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Club de lectura

Crecer, trepar

  • En su último poemario, García-Teresa toma una perspectiva de clase para denunciar los engranajes del capitalismo desde una actitud vitalista y esperanzada
  • Encontramos un cambio de lenguaje con respecto a su obra anterior, como resultado del desarrollo del 15M y de la represión ejercida por el Gobierno

Abril Gómez de Enterría Publicada 27/04/2018 a las 06:00 Actualizada 26/04/2018 a las 22:16    
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Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.
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El pasado invierno nos reunimos en la librería madrileña Enclave de Libros con Alberto García-Teresa para comentar A pesar del muro, la hiedra. En la tertulia participó también Charo Fierro, editora de Huerga y Fierro. Con ellos pudimos hablar sobre poesía y poesía crítica, recitales, festivales, edición y activismo.


Autor de los poemarios Hay que comerse el mundo a dentelladas, Oxígeno en lata, Peripecias de la Brigada Poética en el reino de los autómatas, Abrazando vértebras y La casa sin ventanas, así como de la colección de microrrelatos Esa dulce sonrisa que te dejan los gusanos  y numerosos relatos, Alberto García-Teresa ha publicado parte de su obra poética en diversas antologías como Marca(da) España. Retrato poético de una sociedad en crisis y en numerosas revistas culturales y políticas como Revista de Letras o Viento Sur (en la que forma parte de la secretaría de redacción de la edición impresa). Es doctor en Filología Hispánica con el interesante ensayo Poesía de la conciencia crítica (1987-2011) y ha publicado un ensayo sobre la obra de Jorge Riechmann y coordinado varias antologías. Además, forma parte de la asamblea editora de Caja de Resistencia. Revista de Poesía Crítica.


A pesar del muro, la hiedra se divide en tres partes. La primera nos habla del muro y de la hiedra que dan título al poemario. La segunda es una emotiva elegía al perro que acompañó al autor durante más de quince años. La tercera es un largo «poema río», de más de quinientos versos, en el que el autor reflexiona sobre nuestro lugar en el mundo y deja una puerta abierta a la esperanza de acometer un cambio revolucionario.

Como sucede con el resto de la obra de García-Teresa, en este poemario encontramos una buena muestra de la poesía de la conciencia crítica actual, que sitúa en el centro el conflicto socioeconómico y político y adopta una perspectiva de clase para denunciar los engranajes del capitalismo desde una actitud vitalista y esperanzada. Con un estilo natural y combativo, pero sin dejar de lado el cuidado del léxico y la estética, Alberto nos habla de lo cotidiano, de las penurias, pero también de las grietas en el muro a través de las cuales podemos intervenir para combatirlas. En la línea de autores como Ana Pérez Cañamares, Gsús Bonilla, Jorge Riechmann o la novel e interesantísima Belén García Nieto, este poemario nos revuelve las entrañas al hacernos dirigir la mirada hacia una realidad que duele; y no lo hace pretendiendo dar una respuesta, sino que nos invita a sembrar con pequeños pero contundentes gestos un mundo nuevo a construir.

La tertulia comenzó con la presentación del autor y de la última obra que ha editado: el ensayo El verso por asalto. Poesía, desobediencia y construcción antagonista, publicada por Tierradenadie. A continuación, Alberto nos habló de Caja de Resistencia. Revista de poesía crítica, la publicación digital semestral de cuya asamblea gestora forma parte, y pidió a las lectoras que se presentaran para conocerse y conocer su relación con la poesía y la poesía crítica. En esta presentación, heterogénea y reveladora, pudimos encontrar semejanzas y diferencias en cuanto a la relación que cada una de nosotras tenemos con la poesía, conocer primeras impresiones sobre el poemario de García-Teresa e introducir algunos de los temas que después abordaríamos en la tertulia. Después, Charo Fierro, nos habló del colectivo de poetas de la conciencia crítica o cercanos a esta, algunos de los cuales como Jose Antonio Labordeta, Mª Ángeles Maeso, María Castrejón, Fernando Arrabal y Leopoldo María Panero cuentan con obra publicada en el catálogo de su editorial.

