendan algo de lo que es la democracia, aprendan que es imposible obligar a alguien a ser lo que no quiere ser, entonces y solo entonces serán respetados por otros pueblos. Mientras tanto solo resultan chulos supremacistas.
    Y así la partida la tienen perdida y lo saben, por eso estos exabruptos emocionales después de la última derrota en los países democráticos. Aparquen el franquismo de una vez y seguro que habrá solución para una convivencia en libertad.

    Responder

    Denunciar comentario

    11

    9

  • bidebi bidebi 03/10/21 18:37

    Cuánta babosidad suelta este baboso de Cruz, filósofo según firma, ¡manda huevos!, intérprete de la realidad. Mejor de droguero.
    Es probable que suelte tanta baba emocional con motivo del nuevo ridículo de la “justicia” española en Europa. Compensación emocional.
    O quizás le dio tiempo de saber que un destacado miembro de su partido podrido se pasa a la alta dirección de una de las empresas saqueadores de los españoles, siguiendo el rastro de otros destacados “socialistas” a la española. La próxima seguro que el filosofo de lo español nos habla de un tal Carmona el marxista.
    Si los catalanes leyeran esto, cosa muy improbable, y a los españolistas que también compensan sus emociones por aquí, me parece que objetivamente tendrían sólidos argumentos para declararse independentistas de tanta mugre.

    Y es que hay que tener poca vergüenza o ninguna para el baboso artículo del Cruz.
    Basa todo él en dos “argumentos” : las encuestas y los políticos catalanes.
    Es decir, desde el españolismo beligerante, aquél que prohíbe una consulta democrática en Catalunya, se acude a las encuestas manipulables para basar el supuesto sentir catalán. Primero prohíbo una encuesta oficial, después mando a una agencia amiga que consulte a unos miles de catalanes sobre su sentir y por últimos determino lo que piensan los catalanes si necesidad de consultas. ¿Se puede ser más trilero, más sinvergüenza?.

    También hay que tener poca vergüenza o ninguna para descalificar a los políticos catalanes desde España y sus políticos. Es que es de carcajada.
    Repasar el listado de políticos españoles durante los últimos cuarenta años y su hacer, con el jefe del Estado a la cabeza, no puede ser el mejor ejemplo para criticar a otros políticos. Un poquito de vergüenza torera, por favor. O un poquito de dignidad, por favor. Desde una España con una corrupción generalizada en decenios, resulta que tienen el cuajo de poner a parir al enemigo. ¿Pero ustedes tienen conciencia de su ser?.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    12

    7

    • Arkiloco Arkiloco 03/10/21 18:51

      Faltaba el gemelo de los que golpean dos veces o con babas al rescate. Que prodigios se nos ha otorgado contemplar pero "cap dels prodigis
      que anunciaven taumaturgs insignes" que cantaba Llach.

      Responder

      Denunciar comentario

      8

      5

  • Orbegozo Orbegozo 03/10/21 17:11

    EL FILOSOFO "MATACATALANES".
    ya ha conseguido lo que buscaba.
    que "los 200 hormonados de Chueca" salgan por aquí, a gritar "España libre de sidosos catalanes".

    la semana que viene, otro articulito del filosofo pacifista.
    y así hasta que consiga desahogar su odio.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 2 Respuestas

    10

    7

    • Pepa Rosado Pepa Rosado 03/10/21 17:24

      Pedazo de comentario, propio de una digestión pesada, ha probado usted a dar un paseo, tomar un "almax" o simplemente dejar pasar el articulo teniendo en cuenta que ya pasó por aquí hace unas horas, cuídese! que estar todo el día con estos barruntos no le traerá nada bueno.

      Responder

      Denunciar comentario

      9

      6

    • Arkiloco Arkiloco 03/10/21 17:21

      Pobrecillo ¿no encuentras alguna ONG o Sociedad Protectora de Plantas, Moluscos y Catalanes por horas que te acoja?

