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Los libros

La herencia de la memoria

  • La novela de Tina Vallès reflexiona sobre la importancia de los recuerdos, de la trascendencia que tienen en la construcción de nuestra identidad
  • La memoria del árbol recibió el Premio Anagrama de novela en catalán en enero, y su traducción al castellano acaba de ser publicada por la editorial

Publicada el 14/07/2017 a las 06:00
La memoria del árbol
Tina Vallès
Anagrama
Barcelona
2017
  “No les he dicho que las palabras eran del abuelo, que ahora se las guardo yo.” Estas palabras de Jan, el pequeño protagonista de La memoria del árbol, novela de Tina Vallès (Barcelona, 1976) que recibió el Premio Anagrama de novela en catalán en enero de 2017 y cuya traducción al castellano acaba de ser publicada por la misma editorial, nos conmueven y nos hacen reflexionar, como toda la novela, sobre la importancia de los recuerdos, de su origen, de su transmisión, de la trascendencia que tienen en la construcción de nuestra identidad y en la construcción de la identidad de aquellos a quienes se los regalamos.

La novela está escrita desde el punto de vista, y en la voz narrativa, de Jan, un niño de 10 años que se pregunta si debe alegrarse cuando sus abuelos dejan su casa en el pueblo y se instalan en la suya. Intuye que no es una buena noticia y, a lo largo de la novela, a través de preguntas sin respuesta y a través de respuestas cuyas preguntas no han sido formuladas, va descubriendo una realidad que deberá asumir. Igual que deberá hacerlo Joan, su abuelo, que está perdiendo la memoria. Jan y su abuelo deciden, sin decírselo, coincidir en esa memoria que se desvanece y que, sin embargo, construye.

La sencillez aportada por el punto de vista del protagonista  nos aleja del sentimentalismo y de la dramatización que podría comportar la historia narrada. Una de las citas que abre el libro, “Un niño es un buen sitio para vivir”, de Roberto Piumini, es el preludio de esta idea. Nosotros lectores, igual que el abuelo Joan, nos adentramos en la historia de la mano de Jan, y eso nos posibilita hacerlo de una manera tranquila, cercana e íntima y la ingenuidad de su mirada nos permite una sonrisa cómplice, como las que comparten Jan y su abuelo.

La estructura de la novela también apuesta por la contención de las emociones, una contención que la autora ha afirmado en alguna ocasión toma como modelo la narrativa de Mercè Rodoreda. Construida en once capítulos compuestos de escenas muy breves, a modo de mosaico, entre las que se abren elipsis de forma magistral son capaces de transmitir todas las presencias, los gestos, las palabras y los silencios que configuran la historia que se nos explica. “El abuelo siempre hacía ruido, como los relojes de antes, que nunca dejaban de hacer tictac. Hasta que se estropeaban. Ahora de golpe se queda callado y, si estoy solo con él, me pongo yo a hablar por los dos. Pero si están mamá o la abuela el silencio pesa tanto que tengo que respirar más fuerte para no ahogarme.” La estructura hilvanada a través de  metáforas y juegos lingüísticos que se erigen como hilo conductor de la narración, hace de La memoria del árbol un relato de estilo pausado y convincente que invita al lector a adentrase en esa relación cómplice entre abuelo y nieto, capaz de atravesar la superficialidad y la rutina y vencer la dictadura de lo efímero.

La presencia, o la ausencia, de los árboles, en especial de un sauce llorón, es de vital importancia en la vida de los personajes, en el discurso que juntos construyen. El abuelo Joan, cuyo tiempo se desvanece inexorablemente, necesita explicarse, necesita contar y apoyará su voz en esos árboles que compartirá con su nieto. En las conversaciones con su abuelo, el niño madurará y aprenderá a relacionarse con el mundo. Poco a poco irá encontrando su espacio en la historia y se sabrá heredero de un relato generacional.  “El abuelo es un árbol, he pensado. Y ahora es el sauce llorón herido por el rayo. Y cuando no quede de él ni el tocón me mancharé los dedos de tiza verde para dibujarlo.”

Tina Vallès, autora de los libros de cuentos L'aeroplà del Raval (LaBreu, 2006), Un altre got d'absenta (LaBreu, 2012) y El parèntesi més llarg (Proa, 2013), premio Mercè Rodoreda 2012, y de la novela Maic (Baula, 2011), nos sorprende de nuevo con su capacidad para percibir los pequeños detalles que, a menudo, pueden pasarnos desapercibidos y que, sin embargo, nos conducen a la esencia y nos explican los significados más profundos de la vida.

Es La memoria del árbol una novela memorable que nos habla de la importancia de los recuerdos y de cómo puede ser de trágica su pérdida.  Con su lectura nuestros ojos se llenan de luz como les sucede, según la mirada de su nieto, a los del abuelo Joan cuando se encuentra con los ojos de la abuela.

*Mònica Vidiella es profesora de Literatura.

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