En esta rueda de presentaciones, Azuzena comentó la dificultad que veía en proponer un poemario para una tertulia literaria, pues entiende que la poesía se lee en ciertos momentos y requiere de una disposición determinada por parte del lector, disposición que choca con la «obligación» de llevar el libro leído al encuentro en un tiempo limitado. Esto dio pie al debate en torno al mayor grado de exigencia que supone la lectura de poesía con respecto a otros géneros literarios. Pino, por su parte, destacó el breve poema de A pesar del muro, la hiedra que dice:
 

Si nos vestimos de nieve,
¿dónde la primavera?

Y si nos abrazamos con hielo,
¿qué alba nos espera?


Las lectoras comentaron la «bofetada» que supone la lectura de este poemario, cómo este «grito con ternura» remueve nuestras conciencias al hablarnos de la colectividad y el abrazo y al emplear con frecuencia la palabra somos; e hicimos hincapié en la crítica al patriarcado y el tratamiento de la mujer que realiza el autor, reforzando su figura, como destacaba Pilar a partir del poema «Siete menos cuarto de la mañana».

Hablamos de su oralidad, de cómo el largo poema río nos invita a recitarlo en voz alta, de su relación con el teatro y de cómo el poemario puede leerse casi como una narración. Alberto nos explicó que la poesía deja un mayor espacio para que entre en él el lector, que puede volver sobre los poemas recuperando imágenes y sensaciones y emocionarse con el juego con el fondo y la forma que permite este género literario. Para García-Teresa, el intento de potenciar la participación activa del lector o la lectora es una motivación política importante que se refleja tanto en sus poemarios como en su colección de microrrelatos. El autor se interesa por un arte que perturbe y estimule, que nos permita intervenir en la poesía como debemos poder intervenir en la realidad asumiendo un rol distinto al de receptores pasivos de programas políticos que simplemente votan (o no) cada cuatro años.

En nuestra conversación pudimos conocer el proceso de escritura de este poemario, que se desarrolló en paralelo con La casa sin ventanas, mientras el autor terminaba su tesis doctoral. Alberto compartió con nosotras sus criterios para seleccionar los textos que componen cada uno de sus poemarios, que siguen una línea común pero que en A pesar del muro, la hiedra le salen más de las entrañas, violenta en mayor medida el lenguaje y construyen un reflejo más evidente de la agresividad cotidiana del capitalismo. Así, en este caso encontramos un cambio de lenguaje con respecto a su obra anterior —Abrazando vértebras—, como resultado del desarrollo del 15M y de la represión ejercida por el Gobierno contra los activistas y manifestantes. El autor nos explicó que trabaja en su obra poética de manera constante, que esta está cohesionada con su estado vital y que siempre hay textos que preluden el libro siguiente; y nos confesó que, a día de hoy, cuando prepara un recital de los versos publicados sigue corrigiendo y cambiando cosas en ellos.

Tratamos también algunos de los conceptos fundamentales del poemario. Alberto nos habló de la utopía, entendida siguiendo a Galeano como un horizonte que se mueve al caminar. Nos explicó que desde el comunismo libertario al que se adscribe no hay respuestas cerradas y, siguiendo al zapatismo, una de las claves es caminar preguntándonos. Como refleja en el libro, García-Teresa desconfía de los programas políticos cerrados y apuesta por la revolución permanente y por la autocrítica, puesto que considera que siempre se puede ir más allá y lo interesante es seguir avanzando. Al hilo de esto, se refirió a El principio esperanza del filósofo alemán Ernst Bloch y citó a Jorge Riechmann cuando dice que para que la puerta se abra tienes que saber que la puerta puede abrirse. Nos habló de las contradicciones que experimenta con respecto al uso de la violencia, pues no quiere ejercerla y trata de construir una sociedad justa a través del lenguaje del amor, de la complicidad y de los abrazos. Ante la pregunta de Óscar, reflexionamos en torno al antimilitarismo y a la utilidad o no de la violencia.