      Responder

      Denunciar comentario

      10

      6

  • jorgeplaza jorgeplaza 03/10/21 14:32

    Como Basanta, aunque con otros argumentos, afirmo que el referendo de autodeterminación es tramposo por naturaleza aunque parezco lo contrario. Empezando por la circunscripción: ¿La actual CA de Cataluña? ¿Por qué no "Els països catalans" completos, incluyendo Valencia, Baleares y L'Alguer? ¿O por qué no cuatro circunscripciones, una por provincia? ¿Qué tal una por municipio? Las preguntas no son vanas porque nadie puede explicar por qué si una mayoría de votantes españoles no vale para mantener a Cataluña en España (eso es lo que supone implícitamente el referendo) sí vale en cambio una mayoría de votantes catalanes para mantener a la fuerza a la ciudad de Barcelona, Hospitalet, Cornellá o Badalona en una Cataluña independiente aunque el voto en esos municipios resultara contrario a la independencia; o, al revés, para mantener a Vic o Gerona en España si el voto allí es mayoritariamente separatista. La siguiente trampa es la mayoría exigible: ¿50% más uno de los votos emitidos? ¿Del censo electoral? ¿O habría que subir a dos tercios? Y los plazos: si el referendo resulta contrario a la separación, ¿se repetirá? ¿Cuándo? Incluso respecto el territorio en liza. Supongamos que el 55% de los votos son favorables a la independencia: ¿Por qué no repartir el territorio catalán dando un 55% a los separatistas y permaneciendo el 45% restante en España? Pero entonces, ¿qué parte se queda cada cuál? He hablado de 55-45, pero el reparto podría hacerse con cualquier proporción de votantes de cada lado.

    Los que favorecen el referendo pasan siempre por alto todos esos "pequeños detalles". Me refiero no solo a los separatistas confesos, sino a bastantes comentaritas de este periódico o a colaboradores como Sánchez-Cuenca, por ejemplo. En el caso de los "amateurs" cabe darles el beneficio de la duda, pero no cuando hablamos de profesionales como S-C, que tiene que saber forzosamente que llevar a cabo el referendo, fueran cuales fueran las reglas y el resultado, no haría más que agravar el problema. Ya vemos qué está pasando en Escocia, si alguien tiene alguna duda.

    ¿Cuál es la solución? NInguna. Es un problema sin solución, como tantos otros, con el que hay que ir tirando.

    Responder

    Denunciar comentario

    10

    7

  • Antonio LCL Antonio LCL 03/10/21 11:09

    Interesante análisis de una realidad que sigue dando bandazos sin dirección clara, porque cada cual empuja hacia donde le place, sin darse cuenta de que el juego puede terminar siendo muy peligroso, como lo viene siendo de forma periódica. Así llevamos unos cuantos siglos. Cambio de Constitución y acción política clara, sin mentiras ni trampas. Libertad para todo, incluso para un referéndum garantista, organizado con la ley en la mano y sin miedo.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    1

    12

    • Antonio Basanta Antonio Basanta 03/10/21 12:40

      Es impsoible un referendum garantista de autodeterminación. Por lo menos sin un tremendo conflicto civil o una guerra. El referendum de autodeterminación (es decir hacerlo) ya es el triunfo del secesionismo-separatismo-independentismo). Por eso es tramposo. Significa que la soberania del pueblo español no existe, que la soberania es de los convocantes del referendum y no del pueblo español y se habría transferido esa soberania a los ciudadanols catalanes tanto a los que quieren ese refeerendum como a la otra mitad de catalanes que no lo quieren, ni lo aceptan porque siguen defendiendo la Constitución y la democracia que dictamina que la soberania pertence al pueblo español y como parte de ello los ciudadanos catalanes. Si usted divide o parcela, de manera totalitaria, la soberania del pueblo español en parcelas autonomicas o municipales esta cometiendo un delito de antidemocracia. Por eso es imposible que un referendum de autodeterminacion sea democratico. Sería una imposición de los catalanes secesionistas hacia los catalono-españoles-europeos. Ese referendum no se puede hacer con la ley en la mano, con ninguna ley democratica. Ese referendum no soluciona ningun conflicto porque ese referendum es el conflicto llevado a su máxima gravedad.
      En cuanto al cambio de Constitución no se puede hacer al capricho de unos pocos sino porque se encuentra un consenso de 2/3 de los representantes del pueblo y luego un consenso entre españoles parecido al consenso de la Constitución de 1978, de el 90% de los españoles y entre ellos el 91% de los catalanes. Las Constituciones deben ser consnsuadas por amplisimas mayorias. Las Constituciones que no lo son como en el siglo XIX en España son fuentes de conflictos y de guerras. Las Constituciones de parte, de mayorias que pueden cambiar cada 4 años son un verdadero arma de destrucción masiva.

