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Los diablos azules

Regreso a casa

  • María Tena aborda en Nada que no sepas, premio Tusquets de novela, la búsqueda del pasado, de las raíces, para poder comprender el presente
  • Esta obra de autoficción, género tan de moda, y escrita en primera persona, nos acerca a parte de la vida de la autora en el Uruguay de la década de los sesenta

Publicada el 30/11/2018 a las 06:00 Actualizada el 30/11/2018 a las 10:57
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La que fuera finalista del premio Herralde de novela con Tenemos que vernos (2003) y Premio Málaga de novela por El novio chino en el 2016 ha sido la ganadora este año del XIV Premio Tusquets de novela con   Nada que no sepas. Esta es la brillante trayectoria de María Tena (Madrid, 1953), que empezó a publicar de forma tardía y, como ella misma afirma, rompiendo inseguridades y poemas cursis, incentivada en esto de escribir gracias al escritor Luis Landero.

En Nada que no sepas, novela que podría situarse en lo que se llama autoficción —género tan de moda—, escrita además en primera persona, nos acerca a parte de su vida en Uruguay en la década de los sesenta, cuando la burguesía de aquel país todavía era cosmopolita y despreocupada, mucho más que la española de aquella época, llena de caspa, mantillas y censura. Pero también nos cuenta el reverso de la moneda: la necesidad que tenemos todos de reconstruir los secretos de nuestra infancia, que inundan a todas las familias y más en aquellos años. Juega con lo que no se dice, lo que solo forma parte del mundo de los adultos, y el hecho decisivo de querer averiguar por qué se produjo la ruptura, el porqué de la vuelta precipitada a España tras la muerte inesperada de la madre. De nuevo la familia, uno de los grandes temas literarios, sus silencios, sus condicionantes, su estructura hermética que impide saber.

  El jurado que le dio el premio, presidido por Almudena Grandes, destacó la "seductora evocación de la vida cosmopolita, libre y desprejuiciada de un grupo de familias en un lugar insólito, el Uruguay de los años sesenta, en contraste con la estrechez de España en ese tiempo, así como la reflexión sobre la experiencia de la libertad, el sexo y el paso del tiempo de una mujer que vivió como adolescente ese paraíso despreocupado y aparentemente feliz de los adultos". Pero, para mi gusto, también está en esta novela la búsqueda del pasado, de las raíces, para poder comprender el presente; es un canto a la amistad y a los amores míticos de la juventud, ese amor desbordante no realizado con el que hay que ajustar cuentas. Para todos los que hemos tenido una infancia viajera, el principio ya es de una gran belleza emotiva:
 

Yo vengo de un lugar de donde siempre había que irse.



Teníamos una maleta en la escalera, al lado de la puerta o al  fondo del armario. Y aunque no la viésemos, sabíamos que siempre estaba ahí, lista para emprender la marcha.


Y así nos empieza a hablar la protagonista que, en plena crisis matrimonial, con su vida asentada en Madrid, sus hijos emancipados y fuera de casa, decide regresar a aquel Uruguay de donde la sacaron casi en estampida, dispuesta a averiguar lo que pasó, por qué fue una decisión tan drástica y cómo influyó la muerte de su madre en todo aquello.

La novela, a partir de esta premisa, está dedicada a la memoria, lo que recordamos y no sabemos si recordamos o lo hemos inventado, si ha sido adornado por otros que a su vez van contando lo que han vivido o escuchado, y así se va forjando un entramado en el que la protagonista intenta moverse, ir escuchando voces para recomponer el pasado y ajustar cuentas con él y con los padres. Sobre todo con el padre. Pero también, desde su crisis matrimonial, acercándose más a su madre, una mujer que, a pesar de vivir en un ambiente cosmopolita y  abierto, no encaja en el lugar; una mujer con estudios, con una carrera universitaria, abocada a ser ama de casa, con el extrañamiento que todo eso le produce. Pero también hay más: la amistad entre mujeres, las amigas de la infancia que se reencuentran y apoyan a la protagonista en la búsqueda de la verdad. Y se va encontrando también con otra realidad, lo que pasó después en Uruguay,  los tupamaros y la dictadura cívico-militar. Aunque no es el eje de la novela, se entreveran las consecuencias, sobre todo en los amigos jóvenes de aquella época, en las vidas truncadas, en una generación perdida.

Se puede decir que el viaje que emprende la protagonista en busca del pasado es a su vez un viaje iniciático, que le sirve para enfrentarse a los fantasmas y resolver desde otro prisma los problemas que estaba teniendo en el presente. Decide volver tras darse cuenta de que puede acercarse más o menos a la verdad, pero no conocerla del todo. La verdad de los padres siempre se capta, por parte de los hijos, a base de retazos, hilos, comentarios, gestos, o lo que otros cuentan, también tamizado por su propia memoria, lo que se quiere recordar y lo que no, lo que siempre ha de permanecer en el más absoluto de los secretos. Pero esa perspectiva es la que ayuda a avanzar.

María Tena, mujer superadora, de afán landerista, contra viento y marea ha ido construyendo su espacio literario con buena letra, estilo depurado y conciso, donde entrevera lo que hay detrás de cada historia. Algo de eso encontramos también en el libro, en un personaje que es escritor y al que su hijo describe así:
 

Cuando empezaba, en un ejercicio de humildad, dejaba una línea en blanco tras cada línea que escribía para luego añadir las correcciones. Trabajaba como un monje medieval. El primer texto, el que más le costaba, lo escribía en azul con la Montblanc regalo de aquella novia. La primera que lo llamó escritor. El segundo lo hacía con bolígrafo verde, las líneas de esos textos acostándose como prados recién llovidos bajo el cielo azul. Sobre ese paisaje hacía una tercera corrección en lápiz rojo. Sus manuscritos eran extraños palimpsestos, viejos bosques donde no cabía ni un árbol más, pero donde el texto latía, se arrebataba. Establecía así una arqueología de su escritura en la que se podía distinguir cada uno de los estratos…


Toda una declaración de amor hacia la escritura, sobre todo a la escritura manual, artesana. El estilo ágil y sencillo de la narración, algo difícil de conseguir, engancha hasta el final, un capítulo te lleva a otro, la primera parte a la segunda, dejándote atrapar por la historia, por los pensamientos y sentimientos de la protagonista.

Es una novela que puede abarcar a un gran número de público y la recomiendo especialmente a los hombres, porque sé de antemano que las mujeres la van a leer. Merece la pena y puede ser un dulce regalo de Navidad.

*Carmen Peire es escritora. Su último libro, Cuestión de tiempo (Menoscuarto, 2017).

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