Alberto nos explicó que con su poesía no se dirige a quienes detentan el poder político o económico, sino a sus iguales, a aquellos que quieren pensar de una manera crítica sobre la realidad. Citó entonces a Mª Ángeles Maeso, con quien comparte la idea de que escribimos sobre lo que nos quita el sueño. El autor considera que el poder silenciará la poesía crítica o bien la dejará pasar para oxigenarse, como estrategia para fortalecerse como ya lo ha hecho con numerosos discursos revolucionarios. Además, compartió con nosotras su interés por el cuerpo agredido, que ya estaba presente en Abrazando vértebras y que en su opinión ayuda a que el lector o la lectora empatice con los textos.

Hablamos sobre la edición de poemarios, sobre la decisión de los autores de titular o no sus poemas y de recurrir a elementos formales como el uso de versales que caracteriza tanto a las publicaciones de Huerga y Fierro como a las del propio Alberto. Comentamos también la libertad del poeta a la hora de jugar con los signos de puntuación y cómo esto hace particular la labor del corrector y del maquetista en el proceso de edición. Nos detuvimos en los encabalgamientos y los juegos con la estructura que encontramos en el poema río «El alba se asoma entre los cerrojos», donde el autor construye los versos de una manera no heterodoxa con respecto a las pausas con la intención de darle un ritmo vivo y abrupto, entrecortado, para crear la atmósfera de ruptura que deja el verso roto. Destacó el uso de un único punto en este largo poema, el punto final, y nos explicó que al recitarlo realiza las pausas establecidas por los versos para conservar la oralidad y la rima. Comparó su trabajo deliberado de dirigir la lectura en este poema con otro de Abrazando vértebras donde buscaba la construcción colectiva. Por último, charlamos sobre la dificultad de traducir poesía, especialmente aquella escrita en lenguas muy lejanas al español, un proceso complejo a través del cual se pretende alcanzar un equilibrio entre el respeto al contenido y la conservación de la forma del poema en su lengua original.

Conversamos acerca de la importancia de la oralidad y la rima en la poesía, de su versatilidad al permitirnos disfrutar de ella tanto en una lectura íntima en soledad como cuando es recitada y resulta en una celebración comunitaria en la que el poeta puede mirar a los ojos a quien escucha, así como de los recursos retóricos que ofrecen anclajes y permiten jugar con la música y la sonoridad del lenguaje, como sucede con la poesía fónica de autores como Pedro Verdejo y Jesús Ge. Después hicimos un repaso por buena parte de los festivales, ferias y recitales de poesía que podemos encontrar en el Estado español, a menudo grandes desconocidos para los lectores: Voix Vives en Toledo, Expoesía en Soria, Cosmopoética en Córdoba, Centrifugados en Plasencia y el originario de Moguer y ahora itinerante Voces del Extremo; así como de librerías, bares, centros culturales y teatros de Madrid donde habitualmente se organizan recitales de poesía, de los que elaboramos a partir de nuestras experiencias una larga lista que incluye a Enclave de Libros, Traficantes de sueños, La esquina del Zorro, Aleatorio Bar, Vergüenza Ajena, Café Libertad 8, El dinosaurio todavía estaba allí y Teatro del Barrio, entre otros.

Inés preguntó por el origen y la evolución de la poesía crítica en España. Alberto nos explicó que el movimiento surge en los años ochenta, sus prácticas se consolidan a mediados de los 90 y una década después se recoge una muestra en la publicación Once poetas críticos de la poesía española reciente, coordinada por Enrique Falcón. Nos describió cómo a partir del 15M se produce una nueva oleada en la que la poesía comienza a acompañar procesos de insurrección, rebeldía o al menos contestación, y se da una mayor visibilidad a estos poetas que empiezan a ser convocados para el cierre de muchas manifestaciones y cuya obra comienza a mostrarse en nuevos espacios de publicaciones periódicas políticas y sindicales. Además, llamó nuestra atención acerca de cómo las nuevas tecnologías se han incorporado a la creación poética dando lugar a nuevas formas de poesía visual o a la poesía código, entre otras.