      Responder

      Denunciar comentario

      9

      8

  • Nadie49 Nadie49 03/10/21 10:24

    Cuarta continuación, y fin.
    Y son peligrosos no sólo por despreciar o ahogar la legitimidad de las aspiraciones de los independentistas, sino, también, por despreciar, con igual encono, la legitimidad de las aspiraciones de aquellos ciudadanos que siendo o no independentistas, viviendo o no en Catalunya o Cataluña, no están de acuerdo con el uso como espada flamígera de la Constitución como si se tratara de las tablas de la ley entregadas por Dios a Moises y hacer de la Constitución un castillo medieval en el que solamente caben los suyos.
    Las convocatorias electorales no solamente deben ser libres, sino que, también, deben ser eficaces para dirimir las cuestiones que afectan a la sociedad. Y esto solamente es posible si, cualquiera que sea el resultado, este, sea aceptado por los votantes. Los defensores del castillo medieval nunca aceptarán los resultados que asalten sus colmenas, pero no tendrán otro remedio que verse en minoría y rendirse, si los nacionalistas de la patria chica son capaces de entender e incluir los legítimos derechos de todos los ciudadanos que no habitan en el castillo medieval.
    Los ensueños de las patrias, grandes o chicas, distorsionan la historia real de ambas. Las democracias son eficaces instrumentos de convivencia cuando se atiende con inteligencia y dignidad a la historia real, que no por no gustarnos es la que condiciona las opciones de convivencia en un momento concreto.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    6

  • Nadie49 Nadie49 03/10/21 10:22

    tercera parte.
    El peso de la historia real de este Estado es que hubo una guerra civil y que el vencedor fue el brazo armado de una dictadura que no murió con el dictador, como lo evidencian los miembros de la recua y sus votantes, engañados o no. Pero también lo evidencia el olvido por parte de muchos de los que perdieron la contienda de que esa derrota no puede revertirse con reclamos similares a los anteriores a la contienda como si nada hubiera sucedido desde el año 1931 al día de hoy.
    De momento ni los nacionalistas de la patria chica encabezados por Puigdemont ni los nacionalistas de la patria grande encabezados por Mr. Asnar asumen la historia real, que incluye:
    - Las aspiraciones independentistas de unos. Estos hablan de democracia y hablan de autodeterminación y de referéndum democrático, pero se olvidan de los hipócritas ensalzadores de la Constitución y, también, marginan a los ciudadanos que permanecen atónitos ante un enfrentamiento entre partes que los excluyen, bien por no ser independentistas o bien por no estar de acuerdo con el uso de la Constitución como unas tablas de la Ley de Moises. Ciudadanos que ven mermados sus derechos, ya que desde el año 1931 han podido optar a vivir en un territorio u otro, sin otras restricciones y motivaciones, aunque fundamentales, que las económicas.
    - Las aspiraciones de los que ensalzando la Constitución la convierten en una espada vengadora de cualquier alteración de su concepción de la idea de UNA España GRANDE y LIBRE. Sí, son una tropa peligrosa, pero existen. Son reales.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    7

  • Nadie49 Nadie49 03/10/21 10:16

    (continuación)
    Sabe, Sr. Puigdemont, hacen lo mismo que usted porque ponen la bandera por encima de la ciudadanía, y lo hacen porque su ideología es un conjunto vacío de ideas de progreso, libertad y solidaridad. Unos y otros, enfrentan a la Catalunya Independiente, con la España Una, Grande y Libre. No hay otra idea. Unos y otros enfrentan arcadias.
    Ambas partes silencian que dejan intactos el sistema económico y social en manos de quienes lo detentan ahora mismo. ¿Acaso cree que el capital catalanista es más generoso y caritativo que el capital españolista? Si lo cree, usted no merece ser President de la Generalitat, y si no lo cree, es que usted merece la corona de laurel de la Olimpiada Cínica, al igual que los Asnares y su numerosa tropa.
    Solamente el paralelismo de sus eslóganes con las de la tropa, debería ser motivo de reflexión para la ciudadanía catalana, catalanista y no catalanista, y con las del resto del Estado español, españolista o no.

    Como verá , no incluyo en esa reflexión ni a usted, Sr. Puigdemont, ni a los integrantes de la tropa. No porque ese sea mi deseo, sino porque entiendo que las ambiciones que persiguen y los intereses de los que les financian y jalean a ambos, les impiden pensar en la ciudadanía a la vez que les ocultan con su demagogia los caminos que pueden resolver el conflicto territorial de este Estado, que en esencia no es territorial, sino que con ese nombre se esconden meros intereses económicos. Por eso las soluciones, que no nos engañen unos y otros, siempre deberán tener presente la historia real y no la historia de lo que hubiera podido ser o de lo que se mitifica. Los mitos siempre han dado falsas explicaciones de la realidad y han conducido a desastres allí por donde han acampado a sus anchas.
    El peso de la historia real de este Estado es que hubo una guerra civil y que el vencedor fue el brazo armado de una dictadura que no murió con el dictador, como lo evidencian los miembros de la recua y sus votantes, engañados o no. Pero también lo evidencia el olvido por parte de muchos de los que perdieron la contienda de que esa derrota no puede revertirse con reclamos similares a los anteriores a la contienda como si

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    8

  • Pelias Pelias 03/10/21 10:14

    Razonamiento socio-político diáfano que da dolor de tripas a la obcecación sentimental e identitaria

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    5



 
Opinión