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Autoficción

  • Alejandro López Andrada construye un relato extenso de su biografía donde no inventa nada, sino donde transporta sus recuerdos al arte literario
  • Los árboles que huyeron es un libro escrito con amor al campo, que aquí no "huye" sino que dialoga con el autor junto a los pájaros y al paisaje cordobés

Publicada el 07/02/2020 a las 06:00

Los árboles que huyeron
Alejandro López Andrada
Berenice
Córdoba
2019

Con esta cita de Truman Capote comienza esta novela: "Imaginad una mañana de finales de noviembre. Pensad en la cocina de un viejo caserón de pueblo. Una mujer de trasquilado pelo blanco se encuentra de pie junto a la ventana de la cocina… La persona con la que habla soy yo".

Y con esta frase aforística, "Escribir el pasado es cavar sobre el silencio", empieza este libro de memorias, Los árboles que huyeron, de Alejandro López Andrada (Villanueva del Duque, Córdoba, 1957). Tiene una dilatada y prolífica carrera literaria. Es poeta, novelista y crítico literario. Con reconocidos premios. Literatura noble, desnuda y valiente podría ser la definición de este libro autobiográfico en donde los recuerdos no son todos caminos de rosas, es decir, refleja tal cual es la vida. Está estructurado en trece capítulos, cuyos títulos son muy significativos y literarios.

En esta novela la literatura se ha apropiado de la realidad, despojada de toda ficción. Es un relato extenso de su biografía, donde no inventa nada, lo que hace es transportar sus recuerdos, que su escritura, su redacción ha convertido en arte literario. Los pasajes más duros que rememora son el periodo histórico de la Transición española, en donde nos identificamos las personas de su generación. Está escrito con un lenguaje narrativo muy cuidado, y su personaje principal es un narrador omnisciente, tal como suele verse en las novelas. Es un yo que recuerda y cuenta los hechos de ese pasado reciente cargado de luchas y reivindicaciones.

Dice el escritor —y colaborador de Los diablos azules— Pedro M. Domene de este libro: "Restituye el pasado desde una óptica incómoda, aquella donde un niño o un adolescente se inscriben y ofrecen su particular visión de la historia cotidiana. Surgen situaciones de firme compromiso frente a una textualidad dominante y se muestra ese claro lugar de exclusión para el niño, el joven o el incipiente poeta y escritor López Andrada, quien no deja de sentirse otro y un extraño en medio de una caracterizada violencia social, cultural y católica vivida durante ese prolongado franquismo". Con una técnica impresionista, yo añadiría puntillista por los detalles que tiene, Alejandro López Andrada nos acerca sus impresiones personales, sus pasos de este viaje por la vida donde va conformando su identidad y su empeño por mejorar y comprender el mundo.

Es un libro en donde hay pasajes, curiosidades que nos interesan a todos por las narraciones que desarrolla y la Historia de aquellos años sombríos. Tiene un reconocible registro lingüístico, una identidad propia que aparece ya en toda su extensa obra literaria. Con todos estos ingredientes que utiliza en su escritura, podríamos decir que nos acerca al género de la autoficción, utilizando un lenguaje repleto de recursos estilísticos para realzar lo cotidiano. A lo largo del discurso va alterando la cronología de las escenas y secuencias mediante la analepsis. No es sobrio, endulza su lenguaje para el camino de la vida: sombrío, a veces, solitario, y todo dentro de una Arcadia que él crea y recrea.

Los árboles que huyeron es un libro repleto de naturaleza plena, escrito con amor al campo, que aquí no "huye" sino que dialoga con el autor junto a los pájaros y al paisaje cordobés. Ambientado en una atmósfera literaria de recogimiento, de vida retirada, de aquel que habla consigo mismo, con ecos de sus lecturas: Fray Luis, San Juan de la Cruz, Garcilaso o Antonio Machado, entre otros. Esta novela biográfica contiene fragmentos de una vida con un común denominador: la filosofía de la existencia, en donde afloran sus gustos; los silencios, la soledad, el compromiso y la literatura. Llaman la atención las relaciones que establece con las mujeres en este libro, lo salvan de esta biografía semiherida que nos cuenta y canta a la vez. Podría ser un libro de autoayuda donde nos reconocemos, ya que nos traslada a situaciones que pensábamos que nos ocurrían sólo a nosotros y que aquí percibimos como comunes. 

En estos ajustes de cuentas con la historia y con el tiempo es por donde el escritor viaja. Sus confidencias son relatos de búsqueda, monólogos interiores que nos entrega con una dialéctica del yo en su espacio privado y público. El monólogo y el diálogo van de la mano, son memorables las conversacuibes que mantiene con Caballero Bonald o Julio Llamazares, entre otros personajes literarios con los que ha convivido y que enriquecen con sus palabras y pensamientos la novela.

Este es un libro de emociones en donde Alejandro López Andrada aúna la familia, los amigos, el trabajo, la literatura y la naturaleza. Así enhebra todas las historias cercanas que aquí se cuentan, acercándonos a una época y a una realidad importante de la Historia.

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Carmen Canet es crítica literaria. Su último libro es La brisa y la lava (Libros al Albur, 2019)

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