Avanzada la tertulia, nos habló de El verso por asalto, una compilación de ensayos teóricos sobre poesía crítica que es el resultado de dos años de investigación y en la que podemos encontrar las reflexiones del propio García-Teresa junto con las de otras voces del Estado español, EEUU, Hispanoamérica y Rumanía. Además, nos nos explicó sus dificultades para encontrar teoría elaborada en torno a la poesía crítica que se realiza fuera de Occidente, tanto por su menor visibilidad como por las barreras del idioma.

En cuanto a Caja de Resistencia, Alberto nos explicó algunos aspectos tanto de su funcionamiento interno —asambleario y con grupos de trabajo rotativos, coherente con el proyecto—, como de los encuentros que organizan en centros sociales okupados, asociaciones de vecinos, ateneos libertarios y librerías; a la vez que ilustraba la capacidad de esta herramienta para tejer redes entre quienes escriben poesía crítica en muy diversas partes del mundo. Nos contó que fue esta revista la primera —de todo el mundo— que publicó algunos de los poemas de Lynn White o cómo han podido acercarse a la obra de otras poetas como la palestina Suheir Hammad o la siria Rasha Omran. Además, comentó la sorpresa del descubrimiento mutuo entre un grupo de poetas críticos rumanos y el equipo de Caja de Resistencia, cuando ambas partes encontraron que este movimiento poético funciona como tal también fuera de sus fronteras, y llamó nuestra atención sobre lo que imagina que debe estar produciéndose en el resto de países que conforman los PIIGS.

Cuando Marisa le preguntó por la poesía que le interesa, Alberto mencionó el Romancero y a Quevedo, y entre los autores contemporáneos citó a Pedro Salinas y Jorge Guillén, a Ernesto Cardenal, a Juan Ramón Jiménez y Miguel Hernández, a Adrienne Rich y Silvia Plath, a Gioconda Belli, a César Vallejo —cuya lectura profunda, confesó, tiene pendiente—, a Mª Ángeles Maeso y Jorge Riechmann, a Enrique Falcón, a Oliveiro Girondo y Rafael Pérez Estrada, a Mahmud Darwish y a Claes Andersson.

El autor y crítico considera que la poesía es minoritaria en lo comercial y lo explica, por un lado, por el pequeño margen de beneficio que deja la venta de poemarios en relación con la de publicaciones de otros géneros y, por otro, por los prejuicios hacia la poesía que se inculcan en la educación formal a través de la manera en que se presenta el género a los niños en las escuelas; a lo que Charo añadió el problema que supone disponer de un espacio muy limitado para el género en las librerías. Sin embargo, compartió con nosotras sus buenas experiencias al sacar poesía a la calle o a espacios informales como ESLA EKO y Casa del Barrio, donde quienes no son lectores de poesía se sorprenden y disfrutan del descubrimiento que supone este acercamiento.

Nos explicó que como lector de narrativa las tramas ya no le interesan, sino que disfruta de la descripción de mundos, la construcción de los personajes, los planteamientos y las estructuras que utilizan los narradores. De su producción narrativa, como los microrrelatos y relatos que ha ido publicando desde hace más de doce años y que se pueden considerar literatura fantástica, de imaginación y ciencia ficción, nos dijo que le interesa aquello que le liga con la poesía: la capacidad de evocación y el interés en que el lector tome parte activa en su interacción con los textos. Y nos habló de la verosimilitud, de la importancia de la elipsis y del movimiento narrativo, así como de la transformación como elemento clave.

El encuentro terminó con Alberto recitando «Caja de resistencia», uno de los poemas de A pesar del muro, la hiedra, que el autor dedica a la asamblea editora de la revista:
 

Nidos, barricadas, huecos
abiertos, refugios de intemperie,
barreras deslomadas
construimos; abrazos que nos vin-
culan en medio de la destrucción,
de este asedio a la dignidad, a la vida,
a un futuro
sin alambre de espino.
 


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