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Los diablos azules

Superhéroes con Ñ

  • No resulta sorprendente encontrar tantos y tan buenos autores entre los dibujantes españoles de cómics en la muestra del Museo ABC
  • Cabe preguntarse qué sensación de miedo puede anidar en una sociedad para idear unos justicieros sobrehumanos como única fuerza capaz de velar por sus derechos

Toño Benavides
Publicada el 15/04/2016 a las 06:00 Actualizada el 12/04/2016 a las 14:21
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Ilustración de Rafa Sandoval.

Ilustración de Rafa Sandoval.

Toño Benavides es un ilustrador conocido ante todo por sus trabajos para prensa y el mundo editorial. Pero en sus inicios fue, como tantos otros de sus colegas, dibujante de cómic, una faceta que comenzó a cultivar en el mundo 'fanzinero' y que ha seguido desarrollando hasta títulos como 'El sótano en llamas'. Con motivo de la exposición 'Superhéroes con Ñ' (en el Museo ABC de Madrid hasta el 12 de junio), que recoge el trabajo de distintos autores españoles en una industria eminentemente estadounidense, Benavides vuelve a sumergirse en el género que ha seguido cultivando intensamente como lector. 



No resulta sorprendente encontrar en la muestra Superhéroes con Ñ tantos y tan buenos autores entre los dibujantes españoles de cómics, porque España ha sido siempre un país exportador de talento, aunque tradicionalmente, desde el punto de vista del dirigente interior bruto, todo aquello que atañe a la cultura nunca se ha percibido como un producto para la exportación sino para el exilio; sin mencionar algún que otro impulso de empuñar la pistola declarado en un pasado no tan lejano.


Sin embargo, la figura del superhéroe, ese tipo vestido de trapecista, con los calzoncillos por fuera, marcando paquete y pezones, que parece salido de la pista de un circo instalado en el jardín del manicomio, ha sido siempre un fenómeno sociocultural netamente norteamericano, pese a los notorios antecedentes del Patoruzú argentino de 1928 y el japonés Ogon Bat (Murciélago dorado) aparecido en 1930.


Superhéroes con ñ
En un país donde cualquier indicio de asociacionismo obrero era y es visto como un cáncer social favorable al desarrollo del virus comunista, y en el que los empresarios pagaban bandas de pistoleros para reventar las huelgas, los únicos héroes posibles eran el presidente que acertó con el eslogan, "un pollo en cada olla, un coche en cada garaje" y el mafioso que, al término de la ley seca, encontró en el apoyo a los sindicatos la rampa de acceso a la política en busca de negocios de mayor altura. Cabe preguntarse qué sensación de miedo e indefensión puede anidar entre los miembros más desfavorecidos de una sociedad que se organiza sobre relaciones de fuerza más que de negociación y que se reconoce incapaz de organizarse para luchar contra los diversos leviatanes que acosan al hombre de la calle hasta terminar generando, desde el inconsciente colectivo, una serie de justicieros sobrehumanos como única fuerza emancipadora capaz de velar por sus derechos. Unos valedores altruistas en defensa del inocente que luchan contra cualquier amenaza del lado de la ley, pero al margen de la ley.

En este caldo de cultivo inmediatamente posterior a la crisis del 29, aparecen las primeras publicaciones herederas de los pulp magazines y se considera el personaje de Supermán (1938) como el primer superhéroe de la historia (excepción hecha de los casos mencionados y del Phantom de Lee Falk de 1936) por el enorme éxito de público cosechado que consiguió cimentar la industria del comic book.

A Supermán le siguen Namor, Batman, Antorcha Humana, Flash, Linterna Verde, La Mujer Maravilla, El Capitán América... y un largo etcétera que irá surgiendo a lo largo de diferentes épocas hasta que los personajes, después de pasar por los seriales de televisión, dan el salto a la gran pantalla con todo el apabullante aparato de efectos especiales de que ha hecho gala el cine al presentarnos sus gimnásticas piruetas entre los rascacielos.

Roberto de la Torre
Desde el Supermán de Richard Donner en 1978 hasta la reciente Batman vs. Supermán: El amanecer de la justicia, se han sucedido cerca de medio centenar de adaptaciones cinematográficas; así que no está de más recordar que todo ese alarde estupefaciente de luz y sonido comienza con la silueta a contraluz de un dibujante encorvado sobre su mesa, trabajando a destajo, robándole horas al sueño muy lejos de la ovación del público que asiste al gran espectáculo.

En este sentido debemos destacar la iniciativa del Museo ABC al publicar este Superhéroes con Ñ, catálogo de la exposición comisariada por Julián M. Clemente (editor de Marvel en España), quien ha reunido este nutrido grupo de dibujantes españoles que han desempeñado su labor para las editoriales norteamericanas a la altura de los mejores artistas del género. La nómina es extensa, desde los pioneros Rafael López Espí, José Luis García López o Adolfo Álvarez Buílla, hasta los más recientes, David Lafuente o Jorge Jiménez, pasando por los más singulares o menos ortodoxos como Paco Roca o Pere Olivé. Podemos asomarnos a la cocina del dibujante a través de un amplio muestrario que incluye tanto bocetos como originales. Llama la atención el hecho de que tan solo dos mujeres, Emma Ríos y Natacha Bustos, figuran entre un total de cuarenta y siete dibujantes, lo cual invita a la reflexión sobre esta "ausencia de género" que, sin duda, no se debe precisamente a la falta de talento. De hecho será difícil encontrar un país con más y mejores ilustradoras que el nuestro.

No hemos reparado lo suficiente en lo que supone la iniciativa de haber creado un espacio como el Museo ABC, pensado para albergar el fondo gráfico de la colección ABC y que ha llevado a cabo un sinfín de actividades vinculadas a la promoción del mundo del dibujo y la ilustración desde que comenzó su andadura hace ya cinco años. Esta es una de las mejores ocasiones para visitarlo. Esperamos muchas más.

*Toño Benavides es ilustrador y poeta. Su último libro es 'Gran Sur' (Reino de Cordelia, 2014).  


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