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Los libros

Grossman o el nacionalismo humanista

  • Obligado a desplazarse a la zona de la URSS que era Armenia, el escritor ejercita su pluma para contarnos no solo lo que ve, sino también aquello que siente
  • El autor muestra la inquietud política que se instala en el concepto de nacionalismo: “Todo carácter nacional es, en esencia, carácter humano”

Publicada el 03/05/2019 a las 06:00
Que el bien os acompañe
Vasili Grossman
Traducción de Marta Rebón
Galaxia Gutenberg
Barcelona
2019
  Para el lector avisado, el libro de viajes no es solo un mapa de un territorio por el que transitar de la mano de una guía, más o menos literaria, que identifica lugares para el viajero; es, más bien, una estrategia de conocimiento en donde esos mismos lugares, la gente que los habita, activan en nosotros la necesidad de saber, pero también de análisis y de identificación.

Los ejemplos, en la literatura más nuestra, son innumerables. Desde el Viaje en autobús de Pla, pasando por Viaje a la Alcarria de Cela o la prosa exquisita de Azorín, ponen de manifiesto una compleja identificación del escritor con lo visitado, una trascendencia sublime que se convierte en literatura.

En los últimos años de la vida del escritor ruso Vasili Grossman (1905- 1964), el viaje se convierte en un artilugio que sirve para esa trascendencia. Obligado a un desplazamiento a la zona de la URSS que era Armenia para la traducción de un libro de un colega, Grossman ejercita su pluma para contarnos no solo lo que ve, esos grandes iconos que saltan en la visita y que se identifican claramente con el comunismo estalinista, sino también aquello que siente. Ese viaje quedó plasmado en Que el bien os acompañe, editado ahora por Galaxia Gutenberg para el lector español.

En el escritor ruso leemos pasajes que abundan en la idea, magnífica, de una región anclada en un pasado que habita de manera trascendente en sus gentes, una piedra sometida a los grandes cambios del clima y a una soledad definitiva que, con el paso del tiempo, ha dado forma también a un paisaje. En Grossman encontramos edificios estalinistas que trazan calles solitarias, o estatuas reivindicativas que, como colosos, interpelan a la población. O bellezas naturales como el lago Seván y la exquisita comida que proporcionan las truchas de la zona, Dilizhan y su arquitectura azul.

Pero también leemos, en la excelente traducción de Marta Rebón, la base más interesante de su pensamiento. El autor de Vida y destino no podía dejar pasar estas casi últimas afirmaciones de vida (recordemos que el libro se escribió poco antes de su muerte) para mostrarnos la inquietud política que se instala en el concepto de nacionalismo, con frases tan significativas como “lo que constituye el carácter de una nación es la suma de caracteres individuales. Por eso, todo carácter nacional es, en esencia, carácter humano”, abriendo así la idea de que el nacionalismo debe ser humanismo, en el concepto más amplio del término, y cerrando un ciclo de pensamiento que viene de su pérdida de fe en el Estado soviético y en el régimen estalinista.

El Grossman censurado por Jruschov por antisoviético señala que el colorido de una sociedad surge, precisamente, de esa relación entre nacionalidades, de la unión necesaria entre individualidades. Es esa pertinente reivindicación la que cuelga, en mayor o menor medida, de todo el libro; incluso de sus derivaciones más intrascendentes.

El libro atiende también a las singularidades políticas de una zona, la armenia, impelida por una suerte de territorio fronterizo donde ubicar a la población, para descargar su literatura en los éxodos, en el exilio dominante en la zona, los campos de prisioneros y los cuarteles de los soldados. Todo ello traza líneas de análisis, todo ello va marcando la piel de cada uno de los personajes que aparecen en su recorrido. Personajes que actúan desde el ataque, como una característica también humana. “El hombre desafía los pantanos y la vastedad de los océanos, el hielo y las enfermedades, las grandes extensiones boscosas, los hielos perpetuos y, también, el cielo”, nos dice, para hacernos notar cómo la población armenia avanza, día tras día, para hacer de esa tierra un espacio habitable, para reivindicar un coraje necesario para la acción.

Lo que para Grossman iba a ser el castigo de la URSS hacia un escritor que tenía serias dificultades para editar sus libros (publicado ya en tiempos de Gorbachov), lo que iba a ser la humillación de tener que traducir a un colega para su venta masiva en todo el territorio comunista, se convirtió en el último aliento testamentario de un hombre volcado en dar identidad a un pueblo lejos de los resortes del comunismo, empeñado en hacer de su literatura un claro en el bosque que, por fin, hemos tenido la posibilidad de disfrutar.
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Javier Lorenzo Candel es poeta. Su último libro es Apártate del sol (La isla de Siltolá, 2018).

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